Pidieron 11 años de prisión y reclusión perpetua para los acusados del crimen de Marito Maciel
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAtrás quedaron las dubitativas declaraciones, los timoratos como vacilantes testimonios que acompañaron a lo largo de las extensas jornadas del juicio por el crimen de Marito Maciel. Había llegado el tiempo de las partes. Más precisamente del fiscal Gustavo Morey, el encargado de instruir la compleja causa, de armar el rompecabezas que permita esclarecer, acercarse lo más próximo a la verdad de lo sucedido aquella madrugada del 3 de marzo de hace dos años en las puertas de Sol Disco.
Y al decir del ministerio público lo consiguió. Con estoica paciencia tras el devenir de testigos huidizos, en algunos casos por temor y en otros por quedar desligados del sangriento suceso, el fiscal manifestó su firme convicción de que aquellos dos hombres sentados frente suyo, secundados por sus también laboriosos defensores oficiales, fueron responsables del asesinato de Marito. No sin dejar de mencionar sus sospechas de que hubo más complicidades por encubrimiento o misma participación que merecerían luego su pedido para abrir nuevas investigaciones que corroboren con pruebas sus dudas.
Con un acabado, certero como crudo alegato, Morey concluiría en que había quedado acreditada la participación tanto de Matías Concha como de Angel Jesús Molina en el crimen de Maciel, peticionando consecuentemente duras penas.
Para el primero, la condena de 11 años de prisión por el delito de “Homicidio simple”. Para el segundo (actualmente en libertad), la pena máxima: reclusión perpetua, al calificar su accionar como Homicidio con alevosía, agravante que quedará a criterio del Tribunal considerarlo o desechar. De desestimarlo, el propio fiscal subsidiariamente pidió la pena de 20 años de prisión.
Para arribar a semejante conclusión y respectiva dura pretensión de penas, el fiscal argumentó con solidez y crudeza cómo sucedieron los hechos y los roles que ocuparon los respectivos actores, víctima como victimarios y demás testigos.
El relato sería acompañado por miradas atentas y humores dispares en el público como en los propios acusados. Mientras los defensores tomaban nota de los dichos del fiscal para sus próximos alegatos (el viernes a media mañana), sus pupilos encarnaban distintas posturas, como ocurrió a lo largo del juicio. Cuando Concha mantuvo esta vez la visual siempre al piso y recibiendo resignado como azotes una y cada una de las acusaciones, Molina mantendría su mirada penetrante casi sin pestañear a quien le estaba endilgando la muerte de Maciel.
Los familiares en silencio protagonizarían lo propio. Los Maciel conmovidos por escuchar detalladamente las circunstancias de cómo y por quiénes murió su ser querido. Los Concha asumiendo una postura sumisa, casi resignada que habla de un arrepentimiento del propio acusado (lo cual sería luego refrendado por el propio fiscal al señalar sensibles atenuantes). Los Molina desafiantes, masticando bronca ante las varias estocadas que el fiscal le propinó a la hora de tratarlo de mentiroso como de homicida, al considerar que fue quien le aplicó las dos últimas puñaladas letales a Maciel.
Una pelea entre pendencieros
Primeramente Morey confió que al inicio de la pesquisa indagaron sobre la existencia de una motivación para que se cometiera la reyerta que terminó en muerte. Principalmente la motivación de cuestiones sentimentales en disputa por una mujer (a partir de los primeros dichos del zigzagueante cuñado de la víctima Ismael López) quedó descartada.
En verdad, para el fiscal no hubo motivación alguna, se trató de una pelea entre pendencieros, quienes sumidos bajo los efectos del alcohol y la droga exacerbaron aquella condición violenta para trenzarse en una pelea que terminó a puñal y muerte.
Una disputa de malevos a la salida del boliche, sólo para defender el grupo de pertenencia entre los dos grupos (los Maciel, el cuñado y Arocha contra Concha, Molina y compañía).
No hubo legítima defensa
Morey dedicó varios párrafos para referirse al informe de la autopsia realizado por el médico Roberto Leitao y las explicaciones de por qué cree que hubo acuchilladas por la espalda de Concha, primero, y Molina después.
A grandes rasgos aludió al arma blanca utilizada como la posición de la víctima en la pelea, para luego referir que pudieron utilizarse cuchillos similares o el mismo por ambos acusados, añadiendo que los testigos que llevó a juicio vieron a los dos portando el arma.
Así, descartaría la hipótesis de legítima defensa esgrimida por Concha y su defensor. Para el fiscal, Maciel no portó nunca un cuchillo con el cual atacó -como dijo Concha y otro par de testigos del grupo de amigos-. Aseveró que esa parte de la historia del acusado como de los testigos que coincidieron, especialmente Kevin Cuadra, era inverosímil, que mentían en pos de alivianar su situación.
Entendió el fiscal que la pelea entre Marito y Concha se desarrolló de frente y justamente la víctima no tuvo ninguna herida en ese perfil, sino que las puñaladas fueron por la espalda, cuando Maciel estaba de pie, mientras que los puñales de Molina vendrían una vez en el piso, indefenso.
Sobre lo inverosímil de la versión defensista, también consideraría que el cuchillo y el destornillador hallado luego en la mano izquierda –inhábil- de Marito apoyada sobre el pecho, como una prueba falsa plantada por los autores en pos de luego legitimar ante la eventual acusación que se viniera en su contra por el homicidio.
Agregó al respecto que el propio Concha refirió que el destornillador lo había visto en el auto del soldado Castillo, en el cual se transportaba Molina.
Tras arremeter contra la versión de Concha, Morey abundaría en las acusaciones contra Molina, al cual consideró mendaz desde un comienzo, cuando se colocó en aquel incidente de madrugada como un mero espectador de la pelea, cuando testigos varios, incluso aquellos citados por su defensa, lo ubicaron en medio de la reyerta.
Entonces el fiscal se tomaría de la testigo clave (de identidad reservada) quien lo ubicó en tiempo y espacio y, en definitiva, lo reconoció como el que apuñalaba a Marito en el piso y por lo que ella se interpuso para que cesara con la agresión.
Tampoco obviaría el rol posterior que hubo entre el entorno de Molina para que se acordara una versión común que los desligara de la muerte, a partir de que Concha se entregó.
Tras criticar el rol que cumplieron alguna de las personas que desfilaron por el juicio por el cual peticionaría abrir una investigación (ver aparte), enalteció el aporte de la testigo clave como de otros vecinos que declararon de forma imparcial, sin ánimo de perjudicar a nadie sino de simplemente decir lo que sabían, la verdad de lo que vieron y recordaban.
Sin más, tras un alegato que demandó un par de horas, Morey pidió la pena ya detallada, dando también las razones de las calificaciones optadas para cada uno de los acusados.
Luego vendría el turno del particular damnificado en representación de la familia Maciel, el doctor Claudio Castaño, quien apelaría más a las sensaciones de los deudos y la responsabilidad como actitud posterior que asumieron los acusados y sus respectivas familias, para finalmente coincidir en el pedido de pena a imponer, con un año más -12- para Concha de ser considerado culpable.
Tampoco ahorraría en críticas para con el rol de la policía, por la notable inacción frente al suceso que merece en la actualidad una causa paralela, a la cual consideró que los efectivos resultaron coautores del homicidio por omisión.
Calificación penal y la alevosía
Como se consignó, para el fiscal la calificación legal que correspondía otorgar al hecho descripto es la de homicidio simple, respecto de Matías Alfredo Concha, y la de homicidio agravado por ser cometido con alevosía, respecto de Angel Jesús Molina.
“La alevosía es un modo de matar agravatorio del homicidio que se configura con el aprovechamiento de la indefensión de la víctima y la intención del autor de obrar sin riesgo. El homicidio alevoso exige la concurrencia de dos requisitos, uno objetivo, para el cual es necesario que la víctima se encuentre en un estado de indefensión procurado o simplemente aprovechado por el autor, que provenga de la condición en que aquella se encuentre o de no haber advertido la agresión, y otro subjetivo que es de su esencia y consiste en la pre ordenada finalidad de actuar sin el riesgo de la reacción de la víctima aprovechando su indefensión”, argumentó el ministerio público.
Morey describió que Maciel fue atacado por varias personas al unísono con golpes de puño y puntapiés hasta que con la intervención de Concha aquel fuera herido mortalmente, situación que originó la caída al piso de la víctima y ya sin más recursos defensivos de los que mínimamente hasta ese instante podía articular ante la embestida de esos sujetos, pero ya estando en esa condición, reducido dado que algunos de sus atacantes seguían sobre su cuerpo, se produjo la aparición en escena de Molina quien en pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo en su presencia (por haber estado allí desde el inicio de la gresca que llevaron a cabo sus acompañantes y con los que esa noche había compartido varias horas de esparcimiento) se sumó a la misma pero munido de un arma blanca puso en marcha el desenlace letal, asegurando un modo de matar con un elemento suficientemente apto para hacerlo de lo cual tenía pleno gobierno y utilizó de manera ordenada; tal lo supo referir la testigo clave del hecho.
Los atenuantes para Concha
El fiscal también dedicó varios párrafos de su alocución para dar razones a la pena peticionada para Concha, a partir de sensibles atenuantes.
Puntualizó al respecto que Concha se presentó espontáneamente y confesó su autoría. Si bien buscó alivianar su situación hablando de una legítima defensa, su aporte sirvió para colaborar en el esclarecimiento del homicidio.
Asimismo, tuvo en cuenta que Concha admitió el hecho y relató –con las salvedades expuestas- lo sucedido. Así también se subrayó que el acusado demostró un arrepentimiento sincero no sólo ahora en el debate sino desde un principio, cuando se presentó en la comisaría Segunda, actitud que ahora, en el juicio, se le sumó sus sentidas disculpas a los deudos de Marito. Todos condimentos que, al decir del fiscal, “deben atemperar la condena”.
La descripción de los hechos
Morey trazó una pormenorizada descripción de aquella madrugada trágica. Reseñó que el 3 de marzo de 2013, minutos previos a las 06.30, aproximadamente, en inmediaciones del local bailable de Pasaje Murature y Avda. Del Valle de esta ciudad de Tandil, se produjo una gresca entre varios sujetos en los que se encontraba Matías Alfredo Concha quien munido en una de sus manos de un cuchillo, en forma intencional y con el ánimo de quitarle la vida a Mario Eugenio Matías Maciel, inició un ataque contra éste, aplicándole al menos una puñalada que le produjo una herida punzocortante de tres centímetros de longitud en cara lateroposterior de hemitórax izquierdo en línea axilar posterior y a diez centímetros por debajo de la axila izquierda, siendo penetrante en tórax, ocasionando con dicha embestida que Maciel cayera al piso herido, fue donde al menos tres sujetos continuaron agrediéndolo con golpes de puño y puntapié en distintas partes del cuerpo, situación ésta que fue aprovechada por uno de esos hombres, identificado posteriormente como Angel Jesús Molina, y en función del estado de indefensión en que se encontraba Maciel, se valió de esa condición para mediante el uso de un cuchillo, le aplicó con finalidad de darle muerte, al menos tres cuchilladas en la zona posterior del hemitórax izquierdo, una de ellas herida punzocortante de tres centímetros y medio de longitud de bordes separados y regulares con ángulos agudos localizada en espalda en región supraescapular izquierda en dirección oblicua respecto del eje mayor del cuerpo, penetrante en tórax; otra herida punzocortante similar en espalda en hemitórax izquierdo de tres centímetros de longitud en dirección oblicua respecto al eje mayor del cuerpo y a dos centímetros por debajo de la anterior y herida punzocortante localizada en espalda en hemitórax izquierdo próxima a la línea vertebral media y por debajo de la anterior, heridas todas las descriptas perforantes de pulmón izquierdo de su cara posterolateral, y vasos intercostales, como así también una de ellas perforante de hemidiafragma izquierdo con penetración en cavidad abdominal, con lesión de cara externa del bazo las que provocaron hemorragia aguda severa y shock hipovolémico con paro cardiorrespiratorio que produjeron el deceso de Mario Eugenio Matías Maciel.
Investigar al resto
Como quedó evidenciado en varios gestos como preguntas del fiscal a lo largo del juicio, le quedaron interrogantes o convicciones que no logró certificar con pruebas sobre la participación directa o indirecta de otros actores en la pelea que terminó en el asesinato.
Frente a ello, Morey agregaría en su alegato la petición a los jueces de que se remitiera copia de lo escuchado y testimoniado en la sala para investigar la posible comisión de delito de los testigos, entre comillas, de los soldados Lucas Castillo y Leo Romero, Darío Jaramillo, Cristian Toledo, Kevin Cuadra y Alegre Marenco. Más precisamente especuló que pudieron haber incurrido en falso testimonio, encubrimiento y hasta la posibilidad de la mismísima participación en el crimen.
Otra amenaza
Previo a desandar el alegato, el fiscal hizo mención al Tribunal que el lunes por la mañana se presentó ante su fiscalía la madre de Matías Concha, quien presentó una denuncia por amenazas. Según precisó, la mujer cuando se retiró de la sala junto a su pareja en la última audiencia (en la que declaró su hijo) recibió amenazas de muerte de parte de los Molina.
La denuncia no es menor si se tiene en cuenta que a lo largo del juicio el ministerio público como el particular damnificado dejó entrever un ambiente temeroso en testigos varios a la hora de tener que presentarse y exponer ante los presentes.
El propio Castaño, en su alegato, aludiría a que varios testigos corrían riesgo y por ello pedía la detención inmediata del acusado Molina, a la vez que solicitó el servicio de custodia para testigos de identidad reservada, para la testigo que dijo haber sido víctima de sugerentes presencias cerca de su casa y lugar de trabajo.
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