Pidieron 11 y 10 años de prisión para los hermanos acusados de disparar a matar
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Culminada la etapa de presentación de prueba, anoche, pasadas las 20.30, el TOC 1 dio lugar a los alegatos por el juicio contra los hermanos César y Jesús Usuna, acusados de disparar contra un grupo de personas en la esquina de Fragata Sarmiento y Juan B. Justo, corazón de Villa Laza, producto de lo cual Gabriel Curcio resultó gravemente herido de dos balazos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl debate, empantanado desde un inicio a partir de los difíciles comparendos de testigos esquivos, olvidadizos y hasta ausentes, a pesar de haber sido buscados por la fuerza pública, los jueces dieron por cerrado el debate muy a pesar del ministerio público, que consideraba necesario hallar a gente para que declarara y no se la encontró. De todas formas, a disgusto, el fiscal Damián Borean alegaría y ratificaría el pedido de condena.
Al decir del acusador, más allá de aquellos inconvenientes procesales, quedaron acreditados los hechos como la responsabilidad penal de los señalados, pidiendo en consecuencia que César “El Moco” Usuna sea condenado a 10 años de prisión. Jesús Usuna, en tanto, que se lo sentencie a 11 años de prisión, comprensivo de la pena que ya purgaba de 3 años de una sentencia por un hecho anterior.
Al cierre de esta edición, las defensas hacían su agudo descargo. Tanto el defensor particular Marcelo Argeri, como el defensor oficial Carlos Kolbl, arremeterían contra lo ocurrido en la audiencia a partir de aquellos endebles testimonios por los que se debió recurrir al “ayuda memoria” del expediente para que dijeran lo que habían dicho en la instrucción, actas incorporados por lectura.
Acusación
A tal punto llegó el enrarecido clima que pululó en la audiencia, que se terminó alegando en la noche de ayer, habida cuenta de la imposibilidad de hallar a testigos que resultaban claves para la acusación, siendo que habían señalado, identificado a los Usuna como los autores de aquellos disparos del 25 de junio de 2014 previo a las 15.48, aproximadamente.
En medio de la incertidumbre y con la necesidad imperiosa de dar por culminado el juicio, hubo cortocircuitos entre el Tribunal y las partes, primero por el tenor de los interrogatorios que estiraban por demás -al entender de los magistrados- el juicio, y por la deficitaria diligencia del ministerio público, después, ante la imposibilidad de encontrar con la fuerza pública a los testigos que decía imprescindibles contar para su alegato.
Así las cosas y en medio de un malhumor generalizado, se sucedió la última audiencia al aguardo de un veredicto con fecha a confirmar.
El fastidio también se iba a trasladar para con el endeble comparendo del policía Angel Matías Baucogunet, cuyo aporte distó y mucho de lo que había sido plasmado en las actas cuando se procedió a la detención de César Usuna.
En el expediente se citaba una pelea, una resistencia y consiguiente forcejeo, empero ahora el policía decía no recordar nada de eso. La postura provocó la furia tribunalicia, incluso el presidente Pablo Galli, a modo de irónico consejo, le sugirió que se dedicara a otra cosa más que a ser policía.
Afortunadamente luego vino el testimonio de la policía Fabiana González, quien sí resultó segura y clara a la hora de describir aquel procedimiento.
Fundamentos
Así las cosas, igualmente para el fiscal Borean quedó probada la autoría y responsabilidad de los hermanos Usuna, para lo cual se valió prácticamente de los mismos argumentos que oportunamente ventiló en la requisitoria a juicio, independientemente de los aditamentos que nutrieron las jornadas del debate que, a su entender, ratificaron la acusación.
El fiscal citaría los dichos incriminantes de los testigos directos Alejandro Garcé, Mauricio Argañaraz, Esteban Mansilla, Maximiliano González, Marcos González (detenido por falso testimonio), Nelson Arias, Camila Sandival y Gabriel Curcio, quienes a sus modos y formas sindicaron a Jesús Usuna como el conductor de un rodado blanco Chevrolet Cruze o VW Bora que desde la Juan B. Justo dobló por Fragata Sarmiento. Transitó por la última calle indicada a baja velocidad frente a los declarantes, que se hallaban reunidos bebiendo frente al comercio consignado en la materialidad para, una vez producido el ataque hacia ellos, acelerar y emprender la fuga con rapidez, configurando un aporte esencial a la producción del resultado lesivo. También, indicaron a César Alberto Usuna -vestido con musculosa verde a la postre incautada y con tatuajes en sus brazos- como quien desde la ventanilla delantera abierta del acompañante de dicho automóvil sacó parte de su cuerpo, apuntó y disparó en reiteradas oportunidades (al menos cinco) y a corta distancia (inferior a los 10 metros deducidos del ancho de la acera y de calzada Fragata Sarmiento, según informe de planimetría) un arma de fuego tipo revolver, contra ellos, e impactó dos proyectiles en Curcio.
Borean añadiría a los testimonios base elementos de convicción que respaldaban su teoría. Por caso los informes médicos, balísticos y planimétricos. La circunstancia de que César Usuna fuera avistado inmediatamente luego del hecho en las inmediaciones del Hospital Municipal conduciendo el vehículo blanco descripto (propiedad de Noemí Soledad Santana, madre de los coimputados), del cual instantes más tarde descendió al ser aprehendido al arribar a su domicilio, infringiendo el arresto domiciliario que tenía.
Otro indicio tenido en cuenta a la hora de encontrar la motivación de la agresión a tiros, fue la existencia de al menos dos incidentes previos ocurridos en la casa de Jesús Usuna y de Alberto Usuna, padre de ambos coimputados (sita en Ezeiza 1631), derivados de conflictos recíprocos de los integrantes del grupo de personas baleado (fundamentalmente los hermanos González y personas ligadas a ellos, como por ejemplo el herido Curcio) con los hermanos Usuna y Facundo D´Alessandro; todo lo cual, en definitiva, precipitó el hecho ventilado en juicio.
Sobre la presencia en el Hospital de César Usuna una vez ocurrido el episodio, para el fiscal concurrió al nosocomio para procurar cumplir su coartada previamente planeada.
Al respecto, alegó que en la guardia del centro de salud, Usuna se registró a las 15.56 para ser atendido y se retiró rápidamente, sin ser asistido, abordo del mismo automóvil blanco indicado que condujo junto, al menos, otra persona en el asiento delantero del acompañante, de lo cual dieron cuenta posteriores captaciones de cámaras de seguridad en trayecto y horario compatible con su retorno desde ese hospital a su domicilio, donde fuera aprehendido al arribar. Llamativamente -planteó Borean-, Usuna salió corriendo de la guardia del Hospital, recién cuando notó el arribo de un vehículo de emergencia en el cual, según debió deducir acertadamente, eran trasladadas la o las víctimas del ilícito que acababa de cometer.
Sin más, el fiscal arribó a las conclusiones y la pena antes citadas contra sendos hermanos, quienes, con gestos de fastidio e intercambiando alguna opinión con sus abogados, se limitaron a escuchar la acusación y anhelar que sus defensores lograran torcer la historia procesal que los tiene encarcelados desde aquel violento hecho de hace dos años.
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