Pidieron seis años de prisión por exhibicionismo y abusos en el merendero
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Ultima jornada del debate oral y público propiciado por el TOC 1 en el que se juzga la responsabilidad penal de Hugo Ramírez y su esposa Virginia Sánchez, arribados al proceso como imputados de corrupción de menores, exhibicionismo y abuso sexual.
Ya sin más testigos por escuchar (apenas a un policía y testigo que formaron parte del allanamiento en la casa de los señalados), fue el turno de las partes. El ministerio público y el particular damnificado sostendrían la acusación y pedirían consecuentemente la pena a imponer, seis años y dos meses de prisión para Ramírez, y seis meses para su esposa.
La defensa, en tanto, cuestionó la prueba de cargo traída a juicio y exigió la absolución de sus pupilos, no sin antes sugerir que en caso de emitirse un fallo condenatorio contra Ramírez debía encuadrarse en la escala penal mínima que habla de tres años de prisión.
Las pretensiones de máxima y mínima de una y otra parte no dejaron para nada conforme al grupo de padres de los chicos del merendero de Magallanes al 1100. Si bien estaban al tanto de la expectativa de pena que se iba a peticionar, incluso desde su abogado como particular damnificado que coincidió en un todo con lo alegado por el fiscal, no dejaron de demostrar mediante gestos y algún insulto al aire en la antesala del recinto su bronca.
Quien pareció más aliviado y hasta conforme con lo ocurrido resultó el propio Ramírez, quien al escuchar el alegato fiscal y sus conclusiones festejó con sus puños apretados cual jugador de fútbol que concreta un gol. Es que más allá del pedido de prisión, el fiscal declinó de la acusación primaria con la que se arribó al juicio, acerca de la corrupción de menores, delito más complejo y gravoso a la hora de proporcionar una eventual pena.
Como se había anticipado en estas páginas, iba a resultar muy difícil para el fiscal Gustavo Morey sostener dicha carátula frente a los hechos ventilados en la sala, dejando en claro aquello que se confió desde una vez concretada la denuncia e iniciada la instrucción: Ramírez llegó a juicio preso por haberse fugado más que por los delitos que se le endilgaban.
Sin más, ahora resta conocer el veredicto de los jueces Pablo Galli, Guillermo Arecha y Gustavo Echeverría, quienes darán a conocer su sentencia el venidero lunes al mediodía.
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A la hora de alegar, el fiscal Morey dio por acreditados los hechos traídos a juicio y la responsabilidad penal del matrimonio, quien en su casa, donde desplegaban distintas actividades deportivas y sociales, se aprovechó -Ramírez- cuando estaba solo con los chicos para mostrarles imágenes de hombres y mujeres desnudos de su celular y de revistas, como así también en uno de los casos perpetró tocamientos contra uno de los niños y un abuso sexual, con el fin de desahogar su instinto sexual.
Para con Virginia Sánchez, en tanto, se limitó a endilgarle un solo suceso de exhibicionismo, por los dichos de uno de los menores que dijo haber presenciado cuando ésta le practicaba sexo oral a su esposo.
Morey fue tajante en subrayar que quedó descartada la animosidad o intencionalidad de los denunciantes para con los acusados, además de señalar sobre la coherencia que tuvieron los relatos de los padres, primero, y de los niños después.
“Esto no fue fruto de una fábula para perjudicar a Ramírez”, enfatizó el fiscal, insistiendo en que los hechos sucedieron en los momentos que tenía el acusado en soledad con los niños, veracidad que fue respaldada por la opinión de la perito psicóloga que entrevistó a los chicos y luego observó las respectivas cámaras gesell.
El alegato luego iba a transitar en el análisis de caso por caso. Detalles de las siete exposiciones de los menores y sus pruebas complementarias que llevaban a la conclusión de que el relato era creíble.
El ministerio público contrarrestó a lo que oportunamente manifestara el acusado, quien adujo a una falsa denuncia en su contra por razones que, a lo largo del debate, no se pudo siquiera esbozar como posibilidad.
En efecto, Ramírez acusó de razones varias que habría motivado la grave denuncia de los padres. Tras aludir a un conflicto vecinal habló más luego de una “lucha por el territorio”, haciendo alusión a una puja política, siendo que él era referente -puntero- radical (fue candidato a concejal por el ARI en la antigua alianza con la UCR), y alguno de los padres querían imponer en el barrio a La Cámpora.
Para el fiscal, nada de eso fue respaldado por ninguno de los testimonios traídos a juicio. También se contradijo al acusado cuando había manifestado que el mazo de cartas con imágenes de hombres desnudos le pertenecía a su hijo más chico, cuando el propio nombrado lo negó y la prueba fue secuestrada en su habitación, no en la de su hijo.
Otro elemento de cargo que tuvo en cuenta el alegato acusatorio fue que Ramírez se haya fugado, añadiéndose al respecto que no tuvo voluntad de ayudar al proceso, nunca estuvo a derecho.
En síntesis, el fiscal encuadraría los hechos bajo la carátula de “Exhibiciones obscenas agravadas, abuso sexual y abuso sexual en grado de tentativa” en contra de Ramírez, mientas que para Sánchez se le endilgó el delito de “Exhibiciones obscenas”.
El particular damnificado, representado por el doctor Maximiliano Orsini, agregaría a lo expuesto por el fiscal el condimento de lo que representaba Ramírez para la barriada, algo así como un referente que incluso se valía de sus contactos políticos para obtener dádivas que le permitían destinar a otros vecinos, vía subsidios o planes sociales. Bajo ese rol, ejercía un poder en la vecindad y sin ese poder nunca hubiera podido hacer lo que hizo con los chicos.
Habló de miedos y vergüenza de las víctimas al tener que refrendar sus respectivas denuncias y exponerse, como así también las consecuencias que generó en ellos.
Sin mayores diferencias para con lo que ya había desplegado con agudeza el fiscal, se remitió a coincidir con la calificación penal y respectiva pena.
La defensa
Al turno de la defensa, Carlos Kolbl primeramente celebró que el propio fiscal desistiera del delito de corrupción de menores, para luego arremeter que los sucesos denunciados no tenían entidad suficiente para aquella imputación pero tampoco para la que finalmente se terminó acusando.
Kolbl expuso bibliografía e instrumentos científicos acerca de cómo abordar una entrevista con menores por estos delitos, acerca del protocolo a seguir, y así manifestó sus críticas para con lo que había ocurrido en el proceso.
Habló de inconsistencias en los dichos de los menores en particular y contradicciones flagrantes en lo general. Allí también el defensor se detendría caso por caso -siete- para buscar poner en crisis la credibilidad de los testimonios de los niños.
Arremetería también en las contradicciones en que incurrieron los primeros dichos de los chicos frente a la psicóloga y lo que luego dijeron en las cámaras gesell, en las que cambiaron, agregaron elementos que factiblemente -al decir del defensor- fueron producto de la contaminación del relato a medida que avanzó el caso.
Dejó en claro que para con su defendida Sánchez no había nada en su contra. Apenas una versión de un chico que dijo ver algo, pero que no habría sido nada certero ni convincente, por lo que no merecía mayores comentarios y exigió su absolución.
Dedicado más a buscar derribar la prueba en contra de Ramírez, dejó entrever que habría en algunos casos un discurso guionado, ya que percibió un lenguaje que no era acorde a un chico de corta edad.
Kolbl también consideró como trascendente que no existiera la menor certeza de cuándo ocurrieron los presuntos hechos abusivos, lo que llevaría a que se transformara todo en una acusación difusa que violaba el derecho a una legítima defensa. “Usted cometió un delito, pero no sabemos cuándo”, graficó el letrado.
También dedicó buena parte de su extenso alegato a cuestionar el allanamiento concretado en la casa de sus pupilos, siendo que tampoco quedó en claro -a su entender- dónde y quién encontró el mazo de cartas y que uno de los testigos civiles que acompañó a la policía a realizar la diligencia procesal fuera una de las mujeres que se estaba manifestando vía escrache en las puertas de la casa de los Ramírez.
Ya sobre la prueba de cargo acerca de que Ramírez se fugó, Kolbl le recordó al fiscal y a quien quisiera escuchar que se fue ya que temía por su vida, por un linchamiento de parte de los padres que incluso amenazaron con incendiar su casa.
Así, para Kolbl había dudas insalvables. “No se pudo reconstruir lo que pasó con lo que se expuso en la causa y, cuando no hay certeza, el Tribunal está obligado a absolver”, expresó mirando a los jueces.
Tras despegar absolutamente a Sánchez de los hechos e insistir en su absolución, haría lo mismo con Ramírez, aunque para éste señaló que en el peor de los casos, de considerárselo culpable, debían encuadrarse los hechos bajo la figura de exhibiciones obscenas y un solo caso de abuso, por lo que instalaría la tesis de que la pena no debía superar los tres años de prisión.
Sensaciones encontradas
Como se vino detallando en ediciones pasadas, la sensación térmica del debate estuvo siempre signada por los humores, ánimos y contrariedades de los protagonistas de la sórdida historia vecinal subida al escenario judicial. Desde la indignación de los padres, que no quedaron conformes por lo que finalmente se peticionó como pena, a la casi conformidad del matrimonio acusado.
Hubo fuertes, intensas miradas cruzadas entre las partes. Madres nerviosas al borde de la descompensación cuando escuchaban el detalle de los hechos sufridos por sus hijos y bronca cuando alegaba la defensa.
Ramírez, en tanto, pareció experimentar sensaciones disímiles en la misma audiencia de ayer. Mientras su esposa guardó idéntico perfil a lo largo de todas las audiencias, casi con una postura sumisa, el señalado pasó de un rostro apesadumbrado y sobrio al casi alivio, al escuchar que el fiscal desistía del delito más gravoso que lo había llevado a juicio. Si hasta festejó por lo bajo, apretando sus puños cuando el fiscal le pedía la pena ya descripta.
Al final del debate, a preguntas del Tribunal y no tomando el consejo de su defensor, habló y confusamente dijo que estaba tranquilo y que por el bien de todos esto llegaba a su fin. “Aquí se dijo toda la verdad”, expresó.
Su esposa, en cambio, apenas balbuceando, dijo que no tenía nada para decir, apenas señaló que ponía “su confianza en ustedes”, por los jueces.
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