Pierdo mi trabajo por un malhumorado
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu email Me llamo Juan Miguel Parra o ?Miguelito?, como me dice la gente. Comencé a trabajar a los 8 años, vendiendo diarios por mi humilde condición en el hogar.
Me gané el cariño de la gente por mi honestidad y simpatía, muchos de mis clientes me cuidaban cuando andaba mojado o hacía mucho frío.
A los 18 años me paré en Rodríguez y Sarmiento a vender diarios por la mañana, donde me ven hoy; y fui creciendo como el niño adorado del centro. Actualmente me acompaña en las ventas mi señora y somos padres de dos niños. Quien me conoce sabe la clase de persona que soy.
En el centro trabajo poniendo lonas, vendiendo diarios y ayudando a todo el que me lo pide, como los abuelos o los niños que van a la escuela solos, despierto con mi primer grito de ?diario? a los que trabajan temprano o toco el timbre de quien se duerme.
A nadie he molestado con mi presencia, hasta hace un tiempo, que una señora decide que debo perder mi parada de ventas y me amenaza con tratar con el Sindicato para que no me provean los diarios.
Pierdo el lugar porque figuro como vendedor ambulante y no poder tener un puesto propio. Yo para generar mis ventas tuve que aprender a decir buen día, gracias, dibujarme una sonrisa cuando estaba triste o regalar una simple palabra de bendición.
Ni la lluvia ni los vientos me han corrido, trabajo 361 días al año, sin vacaciones ni fines de semana, no soy culpable de lo que la gente elige, sólo de ser buena persona.
Solicito que quien me conoce me regale ahora una sonrisa, una palabra, o un gesto para pasar el mal trago de tener que dejar este lugar donde ha transcurrido parte de mi vida.
Agradezco a quien me dejó ser y vio crecer; a quien no envidia mi progreso, que mucho sacrificio me costó y desde mi humildad le deseo que Dios bendiga a la señora Susana Bustamante, propietaria del kiosco de revistas ubicado en Rodríguez y San Martín, quien me quita mi trabajo, el pan de mis hijos y los logros de toda mi vida acusándome de la baja de sus ventas en el kiosco.
Que nunca olvide la hazaña de quedarse con mis ahorros y pagar la fiesta de quince de su hija. Aún hoy no le he pedido nada y sigue molesta conmigo.
Dios la bendiga, porque de verdad lo necesita, yo confié en él y mi vida fue bendecida.
No pido nada a cambio, sólo doy lo que soy, porque el ser feliz es digno de compartir. ¡Gracias gente amiga!
Juan Miguel Parra
D.N.I. 28.200.498
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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