Polémicas
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El jueves a la tardecita había terminado de escribir la columna diaria y era una buena oportunidad para salir a dar una vuelta. Recordé que para las siete y media estaba anunciada la presentación de las obras de recuperación de la fachada del teatro Cervantes.
El tema venía precedido de cierta polémica. Mínima, por cierto, como suelen ser las polémicas por estos pagos. En El Eco de esa mañana, había salido una nota de opinión de Marcelo Jaureguiberry, arquitecto, licenciado en teatro, escenógrafo y otros cuantos títulos más. Básicamente, un hombre del teatro, de la cultura.
No era un mal programa, entonces, para un jueves a la tarde. Además, por cuestiones de oficio me ha tocado asistir a todo tipo de inauguraciones y presentaciones, pero en materia de remodelaciones de fachadas, creo que venía invicto.
No sé si hubo corte de cintas, porque llegué un poco tarde. En la esquina de Rodríguez y Pinto me abarajó mi amigo Luis.
-¿De quién te estás escapando que vas tan apurado? -me atajó.
-No. Voy al Cervantes. Lo inauguran… bueno, lo presentan. Algo así… -traté de explicarle.
-Sí, sí, ya sé -me dijo Luisito, que suele estar muy bien informado-. Es como que yo tenga una enfermedad terminal y el médico me opere la nariz porque la tengo torcida.
Jaureguiberry, en su nota, había apelado a una metáfora citando el título de la obra de Luiggi Chiarelli “La máscara y el rostro” -una pieza del teatro grotesco-, para criticar un hecho "que ha alegrado a muchos y a otros nos ha llenado de indignación".
Un texto lúcido, mordaz, muy bien escrito. Luis, en tanto, recurrió al primer ejemplo que se le cruzó por la cabeza. Ambos, a su manera, expresaron claramente sus críticas.
Cuando llegué, Manuel Martínez Martínez, en su rol de anfitrión, presidente de la entidad dueña del teatro, estaba hablando al público; unas cuantas personas y funcionarios que no alcanzaban a colmar el foyer del teatro. Me quedé mitad en la puerta y mitad adentro, junto a unos muchachos.
En eso estaba, tratando de escuchar, cuando se me acercó una señora para preguntarme de qué se trataba el asunto. Le expliqué que estaban inaugurando la obra.
-Qué belleza, me dijo la mujer -mientras se alejaba unos pasos para ver el frente en su totalidad.
-Pero es sólo el frente -traté de aclararle para no generarle falsas expectativas.
-Igual, igual -me aclaró-. Yo soy de Bolívar y allá tenemos un teatro que está en ruinas. Ni siquiera el frente le arreglan.
Mientras la señora se iba, se acercaron dos chicos jóvenes que por una cuestión de edad encararon a los muchachos que estaban a mi lado.
-¿Dan alguna obra de teatro ahora? -preguntó la chica, entusiasmada
-No, no -respondió uno de ellos-. Hoy es el acto de inauguración nomás…
-Pero lo que inauguran es esto -les aclaró el otro, señalando el frente-. El teatro va a seguir cerrado.
-Ah, qué lástima -dijo la piba y se fue de la mano del novio.
Para ese entonces, el intendente Miguel Lunghi ya estaba hablando. Y básicamente, dijo lo que tenía que decir. O sea, responder a las críticas.
Aclaró que la obra era el primer paso hacia la recuperación del teatro. Que no era "una cáscara vacía" ni una operación de "marketing".
"No estamos jugando a pintarlo para que quede mejor", levantó un poco la voz.
Enojado, Lunghi, con las críticas de quienes "escriben lindo y están en su derecho porque estamos en democracia". Y que en definitiva, empezaron por el frente porque en cualquier momento se desprendía parte de la mampostería y le rompía la cabeza a alguno que atinara a pasar por ahí.
De esa manera, con un discurso de ocasión, la polémica -mínima, pálida- caía por tierra a poco de levantar vuelo.
Habrá que seguir esperando a que las cuestiones de la cultura también generen debates, pasiones, enojos y contraenojos. Que sean decenas, cientos de Jaureguiberrys y Luises los que se expresen a su manera para hacer oír sus quejas. Y que del otro lado levanten el guante y respondan. No necesariamente el Intendente. También puede responder algunos de sus funcionarios de Cultura.
De la Dirección, de la Subsecretaría, de la Coordinación. O del lugar que la administración le otorgue a estas cuestiones.
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