Policías y familiares de un imputado relataron versiones contrapuestas sobre un allanamiento
Dieciocho testigos pasaron frente al Tribunal Oral Criminal 1 de Tandil ayer, en la cuarta jornada del juicio oral y público que se le sigue a ocho imputados por la presunta comercialización de cocaína, en una investigación conocida como “Movediza blanca”.
Los magistrados Guillermo Arecha, Agustín Echevarría y Pablo Galli fijaron el próximo martes 29 de marzo, desde las 9, para escuchar los alegatos del fiscal Luis María Surget y de los defensores Gustavo Ballent, Luciano Tumini, Ricardo Leiva, Ariel Pellegrino y Diego Araujo.
Los jueces deberán determinar si los imputados Gustavo Alberto Temudio, Sergio Agustín “Tito” Navarro, Claudio Daniel Espínola (de nacionalidad paraguaya y que residía en Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora), Patricio Ricardo Vélez –alias “Pachi”, “Patri” o “Pato”-, Juan Marcelo “Gallo” Romero, Alfredo Amílcar Angel –“Perico” o “Peri”-, Walter Enrique Schletter y Wanda Yamila Gazzola tuvieron responsabilidad en el delito de “Comercialización de estupefacientes fraccionados en dosis destinadas directamente al consumidor agravado por la intervención de tres o más personas para cometerlo” entre mayo de 2007 y marzo de 2008, según reza la hipótesis del ministerio fiscal.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEfectivos de la Policía Federal de Azul y de Tandil fueron requeridos para describir los detalles del procedimiento que se realizó en la vivienda de Ituzaingó 371, domicilio del imputado Patricio Ricardo Vélez, donde se secuestró una tiza de 10,2 gramos de cocaína.
Los policías relataron que ingresaron a la vivienda por la puerta principal y encontraron a parte de la familia Vélez. El investigado llegó instantes más tarde, junto a su pareja, en dos motos.
Uno de los objetos importantes para la causa era la billetera de Vélez, que contenía unos 1200 pesos en efectivo. Con este elemento se produjo un inconveniente durante el procedimiento. Según la policía, el padre del joven la habría tomado y la escondió en el garaje, cerca de donde luego apareció la tiza.
El defensor de Vélez, el doctor Luciano Tumini, preguntó insistentemente por la cantidad de policías que ingresaron a la casa, los roles que desempeñaba cada uno, la presencia del testigo y la iluminación del lugar de donde secuestraron la cocaína, entre otras circunstancias.
También siguió las declaraciones de algunos efectivos que, habiendo terminado un allanamiento con resultados negativos en la casa de la novia de Vélez, pasaron por la delegación, por el procedimiento de Moreno 666 –donde hallaron 99 tizas con un peso de 1.015 gramos- y arribaron a Ituzaingó 371 para facilitar una filmadora.
Es que el abogado adelantó en la primera jornada del debate que intentaría probar irregularidades en el allanamiento y solicitaría la absolución de su defendido.
Algunos de los policías describieron que Patricio Vélez “se exaltó bastante” y “no quería hacerse cargo” de la tiza secuestrada e, incluso, convocaron a un efectivo que lo conocía y que estaba afuera para que intentara calmarlo.
la billetera
En ese marco declaró una de las hermanas, Nadia Vélez, quien aseguró que el testigo del procedimiento se encontraba tomando mate en la cocina cuando uno de los oficiales encontró la tiza en el garaje.
Además, indicó que escuchó que un policía le decía a otro “hicimos la gran Carlitos”, mientras se reían en el patio de la vivienda, antes de advertir su presencia.
La joven también refirió que el dinero que tenía el imputado en la billetera podía formar parte de una colecta que estaban realizando para llevar a su otro hermano –que tiene una discapacidad motriz- a La Plata para ser sometido a una operación de vista.
Sobre el medio de vida de Patricio Vélez, sostuvo que se dedicaba a hacer changas. También afirmó que consumía estupefacientes y que ella se había enterado en 2007, cuando la Policía Federal lo detuvo en la Plaza de las Banderas.
Luego fue el turno de Daniel Eduardo Vélez. El padre del imputado realizó las declaraciones más sanguíneas de la jornada, relatando con detenimiento los sucesos del 11 de marzo de 2008 en su vivienda, cuando requisaron todas las dependencias y aprehendieron a su hijo.
Uno de los puntos que destacó fue que recibió la visita del fiscal, quien al retirarse le aseguró que el procedimiento había dado negativo, que labrarían las actas y despejarían el domicilio. Unos 45 minutos más tarde, ocurrió el episodio de la billetera y el hallazgo de la cocaína.
Según sus dichos, los policías discutieron cuando buscaban la cartera. En ese momento, Patricio, un efectivo y él se retiraron a uno de los cuartos y “en ese ínterin aparece la billetera”, reseñó.
También manifestó que su hijo se había mostrado tranquilo y hasta “canchero” durante el procedimiento, pero cuando encontraron la tiza “se enoja con la policía”, “se pone loco” y comienza a decir “me la pusieron”.
Acotó que entre 18 y 19 personas circularon por su casa esa tarde, que usaban el portón del garaje para entrar y salir, y que el testigo se hallaba en la cocina cuando descubrieron la tiza en un hueco de la pared, ya sin luz natural ni los reflectores que él mismo les había facilitado.
Sobre su hijo, sostuvo que conocía que consumía estupefacientes desde que tenía 25 años, en 2003, y ratificó que el dinero que le secuestraron era para la operación de su hermano en La Plata.
Por último, le dijo al Tribunal que cuando se armó la confusión, su hijo llamó a uno de los policías llamado Gustavo y le dijo: “Aclarame el tema de la billetera porque me estás mandando preso”.
En primer lugar, Yésica Latorre explicó que hace una década que está en pareja con Espínola, el padre de sus tres hijos de 8, 6 y 2 años y 10 meses, y que la familia vivía en Ingeniero Budge, donde se relacionaban con Gustavo González –sindicado como el jefe de la banda y el que conseguía la cocaína- porque era amigo de un familiar.
Tanto ella como Espínola y Gustavo González son inmigrantes paraguayos. La mujer describió que por la casa de González pasaba mucha gente de su país, además de ciudadanos bolivianos.
En cuanto a la actividad de Espínola, indicó que trabajaba en una fábrica de guantes industriales y que proyectaba independizarse dentro de la misma rama, ya que estaba desde los 18 años en esa empresa.
Sobre los viajes a Tandil, dijo que su pareja sólo vino dos veces y que pretendía comenzar a vender guantes. En la primera oportunidad llegó con ella y sus hijos a ofrecer el producto, y la segunda, con Gustavo González, con quien lo aprehendieron el 11 de marzo de 2008 en el departamento de Moreno 666.
En cuanto al “Dani” de las escuchas telefónicas que le dieron sustento a la causa, negó que ése fuera el apodo del imputado y aseveró que todos lo llaman Claudio o “Yonki”, entre el entorno más íntimo.
Por su parte, Carlos Rodolfo Barrera contó que su sobrino Walter Schletter fue abandonado por su padre y atravesó desde 1998 a 2002 la pérdida de su madre y sus abuelos, sus sostenes afectivos y económicos.
Dijo que Scheletter se dedicaba a la música y amenizaba shows en el Casino, donde conoció a Gustavo Temudio, quien “le suministraba estupefacientes, a veces le cobraba o se los regalaba”.
“En mi íntima convicción, lo han usado”, consideró el tío y atribuyó al consumo de estupefacientes y a la depresión su relación con Temudio, quien paraba en su casa de Liniers 174 y le solicitaba que le guardara droga. El 11 de marzo de 2008, en ese domicilio se secuestraron 24 tizas y 7 huevos de cocaína, con un peso de 287 gramos.
Sobre su presente, el hombre concluyó que “este sacudón le hizo rehacer su vida” ya que en libertad, Scheletter consiguió un trabajó, alquiló una vivienda y formó una familia.
Aseguró que su sobrino es adicto desde 2002 y lamentó que “si hubiera sabido que estaba en un grado de riesgo tan alto” lo habría auxiliado antes.*
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