Policías y testigo de actuación comprometieron al acusado de vender estupefacientes en su bar
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn efecto, el hecho se remonta a dos años atrás, tras una investigación que comenzó en octubre de 2010 hasta marzo de 2011, día en que los efectivos de la policía de narcotráfico, previo autorización judicial, procedieron al allanamiento que derivó en el secuestro de estupefacientes, fraccionados en pequeños envoltorios de nylon, y la consiguiente detención del implicado, identificado como Adalberto Spreafico.
Precisamente el imputado arribó a la audiencia custodiado por agentes de la penitenciaría, quienes debieron dar explicaciones ante el juez Pablo Galli por el nuevo retraso del traslado (arribaron a la ciudad con el detenido una hora más tarde de la prevista), con posibles medidas disciplinarias para quien resultó responsable del recurrente deficitario servicio carcelario.
Ya abierta la audiencia, el fiscal Néstor Prado sin demasiados preámbulos aludió a la responsabilidad penal que le endilgaba al acusado, por lo cual iba a aportar las pruebas que así lo sustentaban en pos de pretender una condena por comercialización de estupefacientes.
El defensor particular, Marcelo Argeri, por su parte, anticiparía que no se lograría probar el delito y menos la responsabilidad de su pupilo, por lo que peticionaría la absolución.
Desde el inicio quedó evidenciada la hipótesis defensista: el imputado no hacía más que recibir parroquianos en su bar, muchos de los cuales hacían visitas esporádicas porque también se levantaba quiniela clandestina. A la vez, se dejaría planteada la versión que el acusado vivía en la casa contigua al local, y su mujer también se dedicaba a la venta de blanquería, por eso el intenso movimiento que registraba la propiedad.
Así las cosas, el foco de atención, el debate, se centraría en el accionar policial, habida cuenta que el defensor dejaría instalada la posibilidad de que le hayan “plantado” la droga secuestrada, siendo que su cliente insistió en su inocencia. Además, pondría en duda el registro de las imágenes que, al entender del ministerio público, resultan más que elocuentes sobre los “pasamanos” que se detectaron en las filmaciones capturadas por los policías que hicieron inteligencia en el lugar, en un seguimiento de meses.
Los testigos
Cumplida la etapa preliminar, comenzó el tiempo de ventilar las pruebas, léase el desfile de testigos además de los elementos incorporados por su lectura. Y fue así que desfilaron los policías que trabajaron en la investigación y posterior allanamiento.
Los efectivos, entonces, relataron que la pesquisa se inició a partir de un llamado anónimo que refería a la posibilidad de que en dicho bar se vendía droga. Se procedió a realizar un seguimiento de la esquina, registrándose imágenes con un intenso movimiento que era acompañado por el relato del policía que tomaba las escenas de incógnito, desde un lugar no visible.
Buena parte del registro fílmico fue ventilado en la propia audiencia para que el magistrado como las partes presentes, incluyendo al público las viera y saque sus conclusiones. De las imágenes se puede observar el incesante ingreso y egreso de personas al bar, donde permanecían por escasos minutos, y algunos de ellos incluso salían a la calle e intercambiaban algo con el sospechado. El movimiento para los investigadores no era otra cosa que el indicio del “pasamanos”.
A cada escena, cada relato, el defensor como el fiscal y el propio juez fueron indagando al efectivo que tomó las imágenes para aclarar algunas circunstancias que hacían a la presencia de las personas en el bar, como fuera de él.
Bajo la hipótesis de la defensa, se preguntó qué se veía del intercambio denunciado entre presunto proveedor y cliente, y si no podían ser anotaciones de una posible jugada de quiniela. Rápido de reflejos, el fiscal Prado subrayaría el horario en que se capturaba la escena, pasadas las 21.
Así, pasarían horas con los policías frente al juez y la reproducción del video, para luego indagar aún más sobre lo que fue el allanamiento en el que consta en el expediente, secuestraron 26 envoltorios de cocaína y recortes de nylon, además de otro recipiente con vestigios de droga, todos elementos hallados en la casa. En el bar, en tanto, se secuestró dinero en efectivo, anotaciones y celulares.
Se preguntó y repreguntó sobre cómo y quiénes ingresaron al local y luego a la vivienda. Qué roles emprendieron y cómo se sucedió el hallazgo de la droga. Cada respuesta, cada afirmación de los testigos servía para alimentar cada una de las posturas de las partes para lo que será el futuro alegato.
Por eso resultó clave el comparendo del testigo que participó de la requisa. Un joven que fue “levantado” en la calle por los efectivos para atestiguar lo que horas más tarde los uniformados realizaron.
Cabe consignar que cuando irrumpieron en el local, el acusado se ofuscó ante la presencia policial y se produjo un forcejeo que terminó con la aprehensión del hombre, reducido en el piso.
Ya una vez ingresados a la casa, revisaron las distintas dependencias hasta que dieron con lo que buscaban, la droga fraccionada, lista para comercializar, según los investigadores.
El testigo, entonces, pasó a ser protagonista en el debate, a partir de relatar cómo requisó a los propios uniformados y los autos policiales antes del procedimiento, y dónde se ubicó cuando se encontró la droga.
El joven testigo fue claro como contundente, dejando bien parados a los policías sobre su proceder en tanto a los recaudos que tuvieron a la hora de realizar el allanamiento y que no queden dudas, a su parecer, de que pudieron haber colocado ellos la droga para imputarle el delito al sospechado que venían siguiendo.
Así las cosas, cerraría el primer capítulo del juicio que tendrá su continuidad el miércoles, cuando desfilen los testigos citados por la defensa, para luego escuchar los alegatos de las partes.
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