Política sindical
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Las demandas gremiales que emergieron esta semana aparecen tiznadas de una puja política que flota, como una nube amenazadora, sobre el justicialismo vernáculo. Y esa historia de egos insuperables y gestos obligados aflora a sólo siete meses de la última derrota.
Subyace la irresuelta situación de la CGT, donde dos sectores pujan por su conducción, ya que aún no queda claro si las autoridades avaladas a nivel nacional son las que contabilizaron más votos.
Es que la duda traspasa las fronteras serranas –donde aún todo es en defensa del kirchnerismo- y se enmarca en una Argentina en la que el poder parece torcer cualquier voluntad, incluso la de la ley.
Coletazos de esa puja se metieron ahora en el reclamo del gremio de los Peones de Taxis, que apoyó a la lista del camionero Abel de Negri en la CGT y ahora encuentra –en la devolución de gentilezas- una oportunidad para desembarcar en Tandil.
Desde el sector disidente, cuestionan cómo se arrogan la potestad de representar a cientos de afiliados cuando denuncian que hay unos mil trabajadores de taxis y remises en negro.
Otro de los focos que enfrenta a estos sectores del peronismo es la avanzada de UPCN en su intención de sentarse a la mesa de negociación paritaria con el intendente Miguel Lunghi, cuando esa potestad siempre fue exclusiva de los sindicatos de Trabajadores Municipales y de Trabajadores de Obras Sanitarias.
El dirigente de los empleados de la comuna, Roberto Martínez Lastra, sintió como una mojada de oreja que el edil Néstor Auza se sentara a dialogar con UPCN. Se enfureció porque entiende que se metió en la interna sindical.
A la vista está que en el justicialismo la política partidaria y la política sindical van de la mano como un sesgo intrínseco plasmado en su partida de nacimiento.
Pero en toda esta historia de desavenencias y divisiones quedan atrapados dos grupos importantes de trabajadores.
Por un lado, el millar de taxistas y remiseros que pretenden alternativas para no perder las fuentes de empleo. A ellos se podrían ir sumando los mandaderos.
Desde el Hospital, los ex autoconvocados por la salud pública, que en 2011 habían iniciado su lucha por una recomposición salarial del 50 por ciento.
Y más allá de las reivindicaciones que se embanderan, salen a flote las mezquindades sobre las que la política –sindical y de la otra- ha dado no muestras, sino sobredosis.
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