Popurrí de tandilenses
Florencia Rodríguez es profesora de inglés y dio clases en Estados Unidos y Emiratos Arabes
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa lapridense y tandilense adoptiva le contó su experiencia en el extranjero a El Eco de Tandil.
Su voz es apacible, debe ser una profesora encantadora. Pero también es aventurera, se recibió en el profesorado de inglés del colegio San José y experimentó trabajos en dos países bien distintos: Estados Unidos y Emiratos Arabes.
Vivió tres años en California del Norte, dos en Arabia y uno, hasta junio pasado, en Emiratos Arabes. Volvió a Tandil hace poquito y está tentada con quedarse.
?Fui con una empresa contratista del Gobierno de Estados Unidos, ellos se dedican a llevar teachers (profesoras) de distintas partes del mundo. Vinieron al país a hacer entrevistas, quedé seleccionada, me hicieron una oferta y acepté. El contrato era hasta un límite de 3 años, renovable anualmente. Y una vez que estuve allá, se me vencían los 3 años y decidí ir a Medio Oriente porque había conocido mucha gente de allá y me parecían encantadores. Los últimos tres años los pasé en Medio Oriente.
-¿Eras de viajar anteriormente?
-Siempre me gustó viajar pero nunca había salido del país.
-¿Estudiaste en Tandil?
-Sí, en el profesorado de San José. Y allá fui a dar clases en primarias y secundarias. Acá en Tandil trabajé en primarias, Santo Domingo.
-¿Y el examen que te hicieron fue una selección entre muchos profesores?
-En realidad vienen de distintos condados de Estados Unidos y yo conocía un chico que ya estaba trabajando para uno de los condados, entonces dio buenas referencias mías. A ellos les gustó mi presentación, te hacen varias preguntas pedagógicas y si les gusta te hacen una propuesta. Una vez allá, hice un master en enseñanza en inglés y eso me abrió las puertas de Medio Oriente y eso posibilitó que diera clases a nivel terciario.
-¿En qué lugares de Estados Unidos residiste?
-En Carolina del Norte, en una base aérea muy grande que hay.
-Imagino el contraste cultural entre Estados Unidos y Medio Oriente
-Fue un shock. En Arabia, por ejemplo, de entrada no podía manejar. Tenía que usar el traje de monja llamado ?abayya”, algo que me daba mucha bronca. Cada vez que salías tenías que ponértelo. Estábamos en un edificio bastante en ruinas, cada uno tenía su habitación pero todo muy controlado, cada vez que salíamos teníamos que firmar, decir adónde íbamos y cuándo regresábamos indicar también el horario. Era casi como estar? para que se den una idea lo llamábamos ?Guantánamo Bay? (risas). Estábamos dependiendo de ellos por completo porque hasta cuando llegás al país te sacan el pasaporte. Me acostumbré a andar en taxi, todo el tiempo llamando taxis y te dicen estoy a tal hora y llegan media hora después y no podés hacer nada. Pero la gente de Medio Oriente es hospitalaria, compensábamos un poco por ese lado.
-Con todo esto que nos contás, ¿no se te pasaba por la cabeza volver?
-Los primeros tres meses son de ?luna de miel? porque todo es nuevo, todo te asombra. Ya después cuando te asentás empezás a ver cosas y decís ?caramba?. Yo tenía contrato por dos años y en los últimos dos meses del último período empecé a buscar trabajo desesperadamente por otros lados. Conseguí en Omán, pero no me dieron los tiempos. Ya el segundo año me lloré toda una semana cuando volví y no quería quedarme. El segundo año dije ?ma´ sí, que sea lo que sea?, me relajé, empecé a salir más, conocer más gente y visitar ciudades grandes. Y cuando terminé el contrato no quise saber más nada y me busqué en Emiratos Arabes que era lo que más me gustaba.
-¿Otra cosa Emiratos?
-Sí, por empezar la mujer es más libre. No teníamos que usar esa túnica, tenía auto y mi departamento, me manejaba por mi cuenta. En Emiratos son muchos más abiertos, es cultural, tenés cine, restaurantes, teatros, un pub, podés ir a la playa, ¡a la pileta! Porque en Arabia no hay un solo hotel, aunque sea extranjero, en el que dejen a las mujeres meterse a la pileta. Por más que vos vayas a un Sheraton, están en Arabia y te tenés que embromar. Emiratos fue como volver a la civilización, la vida más normal que conocemos todos.
-¿Vas a retornar pronto para allá?
-Por primera vez en seis años estoy analizando la posibilidad de quedarme a vivir en Tandil. Tengo algunas propuestas de trabajo así que lo estoy pensando. Apreté el botón de ?pausa? y estoy dejando que las cosas se sucedan solas para meditar bien qué es lo que voy a hacer.
-¿Qué se extrañaba de Tandil estando allá?
-Las sierras, el clima. Allá salir a caminar, por el calor, es ser audaz (sonríe). Yo mate no tomo, así que esas cosas no las añoraba tanto pero pensaba todo el tiempo ?yo salgo de mi casa en Tandil y veo las sierras?. Ver esa naturaleza que allá no existe, es todo desierto y si ves algo verde sabés que es todo artificial excepto por las palmeras. Las veredas, bah, ni son veredas, son manzanas enormes que caminás y por ahí te encontrás un semáforo, tienen otra estructura. Llegó un momento en el que acepté las reglas del juego porque para quedarme de mala gana no iba a ser bueno.
-Tendrás anécdotas de todo tipo.
-Una buena: viajé a Siria sola, porque mis compañeras de trabajo están casadas y ahorran plata, entonces me toca viajar sola y en Medio Oriente que una mujer ande sola no está bien visto. Entonces me compré una alianza y decía que estaba casada. En Siria, entré a un negocio y quería visitar un castillo y quería saber si podía llegar caminando. El propietario del negocio resultó ser un hombre mayor, oriundo de Irak, que se había escapado con su familia cuando pudo porque con el régimen de Saddam Hussein se les complicaba mucho. Era un negocio de ropa y allá no podés ir y preguntar dónde queda esto e irte, porque son tan hospitalarios que te preguntan de dónde sos, te invitan una tasa de té, algo muy desconocido para nosotros. Bueno, conversamos y yo le dije que mi marido estaba en el castillo esperándome y que quería ir a pie. Era bastante lejos y el hombre me pidió un remís, le aclaró bien al chofer dónde es que iba y le pagó él, porque los remiseros muchas veces se aprovechan del desconocimiento del turista y le cobran el doble. Un gesto noble.
Saludamos y felicitamos al ingeniero José Galotto
José Alberto Galotto, destacado ingeniero en electromecánica recibido en la Universidad Nacional de Mar del Plata, a sus 30 años lleva 5 al servicio del magnate del acero y la construcción, Techint.
El apodado ?Coky? supo estar arraigado en Venezuela, a lo largo de un año y medio, hasta que el presidente Hugo Chávez nacionalizó Sidor. Tras eso, se radicó en la planta de San Nicolás y fue escalando peldaños dentro de la poderosa multinacional hasta llegar a ser hoy uno de los responsables de la jefatura de mantenimiento del taller de Pacheco.
Tal rango demanda altos compromisos y como prueba de esto, semanas atrás fue enviado a Estados Unidos para concretar una operación de compra de maquinarias por 280 millones de dólares.
Más allá de su crecimiento en lo profesional, lo incluimos en el Popurrí de esta semana para saludarlo porque el viernes pasado contrajo matrimonio con la porteña Yanina Sciancalepore, doctora del Hospital Gutiérrez.
Las salutaciones del caso y éxitos así en la vida conyugal, como en su prominente carrera de ingeniero.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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