Popurrí de tandilenses
Hay costumbres de esencia que evidentemente también son hereditarias. Luan Vázquez es un tandilense bien nómada. “Mis viejos estuvieron en Europa dos veces, la segunda ya con nosotros nacidos”, explica cuando se le consulta si sus padres también son, o eran, de viajar seguido. Su hermano Benji es uno de los jóvenes que no hace tanto tiempo atrás despertó temor en Brasil por no dar, durante un mes, señales de vida a su familia.
“Me gusta conocer y sobre todo corroborar lo que dicen los libros y descubrir qué no dicen”, define Luan. “Yo conocí Europa antes que Latinoamérica e incluso nuestro país. Eso era algo irónico”, relata y se explaya sobre sus primeras aventuras en el Viejo Continente.
“En realidad el viaje se hace en Latinoamérica porque en Europa viajás pero es muy cómodo. La gente dice que es caro, pero para el viajero es más sencillo, si uno tiene un oficio la zafa”, explica.
-¿Cuál es tu oficio?
-Artesano, músico. Yo hago de todo un poco, trato de probar porque no es que llegás a un lugar y te clavás como músico, tenés que ser versátil porque muchas veces no se te presenta la oportunidad de una cosa y tenés que hacer otra. Hacer lo que haya para hacer.
Alguna vez se fue a estudiar antropología a La Plata, pero no estaba muy convencido y un entredicho con una profesora lo terminó de desmotivar del todo. “Me saqué un permiso de viaje porque tenía 17 años y fui a trabajar y conocer Europa. Estudié un poco de francés y luego ingresé a trabajar, gracias al título de técnico agropecuario de la Escuela Granja, a un tambo eléctrico. Y luego recorrimos Suiza a dedo”.
-¿Cómo es Suiza?
-Es bastante impactante llegar a un país tan avanzado en su sistema económico político, en la organización general y ver que sean tan conservadores, tan cerrados o atrasados en ese sentido como sociedad.
A mi vuelta al país quise bajar todo eso que viví y me anoté en la carrera de historia pero no canalicé bien. Me habían quedado cosas por conocer, entonces planeé salir de vuelta. Y retorné a Europa y le di otra vuelta. Galicia, Asturias, País Vasco, Barcelona, Madrid, me faltó el sur pero ya habrá tiempo”, asegura.
Es imposible resumir tanto periplo en una sola nota, por eso pretendemos simplemente soltar nociones del viajero que, mates de por medio con El Eco de Tandil, se explayó sobre sus cuatro largas aventuras. En el Mediterráneo, saliendo del estado de Barcelona y entrando a Tarragona ayudó a su abuelo a construir un barco y luego, durante una semana, lo navegaron juntos.
“La gente te va marcando el mapa. A medida que vas conociendo distintas personas y, por ende, distintas culturas, eso te va abriendo el espectro de visión y te hace comprender mejor el mundo y dónde estás parado y qué gente vive en la tierra. Generalmente cuando te cruzás con alguien tan distinto culturalmente, por ejemplo un africano, es cuando mejor conexión se da y te dan ganas de conocer su mundo. Asimilar distintas experiencias es lo que uno se lleva al final de todo”, afirma.
“Antes de volverme estuve trabajando tres meses encerrado en una pista de sky en Suiza, con mi hermano Benji. Allí planeamos recorrer Latinoamérica a la vuelta. Ya estábamos con los motores calientes para salir por acá y uno sabe que es distinto, sabe que te va a llevar más tiempo, pero al ser tan familiares los países uno se manda más confiado. Por ciertas circunstancias Benji no quiso ir y yo arranqué solo. Me tomé un colectivo a San Juan y de ahí a dedo por la mítica Ruta 40, la que menciona León Gieco en la canción, como la 66 de Estados Unidos que atraviesa Atlántico Pacífico. La idea inicial era conocer Latinoamérica”, rememora.
Los viajes marcan a cualquiera, pero mucho más a una persona que sea propensa a absorber cual esponja lo que los destinos le aportan. Luan hasta habla por momentos en castellano neutro. Es que de los últimos 6 ó 7 años estuvo mucho más tiempo en otros lados que en su natalidad.
“Parece mentira pero yo no conozco ni La Pampa, que está al lado (sonríe). Uno tiene el circuito típico, Mar del Plata, Necochea, pero es sólo una franja, como si para el otro lado no hubiera nada”.
-Estabas por San Juan y la Ruta 40.
-Es como la ruta nacional donde no transitan muchos viajeros, turistas, viaja más que nada la gente del campo y vehículos comerciales, ese tipo de transporte. Es más sencillo que te levanten pero no es muy transitada. Por ejemplo en Catamarca, por la Ruta 40, sólo hay un pueblo entrando por La Rioja y saliendo a Salta que se llama San Pedro. Es el único que está ahí, viven 40 habitantes y tiene trabajadores en las salinas, entonces tenía que recular muchas veces y agarrar otras rutas alternativas. Hice San Juan, Valle de la Luna, La Cuesta de Miranda (San Juan La Rioja) un valle de piedra roja precioso, subí hasta Santa Teresa, entré a Tucumán, pegué la vuelta y entré a Catamarca. Otra vez por la 40 tuve que ir y retroceder por otro camino porque no pasaba nadie y terminé en Cafayate, tras un mes sin descanso viajando a diario.
-¿Y ahí?
-Tomar vino, de recorrida por las bodegas. Me alquilé una bicicleta y recorrí. Viven con mucha tranquilidad, el clima es perfecto, temperatura anual de 22 grados en promedio, vino y francesitas que vienen siempre a probar los vinos. Es recomendable Salta, porque aparte tiene un paisaje divino, rica historia y buena gastronomía. Y, como te dije, el vino.
-¿Cuando llegás a un lugar nuevo tratás de interiorizarte por su historia?
-Trato. Viste cómo los gringos que se compran la guía. Bueno, yo trato de meterme en las ferias de artesanías que tienen libros y chusmear ahí adentro sin comprar nada. Luego, con un poco de eso que absorbés, ya tenés una mejor idea de dónde estás parado como para chamullar con la gente y eso ayuda mucho.
Una revolución de viajeros
“Yo siento –sigue- que acá en Argentina la universidad no da todo lo que tiene que dar, por eso se está dando como una revolución de viajeros. Hay muchísimos jóvenes y no sólo jóvenes que emprenden viajes de este tipo. Y está bien que la universidad no dé todo porque uno elige hacer la parte práctica. Viajar siendo joven te abre la cabeza de por vida. Y cuando uno sale de Argentina generalmente apunta para arriba porque para abajo el límite está bien claro. Entonces, se le apunta a Machu Pichu”, reconoce.
“Primero tenés que pasar Bolivia, hacer todo como la Ruta del Oro que le dicen, las quebradas Salta-Jujuy y Bolivia, agarrás el altiplano y hacés Tupiza, Uyuni, El Salar. Pasás a Potosí, donde están las minas y los cerros huecos, de ahí encarás Cochabamba, el carnaval, Oruro, La Paz. También estuvimos en la selva, en la puerta del Amazonas. Eso nosotros lo hicimos en un mes”, pinta el panorama Luan. Y notará el lector que de tanto en tanto aparece el plural, porque los viajeros se van acoplando entre ellos desde cualquier punto y en coincidente con los destinos.
Dejaremos para la segunda parte de esta entrevista, el próximo lunes, un párrafo aparte que el propio Vázquez subrayó especialmente: El lago Titicaca. El resto del recorrido por Latinoamérica, su visión -ante tanta experiencia- del Tandil turístico y los futuros destinos del viajero.*
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