Popurrí de tandilenses
Meses atrás entrevistamos en este espacio al músico Mariano Bujacich, que nos adelantaba una linda aventura a punto de iniciarla.
Se trataba de su intervención en el crucero Star Princess, el más grande que llega a Argentina. Casi 300 metros de eslora y 2800 pasajeros. El itinerario completo de viaje consistió en: Civitavecchia (Roma), Liborno (Florencia Pisa), Niza (Francia), Barcelona (España), Casablanca, Agadir (Marruecos), Recife, Río de Janeiro, Puerto Argentino (Malvinas), Antártida, Ushuaia, canales fueguinos, Cabo de Hornos, Punta Arenas, Coquimbo, Valparaíso, y de vuelta Puerto Madryn, Montevideo y Buenos Aires, Vuelve a Río y repite el viaje al sur dos veces.
¿Cuánto duró tamaño recorrido?, se preguntará el lector. 96 días. “Cada 3 ó 4 días vamos parando y se va renovando la embarcación”, nos avisaba Bujacich. Dicha nota remitió al 6 de diciembre de 2010 y el martes pasado lo visitamos en su casa de Capital Federal, donde nos atendió con la amabilidad y simpatía que lo caracteriza, para detallarnos el después de tan lindo trayecto y experiencia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-La cantidad de cosas que pasan. Los primeros días son sorprendentes para cualquiera. Cruzás el Atlántico en avión para llegar al lugar de partida. Llegás a una ciudad nueva, te instalás en un hotel y al otro día ya embarcás y en poco tiempo estás en el medio del mar y no sabés ni dónde estás, es una desorientación total. Pero lo que a mí más me desacomodó fueron los salvatajes, los entrenamientos que tenés que hacer como tripulante. Si vas de pasajero, a vos te salvan. Si vas de tripulante, llegado el caso, vos tenés que salvar a los demás. Entonces nos tocó hacer varios entrenamientos. Y ni bien vos llegás, estás dejando tu bolso en la cabina, pensando dónde estarás, el tema de los salvatajes, y lo que menos has hecho de todo es lo de uno, lo musical. Lleva una semana acostumbrarse a todo el ritmo. Una vez que te adaptás, es un trabajo en el que estás todos los días tocando, o sea, trabajando. De los 3 meses, tuve un solo día libre. Lo normal eran 3 ó 4 sets de 45 minutos o una hora por día.
-En las fotos se te ve muy pintón.
-Teníamos que usar smoking.
-¿Cómo es el cruce con el público en un contexto así, a diferencia del Café Tortoni y otros tantos escenarios donde has tocado?
-Todos los tripulantes tienen su espacio aparte en el barco. Una sala para estar, un bar, hasta teníamos un piano. O sea, podíamos hacer cosas internas, sólo para tripulantes. mozos, los que atienden, etc. Y con la gente estábamos porque la gente busca a los músicos, pero en el momento en el que estás trabajando. Lo bueno es que el espectador al estar de buen humor, por estar de vacaciones, recibe de una manera más amena el espectáculo. Y como músico es una vuelta de tuerca porque tenés que tocar mucho, tenés que tocar 3 ó 4 horas por día y para eso hace falta un repertorio gigantesco. Y la gente te pide tal o cual tango o alguna otra cosa y de inmediato se lo hacíamos.
-¿Y si no conocían el tema que les pedían?
-Le prometíamos que en el próximo set se lo haríamos y en el intervalo, ahí nomás en la cabina, lo escuchábamos y se toca así.
-¿Te acordás algún tema puntual que hayan tenido que sacar sobre la marcha?
-Hubo una época que nos tocaron muchos argentinos y se notaba porque eran muy efusivos. Esa es la diferencia de los argentinos (sonríe). Y por ahí un viejo gritó: “Re fa si, maestro. De academia”. Que son dos tangos de una orquesta muy buena. Y no lo conocíamos, sí de nombre. Y en el intervalo yo escribí la parte de violín y bandoneón, la tenía en mi computadora, y el pianista la escuchó dos veces y en seguida la sacó. Al bajista le hicimos otra parte y el baterista la sacó de oreja. Y eso es un ejemplo de lo que tantas veces nos sucedió. Otras veces lo sacábamos, ahí nomás, en el momento. Teníamos que trabajar así porque la gente no es que sea exigente, está de vacaciones y quiere pasarla bien, tienen sus antojos. Es un entrenamiento, para eso, único estar en un barco.
-¿Me decías que el público es más festivo a lo que es el Tortoni, por ejemplo?
-El Tortoni es un poco así también, porque se trata igualmente de turistas. Pero en el barco, al verte todos los días, es como que te van queriendo. Porque al cuarto día por ahí ya están aburridos de ir a la pileta y tienen ganas de ir a escucharte. Había gente que nos estaba esperando en la sala antes de que lleguemos nosotros, porque ya conocían los horarios. Y nos aplauden y piden temas constantemente y se quedan a saludarte. Eso es muy gratificante y la relación termina siendo otra porque te terminás conociendo con el público. Cosa que no se da en ningún otro caso, por ejemplo, si uno fuera muy famoso, te conocerían, pero vos a ellos no. Por eso digo que es una situación única. Con tantos días en el mar, te podés cansar de una cosa o la otra, pero del tango no se cansaban nunca, gustaba mucho.
-Por todos los lugares por donde pasaron y pararon, ¿alcanzaste a absorver algo musicalmente hablando?
-Yo sí, porque fui comprando discos. Salvo en Europa, que fue la primera semana y más o menos fui siguiendo al grupo, luego en cada lugar donde paramos fui comprando discos de todo tipo. Discos que acá uno no encuentra. Hoy apretás un botón y lo bajás, pero estando en otro lugar vas conociendo otras cuestiones, aprendés lo que allá venden, íbamos a casas de instrumentos, las disquerías son distintas y después te rozás con músicos de ahí.
La productora Manos Tierra presentó un show sin desperdicio al convocar a la ciudad a Lisandro Aristimuño
En la semana se vio difundir, por diferentes medios, un cable de la agencia Télam que daba cuenta del espectáculo que convocaría la productora local, Manos Tierra, para el sábado pasado en Acero Eventos. Se trató del cantante Lisandro Aristimuño, quien se presentó en la noche del 23 a las 23 en el contexto del festival cultural a beneficio de Fuerza Natural. Una movida, se podría decir, distinta inmersa dentro de la colorida y nutrida agenda que propuso Tandil para la Semana Santa.
Porque el compositor patagónico, ganador del premio Gardel 2010 como Mejor Album rock pop alternativo, es uno de los artistas con mayor proyección del ambiente musical y los jóvenes de Manos Tierra apostaron a traerlo en lo que significó uno de sus primeros eventos.
Con cuatro discos editados de forma independiente, Aristimuño es considerado una de las revelaciones del rock, pero dentro de su repertorio también mezcla desde el folklore y el pop hasta la electrónica, fundamentaba la cablera.
En sólo cinco años, el trovador sureño se convirtió en una suerte de referente para una nueva generación de cantautores, y refleja en toda su obra su travesía del campo a la ciudad, cerró Télam.
Habrá que felicitar a los productores por comenzar volando tan alto en el sentido artístico; el espectáculo no tuvo desperdicio, desde su puesta en escena, hasta la interpretación y calidez con que sonó el artista. De hecho, fueron muchos los músicos locales que se hicieron presentes para no perderse un show de esta naturaleza.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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