Por sobre todo, fue una buena persona
El sábado por la noche nos quedamos tildados, como que no podía ser, y menos en diciembre, mes de milagros. Pero sucedió. Cacho, que venía desde hace un tiempo con la salud quebrantada por el cáncer, que había dejado a regañadientes su programa de los sábados, el de los tangos y su amada locución, bajó por última vez la escalera larguísima de Radio Tandil y se fue a su casa, a pedido de su señora, de su hija. Se fue, con la esperanza -ésa que es la última en perderse- del regreso. Sobre la mesa del estudio quedó su birome junto a la revista de palabras cruzadas, como esperándolo, porque a pesar de entender la situación racionalmente, se esperaba el milagro que lo devolviera a su lugar de trabajo, a sus afectos.
Cacho era una persona necesaria.
Dedicado a su pasión, la radio, siempre tenía sentimientos encontrados: le quitaba tiempo a su familia por sus compromisos de trabajo, pero saldaba un poco o mucho la deuda cuando hablaba de su mujer con tanto afecto, o cuando refiriéndose a su hija se le iluminaban los ojos y ni qué hablar contando anécdotas de su nieto.
Cacho fue el maestro de muchos, de muchísimos. Los que escuchábamos sus consejos y tratábamos de seguirlos obteníamos la satisfacción de su sonrisa de aprobación y alguna herramienta más que siempre tenía guardada para mejorar la dicción, enriquecer el lenguaje a través de los sinónimos ?obsesión que compartía con el recordado Juan Carlos Gargiulo. Cacho tenía una audiencia cautiva ?como le gustaba decir-, y muy pero muy fiel, que lo siguió desde que Radio Tandil dio sus primeros pasos.
Tenía puesta la camiseta, como todavía se dice cuando alguien tiene sentimiento de pertenencia hacia el lugar donde trabaja. Y vaya si lo tenía.
Otra de las circunstancias que marcaban su perfil era el amor incondicional por el Hospital Ramón Santamarina, donde había pasado mucho tiempo entre operación y operación, entre una internación y otra siendo muy joven a raíz de una osteomielitis. No soportaba que nadie se refiriera al Hospital de manera ligera o con conceptos negativos, ya que ése era un tema con el que no negociaba. Quería a ?su hospital? y lo defendía porque lo había vivido desde adentro. Nadie se lo contó. No sé si ésta era una cualidad o una actitud intransigente, no importa, era un hombre de convicciones y nadie podrá decir lo contrario.
Cacho González era nuestro compañero en las noches de Radio Tandil, cuando teníamos allí nuestro programa y a pesar de que parecía estar absorbido en las palabras cruzadas, surgía de la nada su voz salvando el bache del silencio con su impronta, diciendo lo justo en el momento indicado. Y como buen locutor sabía vender y lo hacía muy bien aun en los últimos tiempos donde lamentaba que la profesión ?tal como lo dijera a este Diario Cacho Fontana hace unos días- se estuviera perdiendo definitivamente.
Era un hombre sano y ético, que en estas épocas no es un dato menor, al que todos querían y respetaban y él amaba la radio, la sentía como propia ?como señaláramos anteriormente- y la defendía como si dependiera de esta defensa el buen nombre y honor de la emisora. Un señor.
No era habitual el no encontrarlo en la radio, pero esto sucedía usualmente durante la Fiesta de la Pastora o el Festival de la Sierra, por mencionar eventos donde era la voz indiscutible. Este año fue reconocido por el Casino de Tandil con el premio Küme Che (Buena gente) y también en el espectáculo ?Arriba el telón? e iba a ser uno de los Destacados 2009 por sus cuarenta años de trayectoria radial. Pero se fue antes. Cacho tenía cáncer, unas horas antes de fallecer nos encontramos con su hija Adriana que nos contó que su estado era muy delicado, pero por esas cosas de la vida se tiene la idea mágica de que un hombre así zafa, y más en diciembre, el mes de milagros.
Se nos fue un hombre con mayúsculas, querido y respetado por Tandil y su gente, con vocación de servicio y que vivió haciendo lo que le gustaba, ser la voz detrás del micrófono.
Lo vamos a extrañar muchísimo, Cacho, porque tal como escribió en su poema Hamlet Lima Quintana, ?hay gente que es así, tan necesaria?.
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