Posición más influencia
-Carlitos.
-¿Tevez?
-¡No! Fernández.
El Mundial todo lo impregna por estos días de triunfalismo bien a la argentina. Lo tiñe de un nacionalismo exacerbado. Lo enjuaga en pasiones sudorosas e irrefrenables. Y lo seca al calor de un devenir furioso al que aguarda la gloria o Devoto. Así, sin medias tintas.
El fútbol entonces se cuela en cuanto recoveco dé lugar, monopoliza y, ergo, posterga. Se vuelve capo de todas las acciones y omisiones.
La política no es la excepción precisamente. Basta con revisar recientes palabras de autoridades que, ahora, pretenden serlo también para el juego de la redonda.
Así es que bien podría prestarse a confusión la identidad del muchacho de Fuerte Apache con la del vecino senador provincial.
Pero no. Las noticias que llegaron desde La Plata al despacho de Miguel Lunghi aludían sin margen de error al Carlitos vernáculo. Eso sí, tan voluntarioso en lo suyo como el delantero del Manchester City.
Sostenían que el hombre viene tejiendo desde su trinchera platense una madeja que enreda al sciolismo. Y esto, se paga, como el error de Demichelis ante Corea del Sur.
Por ahora, todos los pelotazos apuntan al legislador, al que desde la capital provincial califican como un molesto generador de ofensivas, algunas picantes y confusas por igual, como las del llamado ?jugador del pueblo?.
Lo cierto es que cuando la ministra de Infraestructura Cristina Alvarez Rodríguez cerró la puerta a Lunghi y su comitiva, aparecieron en la gestión local algunos fantasmas, como en el descuento coreano ante los de Maradona.
Fernández, cuya tenacidad es a prueba de balas -y de pressing bielsista-, salió al cruce de las versiones y anticipó que de ser fidedignas se estaría ante una situación tan grave como la de Francia en Sudáfrica.
Así las cosas, los días por venir arrojarán más precisiones sobre la llave del cortocircuito político y del avance argento.
En la comuna se aguarda que Scioli sea a Lunghi lo que Maradona a Demichelis. Sin tanta efusividad, pero con madurez democrática. Algo así como la antigua caballerosidad deportiva que hoy llaman fair play.
De otro modo, cuando resta mucho partido por jugar, el equipo del pediatra chocará contra el obstáculo más temido.
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