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Preocupa el crecimiento de población que registra índices de obesidad

El último relevamiento nacional sobre factores de riesgo de la población demuestra que 6 de cada 10 argentinos sufre de obesidad. En Tandil, las cifras son coincidentes. Los profesionales advierten que el trastorno alimenticio se ve fomentado desde la niñez e insisten con la implementación de kioscos saludables en las escuelas.

El Eco

Días atrás se conocieron los resultados de la 4ta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR). El relevamiento realizado de manera conjunta por los Ministerios de Salud y Desarrollo Social de la Nación y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), tuvo por objetivo monitorear la evolución de los principales factores de riesgo que atentan contra la salud de la población.

La importancia de este estudio epidemiológico radicó en la posibilidad de obtener un diagnóstico representativo sobre los agentes de riesgo en mayores de 18 años vinculados a la alimentación, la falta de actividad física y el consumo de tabaco y alcohol, como principales causantes de las enfermedades crónicas que dan cuenta del 70 por ciento de las muertes y la discapacidad en Argentina.

Los últimos datos comparativos, pertenecen al 2013. A diferencia de las ediciones que la precedieron, en esta oportunidad la encuesta contó con mediciones objetivas a una submuestra de hogares, que incluyeron testeos físicos (presión arterial, peso, talla y perímetro de cintura) y bioquímicos (glucemia capilar y colesterol total).

Uno de las señales más preocupantes revela un mayor crecimiento en el porcentaje de personas que presentan exceso de peso, indicador que suma a los que sufren sobrepeso y obesidad. Este trastorno alimenticio afecta en la actualidad al 61,6 por ciento de la población, mientras que en 2013 alcanzaba al 57,9 por ciento.

Para establecer esta medición, se tomó como parámetro el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo los kilos de peso por el cuadrado de la estatura en metros.  El porcentaje de personas que reportaron tener sobrepeso (IMC entre 25 y 30) prácticamente no varió entre 2013 y 2018 aunque quedó demostrado que cada vez hay más individuos con un IMC superior a 30, o sea, obesos.

Más allá de estos resultados, es necesario entender que esta problemática instalada en la agenda de la salud pública, no solo genera una población sujeta a enfermedades crónicas sino que además la ley que aún no fue reglamentada, no permite que los pacientes logren cobertura para el tratamiento una vez diagnosticados.

Tanto el sobrepeso como la obesidad, traen aparejados una gran cantidad de patologías provocadas por la mala alimentación y el sedentarismo atribuído en muchos casos, a la falta de una mínima actividad física.

Según los profesionales médicos la posibilidad de contraer complicaciones de salud, puede derivar en cuadros de diabetes, hipertensión, dislipidemia, insuficiencias cardíacas, infartos, acv, problemas óseos, articulares, apnea de sueño, fatiga, problemas hepáticos y renales, entre otros.

De hecho como parte del relevamiento, las muestras evidenciaron un incremento de la población con índices elevados de glucemia donde 3 de cada 10 se reconocieron con diabetes en la fase de autorreporte, mientras que el 5 por ciento de los individuos que no declararon tener, arrojaron registros elevados de glucemia.

En este marco, El Eco Multimedios consultó a especialistas en nutrición para conocer sobre el índice y características de las consultas y para entender cuáles son los recursos que se pueden desplegar ante esta problemática que la Organización Mundial para la Salud, califica como pandemia social.

En primer término, la Licenciada Luciana Puerta brindó su mirada sobre la casuística en la ciudad e insistió en la necesidad de erradicar el sedentarismo como primer factor de riesgo.

-¿Por qué llega la gente a realizar una consulta y en cuántos casos se da efectivamente una situación de sobrepeso?

-La gente llega al consultorio buscando más un fin estético, aunque en realidad el problema de fondo es de salud. Eso es lo primero que se intenta remarcar en una consulta donde además se presenta el panorama real para que la persona entienda las complicaciones que se pueden dar a futuro si no se ocupa del problema o si no implementa conductas preventivas. Por lo general, las enfermedades crónicas son silenciosas.  En casos como la diabetes, la hipertensión o el colesterol elevado, el paciente no siente un dolor específico o un síntoma a diario y por lo tanto piensa más en bajar de peso para verse mejor, que en mejorar su alimentación para reducir el azúcar o nivel de colesterol. Realmente es preocupante el incremento de enfermedades no transmisibles que se ven en consultorio y que pueden abarcar desde la dislipemia (alteración de los niveles de lípidos en sangre) hasta el cáncer. En relación a los pacientes, estamos dentro de los parámetros nacionales y en 6 de cada 10 casos, se presentan situaciones de sobrepeso u obesidad.

¿Se puede establecer alguna relación entre malos hábitos y la realidad económica?

Si bien el factor económico incide en los malos hábitos alimentarios, siempre dentro de cada presupuesto se puede mejorar la alimentación.
Por lo general los pacientes con bajos recursos registran un elevado consumo de harinas y azúcares, y carecen de la ingesta de alimentos con micronutrientes. Este tipo de experiencia es la que se denomina desnutrición oculta. Como contrapartida, en pacientes con mejores recursos, que son aquellos que pueden tener un mayor acceso a la variedad de insumos que existen en la industria o que pueden incorporar a su dieta alimentos de mejor calidad como frutas, verduras y productos descremados, se da la particularidad que muchas veces seleccionan mal u optan por el consumo de comida chatarra.

-¿Cuánto incide el factor emocional al momento de identificar un trastorno?

-La verdad es que siempre que entra un paciente a mi consultorio con obesidad pienso cuál será la carga emocional que hay detrás de esos kilos. Los problemas de obesidad en la población adulta se relacionan por lo general con el medio ambiente en el que viven. Además existe un factor genético que se dispara cuando el espacio que lo rodea es obesogénico (ambiente que inclina a promover conductas de sedentarismo o que incentiva a comer más y de peor calidad). Hoy en día las emociones juegan un rol muy importante a la hora de comer. Muchos comen por estrés, por aburrimiento, por soledad, aunque también si tienen un buen estado de ánimo, lo celebran comiendo. Son pocos los casos donde la gente atiende a esta necesidad por hambre real y muchos donde se produce una ingesta por hambre emocional.

-Todos los cambios se inician con pequeñas acciones, ¿qué conductas preventivas recomienda?

-Lo más preocupante para la comunidad médica es el sedentarismo. Nosotros vivimos en una ciudad hermosa, con bicisendas, con espacios verdes para recorrer, pero más allá de una disciplina deportiva, mucha gente no internaliza la necesidad del gasto diario de actividad. Por distintas circunstancias cada vez se camina menos. En varias oportunidades pregunto a los pacientes,  ¿cuántas cuadras camino hoy? y la respuesta es ninguna. Es fundamental tener un gasto diario de actividad, y no me refiero solamente a la práctica de un deporte, sino al gasto espontáneo que podemos articular día a día con acciones como ir al trabajo caminando, pararnos varias veces y desplazarnos en tanto el recinto laboral lo permita o por ejemplo, si nos movilizamos en auto, dejar el vehículo a unas cuadras del centro para hacer los trámites a pie. Si no procuramos estas pequeñas conductas, vamos lentamente acumulando kilos a lo largo del año que nos pueden generar la posibilidad latente de contraer enfermedades crónicas a futuro.
Otro tema que personalmente me inquieta, son los kioscos escolares de la ciudad. Allí se comercializan bebidas azucaradas o productos con altos contenidos de sal que nuestros niños consumen al menos dos veces en el transcurso de una mañana. Es de vital importancia comenzar a trabajar en puestos saludables porque es alarmante el nivel de obesidad y sobrepeso que tienen los chicos. En Tandil, uno de cada tres niños en edad escolar está con sobrepeso u obesidad. Este es un tema crucial que debemos atender para delinear propuestas concretas si buscamos proveerles un buen futuro.

 

Psicología de la obesidad

A su tiempo, el Licenciado en nutrición Gerardo Iriarte, se refirió a las causales que operan en un individuo cuya enfermedad subordina otros aspectos vitales que no solo se relacionan con su condición de salud física.

-Más allá de que se trate de un trastorno multifactorial, ¿hay un común denominador entre los pacientes?

-Tenemos que partir de la base que el ser humano, desde su origen existencial por ser cazador y recolector, está orgánicamente preparado para caminar mínimamente seis horas diarias. Pero a medida que pasa el tiempo se comienza a producir un desbalance porque pasamos, por distintas cuestiones, más horas sentados que en actividad. La vida sedentaria, es un factor que se repite en este tipo de pacientes.  A su vez el mundo nos presenta mucha disponibilidad de alimentos que tienen exceso de calorías y que nos cuesta poco conseguir. Si uno piensa en el historial evolutivo, el hombre a pasado más hambrunas que otra cosa y por tanto, la genética nos preparó para que con poquito podamos subsistir. Nosotros estamos genéticamente moldeados para sobrevivir con pocos nutrientes y estamos frente a un mundo que nos ofrece en abundancia sus alimentos. Por otra parte, la industria alimenticia o la publicidad para instalar determinado producto, han generado una especie de bombardeo del que muchas veces cuesta escapar. Después se conjugan otros factores como las dificultades propias que tienen las grandes ciudades donde antes, los chicos jugaban en la calle y se movilizaban todo el día y hoy por cuestiones de seguridad, están mucho tiempo dentro de los hogares con un gasto de energía sumamente reducido. Antes la actividad física era espontánea. Hoy, probablemente quede limitada a un par de veces por semana en la que asisten a determinada práctica deportiva.

-¿Tandil es una ciudad proclive a generar espacios recreativos y saludables?

-En el comparativo con otros distritos su desarrollo permite e invita al fomento de la actividad diaria. Hay muchos lugares para realizar disciplinas físicas pero obviamente tenemos que tener la decisión de utilizar lo que tenemos a nuestro alcance. Hay un porcentaje de la población que se concentra en determinados circuitos para correr o caminar y si bien es un número menor, por suerte esta es una ciudad que imita. Hace unos años, realizamos un estudio donde evaluamos a chicos de Tandil y Gardey y descubrimos por aquel entonces que en esta pequeña localidad,  no había niños con obesidad porque sus hábitos eran distintos y a pesar de no tener una estructura urbana tan desarrollada, cuando salían de la escuela se reunían a jugar al fútbol. Principalmente y más allá de contar con espacios recreativos, la persona debe tener voluntad y motivación para ponerse en marcha.

 

Círculos viciosos

Al decir del profesional, la lucha contra la obesidad en el mundo es una batalla que por ahora se está perdiendo. Las conductas o inconductas de aquellos que padecen este trastorno alimenticio, por lo general los mantienen en una suerte círculo vicioso del que se hace difícil escapar.

-¿El paciente obeso deja en algún punto de mostrarse debido a esta condición?

-No es todos los casos pero sí en una gran mayoría. Hay que entender que quien come en exceso lo hace por diferentes razones que muchas veces están ligadas a su estado emocional. La comida aporta un placer efímero. Me siento mal y como, me veo gordo porque como en demasía y para tapar esa angustia, sigo con la ingesta de alimentos. Estos indicadores crean un círculo vicioso del que finalmente no se puede salir. Las personas se aíslan porque se sienten expuestas, intimidados ante la mirada ajena que se muestra como discriminatoria y entonces, prefieren encerrarse en lugar de involucrarse en determinada actividad para quemar esas calorías. Hay gente que sufre mucho psicológicamente y otros que no, pero de alguna u otra manera lo padecen. Por eso más allá de las herramientas con las que contamos como profesionales para ayudar al paciente, a veces hay que establecer un trabajo interdisciplinario.

-¿Cuál es el cambio de hábito que más rápido se implementa?

-El cambio alimentario, al menos en mis consultas, se incorpora muy bien. Uno establece una especie de sociedad con el paciente porque la dieta va pautada. Dentro de los parámetros cuando los cambios están consensuados, generan alta adhesión y de a poco se van cumpliendo los objetivos. Cuando la gente comienza a bajar de peso, adquiere conductas que no manifestaba naturalmente y por ejemplo, empiezan a verse gordos y esto sucede porque de reprende se animan a mirarse en un espejo, situación que antes de iniciar la dieta, evitaban. Empieza a gestarse un conocimiento de los cambios en su cuerpo que a veces opera favorablemente y en otros casos, optan por boicotear el tratamiento y abandonarlo. En este punto es fundamental trabajar con la psicología de la obesidad.

Sistema sanitario

Si bien en el año 2008 el Congreso Nacional aprobó la Ley de obesidad, aún no fue reglamentada.

Según establece el texto de la normativa la cobertura abarca todos los tratamientos necesarios, incluyendo los nutricionales, psicológicos, clínicos, quirúrgicos, farmacológicos y las prácticas para una atención multidisciplinaria e integral de los trastornos que adquieren así categoría de enfermedad.

Además de incluir la cobertura dentro del Programa Médico Obligatorio (PMO), la ley también suscribe directivas para combatir la obesidad, la bulimia y la anorexia desde el punto de vista cultural. Contempla también la aplicación de políticas tendientes a combatir la discriminación.

En este aspecto, el Licenciado Gerardo Iriarte sostuvo que “la ley no se reglamentó porque el número de personas que padecen este tipo de trastornos es tan grande, que las obras sociales podrían colapsar procurando la cobertura de tratamientos”.

-¿Cómo se trabaja en la ciudad en relación a las políticas públicas para atender este trastorno?

-Se llevan adelante algunos programas pero a mi entender, falta trabajar mucho en lo que a promoción de la salud respecta. Esto es, articular campañas en los medios de comunicación, en las plazas, en las escuelas, en cada espacio. En Tandil se trabaja bien desde la salud pública en la atención primaria pero hay una pata que se podría desarrollar mucho más y hoy no se está llevando adelante. Hay un factor fundamental que es atender la problemática desde la niñez y promover, por ejemplo, los proyectos de kioscos saludables aunque parezcan de difícil implementación. Debemos empezar a concientizar a quienes manejan las cooperadoras escolares que no podemos seguir matando a nuestros chicos. Hay que ponerse firmes en este sentido y procurar que si en los colegios van a funcionar los kioscos, sean saludables o de lo contrario, que no existan. Creo que es necesario buscar alternativas de manera urgente sobre todo en aquellos establecimientos donde los chicos tienen jornadas extensas porque sin querer ser dramático pero sí insistente, estamos matando a nuestros niños.

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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