Presentes
Capeado el temporal que significó la dura puja por los salarios municipales, el gobierno de Miguel Lunghi recuperó algo de su impronta. A la espera de los cambios en el gabinete y la renovación del Concejo Deliberante, el pediatra afecto a los barcos navega en aguas más bien calmas.
Claro que desde las profundidades lo vigilan al acecho todos los peligros del alta mar de la política actual, que eventualmente lo obligarían a dar bruscos golpes de timón.
Lo de los recursos recortados aparece como un escollo insalvable para una gestión acostumbrada a nadar en la abundancia y que tiene en las obras su genotipo.
Lo de la oposición, por ahora, le resulta mucho más sencillo. Hace rato que perdió la brújula y naufraga sin rumbo ni poder de fuego. Ergo, sus críticas por el desmedido gasto político y la manera de establecer ejes prioritarios se esfuman en la espesa bruma de la indiferencia oficial.
Pero retomando a la impronta lunghista, esta semana se anunció la concreción de cordón cuneta a través del fondo sojero, se promocionó el avance de diferentes iniciativas y hasta se volvió a su ritual preferido de domingo: las inauguraciones. No parece demasiado pretencioso, pero le ha alcanzado con creces para imponerse en las últimas cuatro elecciones.
Por lo demás, la creciente demanda social y la inseguridad siguen escribiendo sus propios y dramáticos relatos. Esos que hablan de una ciudad que ha crecido de manera descontrolada y sostiene su rivalidad con cualquier previsión u ordenamiento. Esos que tienen a la inequidad como nudo excluyente.
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