Que el yuyo no nos tape el bosque…
Mientras el frío polar insiste y mantiene a raya hasta al más pintado, el calor del reclamo del campo aumenta. Así, y opuestos, como el frío y el calor, las diferencias se profundizan y la luz del diálogo no parece encenderse a lo largo del camino que ya lleva 81 días y mantiene en vilo a toda la sociedad que, hace rato, sabe que ha dejado de ser espectador para convertirse, quiera o no, en protagonista.
Y ahora, ese protagonismo pide definiciones: ?¿Vos, de qué lado estás??, larga a boca de jarro cualquier interlocutor a quienquiera que esté para escuchar y en todos los ámbitos. Y fácil es decirlo cuando de una charla de café se trata, cuando en la esquina dos se encuentran por casualidad. Total, ahí queda y en nada va a afectar, pero hoy y a esta altura, parece no haber lugar para los tibios, como alguien dijo, porque apremia jugársela aun sin saber al final de este azaroso y angustiante camino, justamente, de qué lado a va a quedar. Ni mucho menos, cómo.
?¿Y cuál es el problema? ¿No te podés expresar con libertad, de qué tenés miedo de quedar pegado??, fue la pregunta para una respuesta que ratifica lo que se sospechaba. ?Y… no sé viste, capaz que después te quedás patinando, de un lado o del otro…?.
Siempre se exigió a los argentinos, casi como un karma, elegir un lado. Ser de uno o ser de otro, lo que no está mal, lo que en cierta forma es lógico ya que, obviamente, no se puede ser dos cosas. Peronista o radical, de izquierda o de derecha, de River o de Boca, ahora campo o Gobierno y así, interminablemente, pero lo que sí llama la atención y daría para sentarnos como país en el diván es el sentimiento de fuerte confrontación que siempre ha acompañado a estas elecciones de ser, en lugar de transitar en una sana convivencia y libertad de conciencia y opinión.
Bombardeados de información, de un lado y del otro; atorados con opiniones y análisis de distintos vuelos y por doquier, la sociedad se siente naufragar en un mar embravecido y sólo espera. Espera un golpe de timón de quienes conducen la crisis, de un lado y del otro; rogando que el sentido común prime sobre todas las cuestiones (políticas) que, claramente, van más allá de los intereses reales de la Nación.
Rogando que el yuyo (como le dijo la presidenta Cristina Kirchner a la soja) no nos tape el bosque y que con un poco de cada uno, con un poco de cada postura, un poco de cada elección, un poco de cada inteligente, se puedan sacar pizcas para que en un cóctel de ideas, con al menos un grado de altruismo y con sentido positivo y pensando en la sociedad toda, se pueda superar este conflicto que hace 81 días empeora lo que ya asomaba fuertemente y traíamos arrastrando con pena y sin gloria: inflación, inseguridad, pobreza, muertes en la rutas y tantas otras cosas que hoy, tan ocupados en elegir de qué lado nos vamos a poner, no nos estamos dando cuenta ni pensando, finalmente, adónde podemos ir a parar.
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