Que le devuelvan a la chica de Guaminí su compu
Marilina llega a El Eco de Tandil con los ojos llenos de lágrimas, explicando, en medio de su angustia, que alguien entró en su casa mientras ella no estaba, el miércoles a partir de las 20, forzando una reja y robándole entre otras cosas su compu.
Apenas puede hablar cuando intenta explicar porqué la necesidad, la esperanza y hasta el ruego para que le devuelvan, aunque sea en un CD, su preciado tesoro.
?Me vine a Tandil ?relata- hace ocho años llena de ilusiones, quería trabajar y estudiar, sabía que mis padres no me podrían comprar lo que se va necesitando a través de la vida y por eso no los forcé, con mi trabajo me fui comprando una bicicleta ?que con el tiempo me robaron-, el televisor, pero no llegaba a la computadora?.
A pesar de aquel robo de la bici, donde sus amigos se esforzaron por explicarle que Tandil no era Guaminí, un pueblo tranquilo donde la gente todavía abre las puertas de las casa para anunciarse y hasta duerme sin echarle llave por la noche-; así y todo la jovencita se negó a creer que en esta ciudad hay gente que vive del robo o de cosas todavía peores. Obviamente la bicicleta nunca apareció, pero el miércoles pasado ya era un dato menor.
Es que la computadora era otra cosa: su papá murió hace unos dos años, sin poder comprársela, pero con el seguro, su mamá alcanzó a regalársela. Ella entiende que de algún modo eso que lo tenía tan mal a su papá en Guaminí pudo cumplirlo, tal vez fue su última voluntad o un regalo a destiempo. Marilina usaba la máquina para recibir mails de sus profesores de enfermería, para trabajar y también tenía guardadas las fotos de su papá, las del último cumpleaños: ?Verlas me hacían pensar que nunca lo olvidaría, hace unos días hubiera sido su cumpleaños y mientras miraba las imágenes, sentía que él siempre estaría cerca de mí?.
Pero la joven que insiste que todo lo que tiene ?o lo poco que tiene- lo consiguió a través del esfuerzo del trabajo y que quiere progresar para llegar a ser alguien insiste: ?No entiendo a la gente que se vale de la maldad ¿es posible estar contento si se ha hecho sufrir a alguien??, se pregunta y a continuación asegura que perdona a quienes hayan sido, a los que por alguna razón lo hicieron y que ella sí quiere avanzar en la vida en base al esfuerzo del estudio y el trabajo, no sacándole lo que al vecino le cuesta tanto conseguir.
-Trabajan de eso de ladrones y no sienten culpa ni remordimiento; por el contrario, cuando llegan a sus casas, lo más probable es que sus padres o con quienes vivan le festejen el hecho.
-¡Pero es tremendo!
-Es la realidad Marilina, Tandil ?como dijo el Intendente- ya no es de los tandilenses. Acá ya no dormimos con las puertas abiertas y cuando entramos el auto al garaje miramos para todos lados, vivimos entre rejas?
La joven me mira como si le hubiera pintado un panorama como para salir corriendo hacia Guaminí. Se calla y continúa llorando en silencio. No es que quiera angustiarla más, pero no es posible comprender y hasta aceptar que a una chica a la que quitaron su tesoro, diga que perdona aunque no entiende.
Por último, pide que si alguien se entera de algún dato avise a la policía y si existe interés por parte de los ladrones en devolverla, llame al celular 155-48346.
En medio de todo el dolor, la bronca y la amargura, le agradece a todos los amigos que la contuvieron, a su novio y a la familia de éste que hace por ella lo que haría por una hija.
Marilina se va del Diario, con los ojos llenos de lágrimas igual que como llegó. Sin embargo, antes de perderse de vista dice algo que me compromete aún más con lo que hacemos a diario: ?Gracias por escucharme?. Ojalá tenga suerte y algún alma sensible se apiade de su pena y le devuelva su tesoro más preciado.
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