Que nada lo empañe…
Pese a la dinámica que adquirió la ciudad en los últimos años, no aparece en mi memoria tan lejano aquel mediodía en que Jorge Blanco Villegas, Miguel Lunghi y Felipe Solá colocaron la piedra fundamental del Hospital de Niños, ante los ojos atónitos de muchos chicos y algo de incredulidad en los adultos. Recuerdo que entonces tuve la sensación de que faltaba mucho para ver la obra terminada.
En las primeras recorridas pensé que el centro pediátrico era enorme.
En charlas posteriores con funcionarios de distintos colores políticos encontré teorías sobre cómo debería funcionar el Hospital que hoy se inaugura, algunas dudas y muchos reparos. Pero también descubrí un brillo especial en algunas miradas, el placer de contemplar el proyecto que tomaba forma y un destello indescriptible, casi emparentado con el fanatismo, en el pediatra que trabaja de Intendente.
En la primera visita guiada por el edificio terminado sentí que cualquiera podría estar cómodo en un lugar tan agradable, que los chicos más postergados tendrían la posibilidad de hallar algo de consuelo en la enfermedad cuando atravesaran un hospital que fue pensado y diseñado para quererlo. Por otro lado, me pareció que cualquier médico estaría contento de trabajar en un espacio tan cálido.
Los días previos a la inauguración tuve bronca. La actualidad, con más de cien días de conflicto entre el Gobierno y el campo, se llevaba puesta a una noticia esperada, a una buena noticia.
Ahora, a sólo horas del corte de cintas, me preocupa que algo lo empañe…
Cierto es que al caminar por las calles se percibe el ánimo desgastado de los trabajadores, el desaliento de los comerciantes, la preocupación de los industriales y, con más fuerza, la protesta de la gente del campo. Pero alcanzar una meta positiva, en beneficio de todos, no puede renegar de convertirse en una fiesta.
Detrás del gesto de Jorge Blanco Villegas hubo muchos otros tandilenses que pusieron algo de lo suyo para levantar este Hospital, y gran parte de la ciudad esperó con ilusión su apertura.
La comunidad apoyó el reclamo del campo desde el primer día, cuando espontáneamente miles de personas salieron a la calle a marchar con las cacerolas. Después aguantaron resignadas, y casi en silencio, sufriendo el impacto de una economía paralizada.
Hoy es un día en que Tandil espera que el campo le agradezca ?la banca?. En definitiva, los hombres pasan y las obras quedan.
La posibilidad de que arribe el gobernador Daniel Scioli puede ser capitalizada de dos maneras. Los tandilenses tardarían en olvidar cualquier exabrupto en una jornada festiva. De igual modo, celebrarían la intención de que ambas partes encaren un diálogo sincero y maduro. Acaso, ¿no es lo que el sector agropecuario pide a gritos desde hace tres meses?
Hoy es un día de fiesta: se celebra la promesa cumplida, la meta alcanzada, el proyecto palpable… Que nada lo empañe…
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios