¿Qué nivel?
Alrededor de una pelea importante pueden escucharse diversos comentarios. En más de una oportunidad, finalmente, resultan mucho más interesantes esas acotaciones para analizar, que desmenuzar la pelea propiamente dicha.
Días pasados, con motivo de la aventura de Mariano Plotinsky en Hamburgo ante el campeón Juergen Brähmer, fue clave una frase escuchada para medir hasta que punto podemos llegar a engañarnos con respecto al nivel boxístico argentino. La desafortunada apreciación que puede ser comparable a hacernos trampas en el solitario fue: ?Ultimamente, como Plotinsky, son muchos los boxeadores argentinos que pelean por un título mundial, lo que significa que el boxeo argentino está recuperando su nivel?. Lo que faltó agregar es que todos esos tentados a llevarse un cinturón, han perdido y la mayoría por nocaut. Ejemplos que recuerdo: en enero el ?Siru? Acosta perdió por nocaut técnico en el quinto con Robert Stieglitz. En un mismo día de marzo Hugo Garay perdió por nocaut técnico en un round con Chris Henry y Jonathan Barros dejó su invicto por puntos con Yuriokis Gamboa. En abril Ezequiel Martínez perdió por nocaut técnico en el 12 contra Ian Zaveck. ¿Dónde está el resurgimiento?
¿Y qué cosa nueva ha aparecido como para creer que nos estamos yendo para arriba? Nada. Si miramos quienes son los contratados para pelear por una corona mundial, veremos que son aquellos que por una moneda han ganado un título de los llamados regionales, lo que los pone automáticamente entre los doce primeros del ranking y por ende quedan habilitados para pelear con el monarca de turno. Entonces, cuando necesitan que el campeón sacuda un poco su modorra, los convocan. Pero? ¿qué argentino ha sido retador obligatorio por estar primero en el ranking? Ninguno, salvo dos hijos pródigos como Maravilla Martínez, el Messi del boxeo argentino, que está radicado en España y Marcos Maidana que se ha entrenado en Panamá y en Las Vegas.
El caso de que Plotinsky fuera a pelear por un título tiene que agradecérselo a la picardía de Hernán Nicolini que, viendo que Thomas Ulrich, un ex campeón europeo con varias peleas titulares estaba al final de la escalera, consiguió que Peter Khöl le aceptara como rival al argentino. Y Plotinsky, trabajosamente le ganó por nocaut técnico en round 11. Ese triunfo -lo colocó sexto en el WBO- lo que lo puso en una inmejorable posición para que aspirara al cinturón frente a Brähmer, que no sólo lo puso en su lugar, sino que le dio una tunda más que generosa. Aunque debemos aclarar que el argentino la soportó estoicamente, pues recibió casi más de lo que humanamente se puede aguantar. La facilidad con que lo vapuleó el alemán fue llamativa, le pegó con la misma impunidad y tranquilidad con que se cachetea a un chico que trae un boletín desastroso.
No nos engañemos, lo que tenemos en el país es todo de cabotaje. Solamente hay un verdadero proyecto que este año deberá consolidarse o desengañarse; Lucas Matthysse, otro que todavía tiene que recorrer algún camino es el ?Tigre? Saldivia y tal vez ?Cotón? Reveco pudiera reivindicarse.
Todas estas otras invitaciones a cobrar buenos dólares y volver con moretones para regalar no son sino producto de la engañosa comercialización del boxeo y de los mecanismos que se han creado para que: ?Cualquier cacatúa sueñe con la pinta de Carlos Gardel?.
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