Que no cunda el pánico
En materia de seguridad es frecuente que desde los gobiernos –en todos sus niveles- se pretenda desviar la atención apelando a la “sensación de”. Fue el discurso reiterado por los oficialismos y la policía, apoyados en estadísticas que poco tienen que ver con lo que pasa en el terreno.
Es una forma de no asumir la realidad y si esta práctica no se hubiese vuelto una costumbre en la última década, tal vez esos mismos actores no estarían reconociendo hoy que el problema está instalado y que es difícil de erradicar.
Cierto es que hay temor entre los tandilenses. Una de las pruebas fue la marcha del último miércoles. Si bien fue convocada por una entidad que defiende intereses sectoriales –el de los comerciantes afiliados a la Ucota-, asistió más de medio millar de vecinos. Un número interesante para la sociedad serrana bastante pacata a la hora de las manifestaciones públicas.
Por otro lado, tal vez siguiendo los consejos del mismísimo Intendente, las familias han tomado una actitud de autoprotección. Se percibe en esos pequeños detalles que cambian la cotidianeidad de un hogar. El cerrar las puertas con llave y activar las trabas o pasadores; prender luces ni bien oscurece o activar la alarma aunque los moradores estén en la vivienda.
Pero también se nota en la demanda en aumento de aquellos dispositivos y tecnologías que sirvan para dormir un poco más tranquilos. Desde las simples y bien ponderadas rejas o sistemas de cerraduras para reforzar los accesos, hasta alarmas y cámaras.
El tema está instalado en los hogares y en las reuniones sociales, en las charlas entre vecinos y en la cola de cualquier comercio. Más allá del temor, la mayoría tiene algo para contar, eso que le pasó a un familiar o amigo con nombre y apellido.
Los equipos de los medios de El Eco observamos un cambio radical de actitud en la gente. Hace poco más de un mes algunos protagonistas dudaban a la hora de hacer declaraciones sobre un delito, pero hoy llaman para concertar las entrevistas y se involucran dando detalles para que no le pase a otro.
Es una expresión de solidaridad. La comunidad ha comprendido que callar se traduce en avalar el discurso de la mera sensación.
Aunque también, sale a la palestra con opiniones de todo tipo, con matices, desde la “mano dura” a un democrático debate de las leyes penales.
El temor se ha canalizado en acción. Y ese miedo que antes paralizaba ahora se transformó en reclamo. Por el bien de todos, que no cunda el pánico.
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