Quebrados
No es novedad que el PJ local está quebrado. Financiera y políticamente. Como tampoco que le demandará menos tiempo y esfuerzo sanar aquella fractura que ésta.
Cuando muchos creían que el Partido, después de la asunción de Raúl Escudero como presidente y algunos gestos recíprocos, refundaba la posibilidad de convertirse en una sólida alternativa al lunghismo, todo se derrumbó como un castillo de naipes.
Bastó que el senador provincial Néstor Auza acercara a Pinto al 800, en la curiosa denominación de ?subsidio personal?, un aporte de tres mil pesos, para que afloraran viejas heridas, jamás cicatrizadas.
Es que Escudero aprovechó para pasarle la factura a su antecesor, Rubén Sentís, al que acusó de haber vaciado, de mobiliario y contenido, al Partido.
El veterano dirigente no se calló la boca. Respondió con una andanada de reproches y terminó de meter definitivamente la cuestión en el terreno de lo doméstico.
En ese contexto, se hace difícil entender la matriz de la discusión por una silla de plástico más o menos, por la factura de la luz y la del gas. Se vuelve impresentable ante la opinión pública la oferta opositora. Se precariza el debate, llevándolo a términos rayanos en lo grotesco.
Así, el PJ local amenaza, y por antecedentes es muy capaz de cumplirla, con dilapidar una vez más todo su capital humano, ideológico, técnico y electoral.
En la vereda de enfrente, entre atónitos e irónicos, observan atentos y no menos regocijados esa tendencia genética del peronismo lugareño a la autodestrucción.
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