¿Quién te cuida?
Pero partamos la historia. Cuando los clubes tenían sus planteles de boxeadores, eran las propias instituciones las que se hacían cargo del cuidado de sus deportistas, como sucede con el fútbol o con otra actividad, que con interés desarrolle ese club. Antes, siempre había un peso para atender una necesidad, un médico amigo para tratar una lesión, porque en definitiva esos deportistas eran el capital que tenía ese club a nivel de competencia o para hacer taquilla en los festivales. Así de simple.
Hoy no tenemos ningún club que capitalice con el boxeo. Tampoco se le puede endilgar a la Municipalidad que se haga cargo de los males y padeceres de boxeadores de gimnasios privados, pues es de ellos toda su responsabilidad, en todos los aspectos del boxeador. Y bien sabemos que no están protegidos por sus propios conductores como debieran. Hoy día los que decidan practicar boxeo deben pensar muy bien dónde se meten, no sea cosa que les prometan debutar a tres rounds, los hagan imprevistamente pelear a seis y encima les paguen tres y el vuelto se lo quede el que lo engrupió. Porque esto pasó y no es cuento.
En una convención de más de 450 médicos en Cancún, por una semana estuvieron disertando sobre el avance de medidas de protección y minimización de riesgos para el boxeador. Una voz, la de Marvin Hagler preguntó: ¿Y quién protege a los boxeadores de ellos mismos? Tal vez fue la más sensata pregunta que por mucho tiempo se haya escuchado, reflexionando sobre los riesgos del boxeo. Soy testigo: un pibe con una várice en el tabique nasal que lo hacía sangrar al primer toque. Hasta que ?alguien? -ni su entrenador, ni su club ni nadie, no hiciera más que alcanzarle una toalla y mandarlo de vuelta a guantear- lo hizo atender por un médico que le quemó la lesión. La recomendación fue que no peleara por treinta días. A los quince fue programado y le dijo a su entrenador: ?si no me dejan pelear me voy a otro gimnasio?. Y peleó.
Con la nueva Ordenanza Municipal, este chico no podrá darse el gusto de hacer lo que quiera. Se le ha dado una herramienta disciplinaria a aquel entrenador que esté dispuesto a proteger a sus pupilos. Algo es algo.
El problema mayor que planteó Conti en cuanto a la atención médica y alguna cuestión colateral es más difícil de resolver. En primer lugar porque no hay una política de fomento de este deporte, ni en al ámbito privado ni en el estatal. El desorden descomunal que hubo el pasado año en la realización y control de los espectáculos se ha corregido. Hasta allí la competencia municipal que marca la legislación está cumplida.
Es muy cierto que el boxeo es el deporte de los pobres que carecen, a veces, hasta de los menores recursos. Es cierto también que los hospitales están atiborrados de gente pobre, y de la no tanto, por lo inaccesible de las obras sociales. Lo ideal sería un departamento de medicina deportiva, pero para montar algo semejante deberíamos estar en plena bonanza económica y haber solucionado primero otros problemas más graves. La frazada es corta.
Las soluciones pueden encaminarse por el lado que tomó la Provincia de Santa Fe al formar por ley la ?Federación Santafecina de Boxeo? o tomar el ejemplo del intendente Hugo Curto en Caseros y montar despaciosamente un gimnasio de boxeo municipal que es gratuito, fomenta el boxeo, saca de la calle a los chicos y les brinda una adecuada protección. De allí salieron Raúl Balbi y la ?Tigresa? Acuña. ¿Cómo devuelve a sus contribuyentes esa porción que destina al boxeo? Simple, los festivales de box son gratuitos, con peleas por títulos argentinos y sudamericanos. Tiene la fórmula casi perfecta. Es cuestión de tratar de imitarlo.
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