Quintero sufrió graves pérdidas por un talud que su vecino construyó sobre el Langueyú
Uno de los límites del predio es el arroyo Langueyú, donde su vecino de enfrente construyó un terraplén de 2 metros de alto y 700 de largo para protegerse de los habituales desbordes del cauce. Ergo, durante el temporal del 5 y 6 de septiembre el agua entró intempestivamente a la chacra que alquila y barrió todo lo que había sembrado.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPeregrinó por distintas áreas municipales, pero sólo consiguió ayuda en la Universidad Barrial, donde participa habitualmente en la Feria Verde. Lentamente, empezará a mover la tierra e intentará reponerse de este durísimo golpe, aunque de no mediar una solución para la obra ilegal que su vecino levantó sobre una de las márgenes del Langueyú convivirá con la amenaza de otra inundación y los pronósticos meteorológicos no son alentadores.
Comenzó a padecer la virulencia del arroyo “el último año, cuando se empezó a levantar la edificación de enfrente. Es como una colonia de vacaciones y vienen chicos de Buenos Aires todas las semanas. Creo que está armado con un subsidio de la Provincia”.
Describió que del otro lado del arroyo, su vecino colocó un tejido olímpico de unos 2 metros de altura y construyó un terraplén de 700 metros de largo para protegerse de las crecidas. “Antes era repartido. Siembre rebalsó el arroyo, pero 10 diez metros para mi terreno y 10 para el otro. El tema es que al hacer el talud del otro lado, los 10 metros en 700 metros de largo, durante 10 horas, ¿cuántos millones de litros de agua son? Es incalculable”, evaluó el pequeño productor. Sumado al temporal en que cayeron 65 milímetros en su zona, el inusitado registro de precipitaciones y la suba del nivel de las napas, que impide el escurrimiento de las aguas que desbordan del arroyo.
“Acá, sin ese talud, han caído 180 milímetros de agua y no nos inundamos. El arroyo rebalsaba, pero no en esas dimensiones. Se compartía. Ahora viene toda para este lado”, dijo y puso como ejemplo el aguacero de 180 milímetros del 28 de febrero de 2013.
Guillermo Petite intentó en una oportunidad hablar con su vecino, pero no alcanzó un acuerdo. Tampoco consiguió respuestas al denunciar la situación en la Dirección de Hidráulica de la Provincia ni en la Secretaría de Obras Públicas del Municipio. “La única respuesta fue de una de las empleadas que nos dijo: 'Uh, con todo lo que va a llover este año´”, lamentó.
“Es una obra totalmente ilegal. Ahora, nadie viene a inspeccionar”, dijo, y mencionó que envió una nota al Concejo Deliberante, a través del concejal del PJ-Frente Para la Victoria Eduardo Ferrer, que recibirá tratamiento en la Comisión de Obras Públicas.
Empezar de nuevo
De las 15 hectáreas que alquila Guillermo Petite, 5 fueron totalmente barridas por el agua y aguardaba a octubre para sembrar zapallo, zapallito, chauchas, en el resto. En la tierra inundada tenía acelga; lechuga criolla, capuchina y morada; cebolla de verdeo; puerro; repollo; espinaca. Toda su producción la comercializa en locales de la zona, además de en la Feria Verde de la Uni Barrial.
“Yo estoy inscripto, tengo permiso de Renspa, saqué todo para que nadie me moleste, para hacer todo lo más legal posible”, resaltó y agregó que el año pasado había tenido una buena cosecha que le permitió agrandar la superficie sembrada.
“Ahora no nos quedó nada. A empezar de vuelta”, confió y repasó que trabaja en la quinta junto a su esposa, con quien tiene tres hijos de 13, 9 y 4 años que asisten a la Escuela de El Molino.
Aún conserva esperanzas de salvar algo. Ya bajó el agua y quedó el barro que cubre las hojas de las hortalizas y las plantas son propensas a morir. “En el día a día, uno ve que es cada más grande la pérdida. No sé hasta cuándo, si es todo, pero arriba de un 80 por ciento, seguro”, evaluó a una semana del desastre.
También describió que en el campo se formaron enormes lagunas, donde flotaban pejerreyes muertos que había arrastrado el arroyo, y el agua con barro ingresó hasta su casa. “A las 3 de la mañana me agarró la desesperación, fui al galpón, agarré una barreta e hice agujeros en las paredes para sacar el agua”, contó.
“Quiero rescatar la ayuda de la Universidad Barrial. Los pongo al frente a Mario Marcusi y Sergio Rumbo, que vinieron y estuvieron en todo momento”, agradeció y contó que los puesteros de la Feria Verde y Artesanal han recolectado algo de dinero para pagar el gasoil.
Calculó que en Tandil hay unos seis quinteros y evaluó que estas pérdidas se van a notar en las fruterías locales. “Esto va a impactar de acá a dos o tres meses, en el bolsillo de la gente, porque esto no pasó solamente en Tandil; pasó en Mar del Plata y en La Plata. El precio de la verdura se va a disparar, la que se va a cosechar en las Fiestas”, analizó.
Un empujón
Guillermo Petite tiene semillas para volver a sembrar. Necesita un empujón con un crédito o préstamos de insumos. Lo más urgente es conseguir gasoil para el tractor, fertilizante y el sistema de riego.
Necesita recuperar los caños de riego de dos pulgadas que le rompió el agua, unos cien metros, para armar el sistema en la quinta. Además, fertilizante para 15 hectáreas, ya que tenía úrea y fosfato de amonio almacenados en los galpones y se disolvieron con el agua. También ofrece devolver estos costosos insumos tras la cosecha.
“No quiero un subsidio ni que nadie me regale nada. Si me pueden dar un crédito a pagar; si yo puedo cosechar, lo puedo pagar”, resaltó con enorme angustia.
En este sentido, contó que en su casa se le mojaron los muebles y electrodomésticos, pero la prioridad es producir para volver a comprar las cosas que han perdido. “No quiero nada para la casa, lo que quiero es seguir trabajando”, manifestó.
Ya sin confianza en el Estado, lo que sí reclamó es que obliguen al vecino a derribar el talud que hizo en una de las márgenes del Langueyú porque volverá a inundarse y a perder los frutos de su quinta.
La basura, otro flagelo
Cuando caen muchos milímetros de golpe, el agua llega con mucha fuerza a la zona de El Molino y arrastra todo tipo de basura que ingresa a las bocas de tormenta en Tandil, viajando por el entubamiento hasta el Langueyú.
Los vecinos de las quintas y viviendas padecen el estado del curso de agua, que se muestra repleto de bolsas que contribuyen a impedir que drene el agua y permiten que se desborde el cauce.
Por este motivo, reclamaron que la comuna encare una campaña de difusión para que la gente no saque la basura a las calles cuando llueve mucho o rige un alerta meteorológico, medida que se ha adoptado en otras ciudades como Capital Federal.
“El Tandil soñado es dentro de las cuatro avenidas”
Al borde del colapso, Guillermo Petite se acercó al Municipio, a la Secretaría de Desarrollo Local, en busca de alguna ayuda. “Me dijeron que para este tipo de circunstancias, que son climatológicas, no hay subsidios, pero sí hay para lo que es el Tandil soñado de Lunghi, que es dentro de las cuatro avenidas. Acá tenemos el Tandil de las pesadillas; allá es el de los sueños”, se quejó.
El productor señaló que “fuimos a Desarrollo Social. Mi señora habló con la secretaria de Lunghi, le dijo que iba a haber alguna solución y hasta hoy nunca apareció nadie acá. Habló con (Oscar) Teruggi y llamó una persona de la oficina, pero no vino nadie tampoco. En Desarrollo Local me atendió muy bien Alejandro Moreno Hueyo, pero me dijo que no había ayuda para este tipo de cosas”.
Tampoco le ofrecieron asesoramiento técnico para conocer el estado en que quedó el suelo, ni semillas o fertilizante, elementos necesarios para conservar el sustento de una familia tandilense que trabaja y sólo necesita una mano para superar la inundación.
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