Realidad vs. Ficción
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl martillero Manuel Martínez preside en nuestra ciudad la Sociedad Española de Socorros Mutuos y fue uno de los más entusiastas defensores de mantener en pie (y en titularidad de la Asociación) el tradicional Teatro Cervantes, lo cual le otorga un enorme mérito.
Los años pasaron, se logró reconstituir la fachada original, pero nunca hubo presupuesto para la remodelación imprescindible. Y cuando parte del dinero estuvo disponible, apenas la quinta parte de lo que demandaría invertir en el teatro, se decidió por otra opción.
Hasta ahí, una decisión que parece razonable.
Se invierte, se gana y se mantiene la propiedad céntrica, cuyo valor crece día tras día, aun pese al deterioro lógico por el paso del tiempo.
Esa es la realidad. Pero hay otra, parcialmente expresada por Martínez.
Quien adquirió tiempo atrás el Banco Comercial, y donde ya empezó a trabajar para construir un moderno shopping, presentó en 2010 los planos en la Municipalidad incluyendo una ampliación que contempla, en el espacio que hoy ocupa el teatro, más locales comerciales (habría 70), y una escalera mecánica que conduciría a un hall que a su vez llevaría al teatro propiamente dicho.
O sea: el empresario abarcaría un espacio que hoy no tiene, ganaría otro para cocheras, y a cambio de ello mantendría la fachada histórica, permitiendo el ingreso por calle Rodríguez y “elevaría” el teatro al primer piso, posibilitando también el ingreso y egreso por la esquina del ex Banco.
Para el movimiento turístico, comercial, cultural y gastronómico, parece un proyecto muy bueno.
La inversión sería millonaria en dólares, y además de comercios, habrá locales de comidas, dos cines y, de prosperar lo antes citado, un teatro.
Sin embargo, por la defensa enfática que hace Manuel Martínez de recuperar el teatro tal y como estaba, y por la clara sensación que tiene de que si acepta el proyecto, la Sociedad Española seguiría perdiendo espacio, suena improbable que prospere la intención del empresario Armani. Y hasta que el tema se trate en comisión. Mucho menos, claro, en asamblea.
La Municipalidad, casi como un convidado de piedra, participa y está en medio de las partes solamente en pos de lograr ganar espacios que redunden en el bien de la ciudad, de sus habitantes y de quienes la visiten.
Si acceden a la voluntad del empresario vecino (que no debería significar pérdida para la entidad, porque reconstruyen otro teatro que por supuesto deberá quedar para la Sociedad Española) quizás Tandil pueda tener en un par de años, otro teatro recuperado.
Si no, seguirá en pie la histórica fachada y en pie también la ilusión de que algún día un quijote decida avanzar con la reconstrucción millonaria de un teatro que aportará a la cultura, pero a sabiendas de que no a su bolsillo.
Lo cierto es que Martínez se muestra muy firme en no ceder (“De última, lo verán mis nietos, pero un teatro histórico como éste, no merece desaparecer”) y aunque se alcen voces a favor de la historia o a favor de tener otra sala, nada impedirá que la entidad titular de esa propiedad haga con ella lo que mejor considere.
Así las cosas, la realidad hoy es un teatro histórico sin vida y con futuro incierto. Y la ficción, imaginarlo nuevo, en pleno movimiento e integrado a la modernidad de un shopping.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios