Record de técnicos
En estos tiempos todos los boxeadores profesionales tienen su record. Tanto en libros especializados altamente confiables como el Record Book o en diferentes páginas de internet se los puede consultar con ciertas reservas. Los records en estos sitios pueden estar incompletos, algunos equivocados con peleas de más o resultados erróneos y, las menos, con malicia, por intereses económicos o inventando peleas para abultar una paupérrima campaña.
Así, puede llegar a saberse cuántas peleas tiene un boxeador, cuántas ha ganado, cuántas ha perdido, si pega fuerte o es flojo de mandíbula. A partir de allí es cuando un promotor serio puede llegar a concretar peleas de verdadero atractivo, tanto entre dos malos, como entre dos mediocres o dos buenos. La maladada dupla manager-promotor por lo general los usa a la inversa y es así como ?arman? las peleas para que gane el caballo del comisario a veces hasta en forma vergonzosa, pues el ?piche? elegido viene noqueado desde el vestuario.
No hace mucho tiempo nos encontramos en un festival de box con el profesor Héctor Morales. Ambos nos hemos criado oliendo aceite verde y alcanfor, escuchando el grito de ?tiempo? y el repiqueteo del punching-ball. Su padre, Raúl, fue campeón argentino amateur, director técnico del gimnasio del club Boca Juniors de Buenos y Aires y de la delegación que viajó a Japón en 1964. Héctor, actualmente es el coordinador de los Equipos Nacionales de la Federación Argentina de Box con una vasta experiencia acumulada como técnico de las selecciones en varios campeonatos en el exterior en dupla con Sarvelio Fuentes. Es también quién da el pase del amateurismo al profesionalismo en lo que se refiere a aspectos técnicos.
Con Héctor tuvimos plena coincidencia en que además de los records de los boxeadores, quienes suben a un rincón deben tener una licencia habilitante (como existía en otras épocas y que impedía que un hermano o el kiosquero de la esquina, para ahorrarse el porcentaje lo atendiera) en la que además, como existe en la de los boxeadores, se anote a quién atendió y cuál fue el resultado. A partir de allí, las autoridades competentes podrían evaluar la capacidad del ?segundo? o del director técnico según sea el caso y proceder de la misma forma que con los boxeadores.
Este control permitiría varias cosas; en primer lugar forzar la capacitación, y además impedir que los improvisados, los neófitos y los aventureros jueguen con la vida de los boxeadores. Que los ineptos tengan que dedicarse a otros menesteres y que por decantación, todos los mercaderes de carne humana, esos que buscan cadáveres para llevar de carne de cañón, vayan perdiendo su licencia.
Soy un convencido que la laxitud en ciertas medidas que antaño contribuían a la seriedad del boxeo y a la seguridad de los boxeadores, son las que en alguna medida lo han llevado en declive desde hace varios años hasta la actualidad.
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