Recuperar la sonrisa … y la autocrítica
Miguel Angel Lunghi no disfrutó, precisamente, de las líneas que ocuparon este mismo espacio hace siete días. Fiel lector de cada columna que aluda a la actualidad local, repitió el ritual dominguero y se detuvo en esta sección para encontrarse con consideraciones que no son, ni remotamente, originales. Tomó casi como algo personal la mención a un ?Cabildo de juguete? que cubre la señorial portada del Parque Independencia, y se disgustó una vez más ante el cuestionamiento a su escala de prioridades a la hora del manejo de los recursos públicos.
Justo es apuntar que el artículo navegó en un riacho de conceptos que han sido reconocidos mediáticamente desde su mismo riñón, como aquello de que buena parte de la clave de su éxito obedece más a la impericia ajena que a las virtudes propias.
Justo es también aclarar que no se objeta su capacidad de trabajo ni su perfil de hacedor, pero sí esa sensación, que a menudo muta en certeza, de que su enorme capital político electoral y la ausencia de una oposición articulada lo han vuelto proclive a desoír cualquier observación. Por supuesto, toda crítica.
El Intendente conduce un gabinete que perdió a sus hombres de principal peso específico (léase Carlos Fernández y Julio Elichiribehety). Por ende, lo que debería haber ganado en transversalidad funcional, lo resignó en capacidad de hacer valer su opinión ante el pediatra. Y eso tampoco es una buena señal.
Entre lo urgente y lo importante, esta semana se repitieron en los medios dos temas que se anticiparon también en estas líneas siete días atrás: Por un lado, un sistema sanitario que se encuentra al límite, con centros privados que se dicen ?desamparados?. Por el otro, una situación social que amenaza con volverse aún más compleja por múltiples razones, que van desde el licuado de la Asignación Universal por efecto de la inflación hasta factores climáticos.
Con todo, dos áreas que desde un comienzo de la gestión fueron consideradas prioritarias, requieren por estos días mayor atención. Sin excusas. Camino al Bicentenario, sería el mejor homenaje a los próceres de otrora. Eso y recuperar el espíritu autocrítico. Más que el ?Cabildo de juguete? que tanto enojó a Lunghi.
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