Recursos y humanos
Y el día menos pensado, el centro comunitario del barrio cerró sus puertas. El argumento menos pensado sostuvo esta medida sorpresiva: Las trabajadoras sociales están de paro.
En 2003, al inicio de la gestión del intendente Miguel Lunghi, los conceptos ?zonificación? y ?descentralización? sonaban por todos doquier. No había inauguración, acto o entrevista en que no fueran mencionados por el pediatra ?que a veces los ?traía en su valija?- o por sus funcionarios de primera línea.
La posterior apertura de varios centros comunitarios en los barrios y dos CIC (Centro Integrador Comunitario) confirmó que la política iba por ese camino, más allá de los discursos. La comunidad lo celebraba.
El modelo intentó que los ?sectores más vulnerables?, como solía llamarlos el ex secretario de Desarrollo Social Julio Elichiribehety, pudieran acceder a la asistencia social y a la salud en su propio ámbito, sin moverse de su barrio. Ampliamente reconocidos fueron los logros en este sentido y la gestión se encargó de difundir los números de atenciones en salud, en ayuda directa e indirecta y de los variados servicios que hacen a la prevención.
Pero se olvidó de un aspecto insoslayable. El trabajo con las personas en los barrios lo hacen otras personas: las trabajadoras sociales. Esta semana fuimos testigos de una escena penosa. Vimos a un grupo de 35 mujeres, con pancartas y bombos, en las puertas de la Municipalidad. El reclamo es por la incorporación a la planta de personal comunal de ocho trabajadoras encuadradas en planes sociales y recategorizaciones para el resto.
Vaya paradoja; las encargadas de analizar en detalle las causas que condujeron a cientos de familias a vivir en la pobreza, las necesidades básicas insatisfechas y problemáticas ligadas a lo social, salieron a la calle a hacer pública su situación de desamparo.
La demanda de las trabajadoras sociales conoce de promesas incumplidas y dilaciones. Pero también duele más luego de un año en el que fueron piezas claves, redoblaron la apuesta y salieron a darle batalla a una nueva cara de la crisis, la del sector que perdió el empleo.
Hoy no reniegan de la estructura y valoran la descentralización en los barrios, pero acusan que ?se olvidaron de los recursos humanos?.
Esta semana volverán a hacer un paro por 48 horas. Dejarán de atender a personas con nombre y apellido para ocuparse de su problemática, ésa que tiene que ver con categorías y números. Una vez más, se pondrán en la piel del que clama por una calidad de vida digna.
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