Redimec ya funciona en su nueva planta del Parque Industrial

La mayoría de los vecinos no lo sabe pero a pocos minutos de sus casas y en silencio una empresa desarrolla soluciones en aeronáutica que son reconocidas y destacadas en el mundo.

Se trata de Redimec, que nació en esta ciudad en 1994, se instaló en la calle Mayor Novoa en 1998 y recientemente inauguró su flamante edificio en un vértice de las calles 4 y 5 del Parque Industrial.

El CEO y miembro fundador Fabián Oyarbide y el subgerente general, Hector Barberón, recibieron esta semana a los ediles Marcos Nicolini -presidente del bloque UCR-, Nora Polich y Adolfo Loreal, a quienes guiaron a través de una extensa y detallada recorrida por las instalaciones.

En espacios muy amplios, funcionales hasta límites espartanos, más de 30 personas se involucran en distintas etapas de un proceso cuyos resultados se aplicarán en aeronaves que surcan los cielos alrededor del planeta.

Pero no solo en aviónica se destaca la empresa, que además de equipar con instrumental cabinas de aeronaves bajo los más altos estándares internacionales, marca fuerte presencia en modernización y desarrollo de soluciones para seguridad, tierra y agua.

Dentro del área terrestre provee e integra soporte en el ciclo de vida de sistemas defensivos, de guerra electrónica y de movilidad para la defensa nacional. Los servicios están destinados a apoyar tareas de seguridad interior y defensa de objetivos vitales.

En barcos remueve obsolescencias y reemplaza tecnología antigua integrándola a través de desarrollos propios con las plataformas previamente instaladas, lo que ayuda a extender la vida útil de las naves, poniéndolas a tono con la tecnología más actual.

El laboratorio de Redimec está equipado con tecnología de punta y sus dos talleres fueron diseñados y construidos a la altura de las exigencias determinadas por los fabricantes de equipamientos, para el desarrollo de actividades de reparación y mantenimiento. Es que, a pesar de ser poco conocida en Tandil, integra un grupo de empresas de su tipo que hacen punta en el mercado global.

Inundaciones y sequías

Los desarrollos de esta empresa también se aplican en el plano militar, civil y también gubernamental, puesto que desarrolla desde semáforos inteligentes hasta un sistema de alerta de inundaciones y sequías. Este último es llevado adelante por un consorcio integrado por el Instituto de Hidrología de Llanuras y la Autoridad del Agua de la Provincia de Buenos Aires, junto a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y a la Comisión de Investigaciones Científicas.

Oyarbide explica: “Consiste en la fabricación e instalación de estaciones de monitoreo de inundaciones y sequías en la vertiente sur de la cuenca del río Salado”. Las estaciones formarán una red que brindará información sobre el comportamiento de variables de interés como la humedad del suelo, la disponibilidad de agua para los cultivos, evapotranspiración y precipitación. Esto permitirá la alerta temprana de contingencias climáticas, facilitando la planificación agro-productiva e industrial y beneficiando a más de 500.000 habitantes de la zona.

Un gigante entre nosotros

Entre cajas negras, radares, visores nocturnos e instrumental construido con técnicas, instrumentos y componentes de última generación, Oyarbide explica que trasladarse al Parque Industrial le dio a Redimec la posibilidad de tener a la mano profesionales de tornería y otras ramas industriales con los que trabajar en piezas a medida para las aplicaciones que lo requieren, puesto que muchos de los instrumentos se fabrican desde cero, partiendo de una placa desnuda y atravesando todo el proceso en la planta de Tandil.

Incluso el corte del aluminio aeronáutico se hace en la nueva planta, que cuenta con un sector de corte. Cuando moderniza una cabina Redimec no solo equipa el instrumental sino que también monta el panel donde se insertan esos instrumentos, para que el trabajo sea perfecto, sin errores de corte o fallas estéticas, aunque fueran milimétricas.

Su liderazgo en el mercado de la modernización de cabinas incluye una filosofía de trabajo flexible que demanda a sus empleados cien por ciento de compromiso pero sin las exigencias del trabajo tradicional. “Acá nadie marca tarjeta porque alcanzar la meta no es una cuestión de horarios, cada uno sabe lo que tiene que hacer”, asegura Oyarbide.

No es la única regla filosófica de la compañía. En la pantalla de su MacBook se lee “el pesimismo jamás ganó una batalla”.

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