Reflexiones sobre (una parte de) la comercialización turística
Vivimos en una sociedad de consumo y, todos –excepto- aquellos casos excepcionales de gente muy espiritualizada, somos consumidores. En distintos grados, la mayoría son normales, algunos son compulsivos, otros muy moderados, pero todos con deseos y ambiciones de obtener aquello que realmente necesitamos y en otros casos lo que deseamos por placer.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPuestos en consumidores en general, actuamos de la misma manera. Culturalmente, hoy, se ha institucionalizado la promoción (“la promo”), la oferta, la tentación para adquirir algo más barato o con más facilidades de pago. Descuentos, cantidad de cuotas, “dos por uno”, son múltiples las variedades de tentaciones para estimular la compra. A la hora de adquirir algo con necesidad o sin ella, buscaremos primero las promociones. Difícilmente se nos ocurra comparar si lo que no está en oferta no es más conveniente. Por ello resulta curioso que cuando cambiamos el rol, poniéndonos del otro lado del mostrador, sea como empresarios, comerciantes, proveedores de servicios o, para hablar específicamente en nuestro caso, prestadores turísticos, de pronto carecemos de empatía y lo que hacemos como tales no tiene un correlato con lo que hacemos como consumidores.
>>Leer el artículo completo en el blog #TURISMOTANDIL de Ernesto Palacios
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