Regresa a escena la obra ?Nada que ver 2?
El teatro oscuro o a ciegas es una técnica que se caracteriza por desarrollarse en una sala completamente a oscuras. Cerrar los ojos abre otra posibilidad de percibir, dice la directora del espectáculo, Marcela Juárez.
Los espectadores asisten a algo que sucede y se dejan estimular por diferentes provocaciones. Viven una situación que es real e imaginaria a la vez. Así, cada función es diferente en cada persona que se deja llevar por las sensaciones, las músicas, las voces, los efectos de sonido, los aromas, el tacto e, incluso, los sabores.
“Nada que ver” empezó como una experiencia creativa, casi como una apuesta a nuevas maneras de actuación, y se trasformó en una propuesta que el público recibió con entusiasmo y adoptó como una manera distinta de acercarse a vivir el teatro.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMarcela Juárez: -Tenemos muchas ganas de volver a presentar la obra. Como siempre, muy entusiasmados, porque ya extrañamos la sensación que produce cada función. El elenco es numeroso y, a veces, cuesta encontrar tiempos para reunirnos porque muchos estamos en otros proyectos. Lo cierto es que las funciones de teatro oscuro generan una sensación muy diferente a otras. Siempre decimos que es una experiencia única para el espectador, pero también lo es para los actores.
-¿Aunque no se haya visto la primera parte se puede ver la segunda?
-Claro que sí. Cada obra es una unidad en sí misma. El procedimiento es igual, pero las sensaciones que presentamos son diferentes. No hay una línea argumental a seguir de un espectáculo al otro. De hecho, muchos espectadores llegan por primera vez a teatro oscuro ahora, porque para la primera versión no consiguieron entradas. Tendremos que volver con la primera en algún momento.
Interesante propuesta
-Es un teatro para sentir, no para mirar. Por eso se desarrolla en total oscuridad. Eso no quiere decir que no se vea, porque cada espectador imagina las escenas y luego del espectáculo recuerda las distintas situaciones con imágenes visuales. En definitiva la imagen es una construcción mental.
Por otra parte el teatro es un modo de ver el mundo, y el mundo está constituido por muchas cosas que no se ven.
Si se pide que se recuerde un día de playa seguramente lo primero que llega a la memoria es el calor, la textura de la arena y, tal vez, la sensación física del relax de las vacaciones.
Sobre esta idea se estructura lo teatral en esta obra, como una sucesión de momentos, con el orden lógico particular que tiene que ver con la forma en que vamos asociando los momentos.
-¿Qué podés contar del teatro ciego?
-El teatro ciego es una técnica relativamente nueva y de poca trayectoria en la Argentina. Actualmente hay sólo dos lugares donde se desarrolla: un centro especializado en Buenos Aires y nosotros aquí en Tandil. Hay mucho por hacer en este camino todavía, mucho para investigar y para crear. Sin dudas, es un camino apasionante.
Múltiples destinatarios
-No hay un límite de edad para presenciarla. Nosotros hacemos todo para que la gente se sienta cómoda y contenida, ya que acceder al teatro en la oscuridad puede generar cierta ansiedad. Han participado chicos desde los cinco años y adultos de todas las edades. Cada uno crea la ficción de acuerdo a su propia experiencia. Ese, creo, es uno de los logros del espectáculo.
-¿Qué experiencias y devoluciones han tenido de y con el público?
-Cada función es una fiesta. Nos sorprendió la respuesta del público desde el principio. Las personas se divierten, se emocionan, sobre todo se sorprenden de todo lo que pueden vivenciar en la oscuridad.
Vamos a cumplir casi cien funciones de teatro oscuro, todo un récord para Tandil y eso habla de una experiencia única, de una afluencia de público no habitual.
Nos ha pasado con turistas que vuelven a Tandil y se acercan a la sala para volver a ver la obra o preguntar si hay otra “nueva” de teatro oscuro. Una enorme satisfacción para nosotros.
Preparación especial
-Todo un desafío y un descubrimiento. La forma de dirigir es distinta a otras obras y tuve que ir creando procedimientos, modos de construir el trabajo actoral y, al mismo tiempo, convenciendo a los actores de que todo lo que sabían hacer no les iba a servir para este trabajo.
Esta es una técnica que falsea la actividad del actor, sobre todo, porque atenta contra su ego, ya que va contra la naturaleza del actor que actúa para que lo vean. En “Nada que ver” el protagonista es el espectador.
-¿Cómo debe prepararse el público que los quiere ver?
-No hay preparación necesaria. Sólo tienen que ir dispuestos a disfrutar. Es más sencillo de que lo que parece. Es cuestión de apagar el celular por un rato.
Las entradas en venta, anticipadas y con descuento, pueden adquirirse en El Eco Multimedios.
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