René Lavand atrapó al público con su magia
Filmada íntegramente en la ciudad, más precisamente en la cabaña enmarcada en un bucólico paisaje, el film muestra al contador de historias entre juegos de barajas que remata cada relato con el broche de oro del asombro. En la pantalla se ve al René vecino, al esposo compañero, al hombre de las humoradas socarronas, al profesional experto y seguro. Al cabreado e impaciente por lo que espera y no llega, y al cansado de enviar remises al fin del mundo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailNéstor Frenkel, el director, capta los mejores climas íntimos en la casa de René y Nora, y es posible ver a la pareja disfrutando de la comida y del buen vino o a un René que cautiva y divierte con su humor, al que de vez en cuando lanza una palabrota, y a Nora eligiendo material de archivo que se ve a lo largo de toda la película. Ella cuenta amorosamente los años que llevan juntos y él asegura que son los más estables de su vida.
Con la frase que lo hizo famoso, y que creó a partir de sus juegos “no se puede hacer más lento”, se sucede una serie de escenas de naipes, paño verde e ilusión, que el público disfruta y aplaude, porque como se escuchaba anoche en la sala a más de uno decir: “Es imposible. No puede ser”.
“Sólo se trata de ilusión”, dice Lavand, el hombre que perdió una mano, pero gracias a la magia del cine juega un contrapunto con su derecha y tal vez ése sea uno de los momentos más emotivos de la película, porque cuando la cámara se apaga, René debe recuperarse del auto engaño, como lo hizo tantos años atrás cuando aquel accidente le cambió la vida: “Podría haber seguido en el Banco… podría estar jubilado ahora… estaría tomando agua en vez de este buen vino”, remata y se ríe.
Néstor Frenkel realizó una película maravillosa, mágica, que está recibiendo excelentes críticas de los especialistas. La trajo a Tandil para que los vecinos la disfruten y ayer por la noche se mostró muy satisfecho por la devolución que le hizo la platea.
“El gran ilusionista” no es una película más, es la de René Lavand, el niño que se levantó sobre la adversidad. El hombre que creó su propia leyenda.
No es una película más, decíamos, claro que no.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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