René Lavand, el hombre de la ilusión y el buen show
La nota firmada por Camilo Sánchez trata de una serie de preguntas que el mismísimo entrevistado se realiza y contesta. En el caso de René, muchas de las preguntas terminan siendo respondidas con otro interrogante, muy a lo Lavand, a lo que el ilusionista nos tiene acostumbrados.
Y vale rescatar algunos párrafos, que lo pintan de cuerpo entero al autor de “No se puede hacer más lento”, del muchachito que se levantó por sobre la adversidad cuando tenía apenas nueve años: “Perdí parte de mi brazo derecho a los nueve años, fue en Coronel Suárez en un accidente automovilístico jugando al carnaval. Ni al día siguiente del accidente me acorde de él. Lo olvidé para siempre. Hay una defensa natural en el alma del hombre para que eso ocurra. La casualidad quiso que justo antes de ese percance había aprendido un juego de cartas que me enseñaron mis padres. Me exigí y llegamos a esto”.
-¿Dónde se aprende el relato de una ilusión? ¿Dónde se aprende ese otro juego del lenguaje” es la respuesta interrogando siempre como sólo sabe hacerlo él, con misterio, poesía y mucha pero mucha ilusión.
Sabido es que Lavand es un melómano, por eso cuando señala que “la gente también quiere saber si tuve algún maestro” hace referencia a tres grandes clásicos, Vivaldi, Mozart y Beethoven, y prosigue: “Eso se llama sinestesia, lo contrario de anestesia, es gente que te despierta, en un acto totalmente irreflexivo uno recoge de la música, que es el equilibrio armónico de los sonidos y los silencios, el mandato de la forma. De la música aprendí el equilibrio armónico de una composición de cartas. Las pausas justas”.
Un fenómeno, un artista con mayúsculas que siempre le sigue encontrando diferentes maneras poéticas de referirse a la vida y que asegura que se retirará de los escenarios… “cuando se retire Mirtha Legrand”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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