Responsabilidad social
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailQue toda la sociedad coincida en que la responsabilidad social nos incumbe a todos y no excluye a nadie sería un gran logro, con el que nos gustaría soñar. Que nadie intentara delegar estas responsabilidades y que todos pudiéramos sentir que un gran objetivo para nuestra vida es poder participar activamente en la responsabilidad social.
Pero, ¿qué implicará esto? La responsabilidad social es la preocupación y la ocupación sobre los problemas que afectan a la mayor parte de la sociedad, especialmente a los más desprotegidos, esto es, los sectores más vulnerables.
Derecho a una vivienda digna, a un empleo digno, a buen vestido y alimentación, a la educación, a la salud, y tantos derechos más.
Estar de acuerdo en que todos los habitantes del suelo argentino tienen derecho a tener satisfechas estas necesidades básicas sería un logro.
Los pobres deben desaparecer, sería lo mejor, que no existieran. ¿Será posible lograr esto sin la llegar a exportarlos o a invisibilizarlos?
Algunos nos han hecho creer que es algo imposible, que pobres habrá siempre y que debemos acostumbrarnos a ello.
Yo quisiera creer que los argentinos podemos alcanzar tan loable objetivo. ¿Cómo se logra?
La única posibilidad que vislumbro de dar cierta luz a las grandes problemáticas planteadas es con una fuerte acción del Estado en materia de conservación y creación de empleo, construcción y mejoramiento de hospitales públicos, construcción y mejoramiento de escuelas públicas, planes populares de viviendas. Para todo ello el Estado está capacitado para hacerlo. ¿Qué te sucede cuando ves las colas a la mañana en los hospitales? Yo pienso que es denigrar aún más a la pobreza. Creo que el Estado debería construir más hospitales, o contratar más personal, para que todos puedan ser correctamente atendidos. Lo mismo sucede o debería suceder en materia de educación y vivienda. ¿Cómo puede el Estado realizar tantas obras? Sólo hay una respuesta: con dinero, el vil dinero que maneja nuestra sociedad.
Y el dinero, ¿de dónde sale? No le queda otra alternativa al Estado que recaudar dinero de los sectores más favorecidos, en un intento de equilibrar la balanza social. Son los famosos impuestos, que tanto nos cuesta pagar y sobre los cuales tantas evasiones hemos realizado. Sí, ya sé, lo he escuchado muchas veces: pagaría con gusto mis impuestos si estos fueran realmente a los sectores más carenciados, pero no voy a pagar con mi dinero la campaña oficialista.
Excelente motivo para dejar de pagar impuestos, o pagar lo menos posible, involucrando al Estado corrupto como el culpable de que hayamos dejado de cumplir con nuestra responsabilidad social.
No tengo las herramientas para justificar el gasto social del Estado, pero es enorme, y si todos nos negáramos a pagar nuestros impuestos, entonces todas las acciones positivas que el Estado debe de realizar para con los sectores más desfavorecidos quedarían en la imposibilidad de llevarlas adelante.
Entiendo las sospechas de un Estado corrupto, aunque creo que también uno debe ser ciego para no ver todo lo que el Estado invierte en el bienestar social y en obras públicas.
¿No son éstas obras reales? Quizás puedan ser insuficientes, pero las realizadas deberían de ser reconocidas como el cumplimiento de parte de la responsabilidad social del Estado.
Después nos solemos dedicar a catalogar a los impuestos como justos o injustos. Generalmente, cuando afectan el bolsillo propio son injustos.
Así fueron injustas las retenciones móviles, con las cuales hoy el sector agropecuario estaría mejor. Pero eran injustas esas retenciones, pues el Estado se llevaba la mayor parte de la ganancia. Pregunta: ¿No es esto cumplir con la responsabilidad social? Si lo que sobraba era tan poco podrías poner en venta tu campo, que según se nos dijo, el pequeño productor, de 100 ó 200 hectáreas, vivía en la pobreza. ¿Es pobre alguien que posee un capital de 1 o 2 millones de dólares? Es cierto, el Estado obró mal al intentar dividir la opinión pública y no agotar los caminos de diálogo, pero creo que debe ser difícil ver cómo en el mismo país que gobernás unos mueren de hambre y otros mueren de risa. ¿Acaso no decíamos todos que se debía hacer algo con los que morían de hambre en el Chaco o en Tucumán? Esto no puede pasar en nuestro país, decíamos, un país tan rico. ¿Con qué se puede saciar el hambre de esa pobre gente? Con alimento que se compra con dinero de los impuestos. Pero cuando esos impuestos nos tocan el bolsillo nos quejamos y nos olvidamos de aquellos que mueren de hambre.
La oposición propone ahora que el bienestar social sea logrado por la solidaridad, y esta palabra se ha encarnado en los discursos de los sectores agropecuarios. ¿Podés imaginar a una asamblea de productores rurales construyendo un hospital, contratando profesionales, pagando sus salarios? Mi imaginación no da para tanto.
Estoy convencido de que la solidaridad es un paliativo para todo lo que el Estado no puede realizar, pero es el Estado el responsable de asegurar los derechos básicos de los sectores pobres.
Si dejamos que la solidaridad de los que más tienen sea la que intente equilibrar la balanza social estamos destinados al fracaso. La solidaridad suele ser un hermoso sentimiento que se agota en el creciente individualismo. El bienestar social no puede depender del voluntarismo de los que más tienen.
La responsabilidad social es una obligación de los que más tienen, y es el Estado aquel que debe procurar que los sectores más empobrecidos puedan ver cumplidos sus derechos, y esto, ineludiblemente, recaerá sobre los que más se han beneficiado.
Adrián Porcio
DNI 20.416.455
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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