Rocambole
Por Marcos Gonzalez
(marcosggonza@eleco.com.ar)
Suele pasar con los escritores que uno descubre en la adolescencia: lo acompañarán por el resto de la vida.
No todos, claro. Pero si el escritor reúne dos o tres requisitos que me sería imposible definir, marcarán para siempre nuestra existencia.
Me sucede cada vez más a menudo encontrarme con situaciones descriptas en algún cuento de Edgar Alan Poe o comparar alguna vivencia (propia o ajena) con la de personajes torturados de Horacio Quiroga.
No son escritores ni libros para adolescentes, sin embargo, por alguna razón que alguien sabrá definir mejor que yo encuentran en la adolescencia un público incondicional y eternamente agradecido.
Quizás ahora gocen de ese favoritismo autores como Joanne Rowling (“Harry Potter”), Clive Staples Lewis (“Las Crónicas de Narnia”) o Stephenie Meyer (“Crepúsculo”).
Tal vez sean para los adolescentes de hoy lo que para mí fueron Hermann Hesse, Jack London, Cortázar, Hemingway o Bukowski.
Hubiera cambiado, en esos años y hoy también, buena parte de mis pequeños tesoros por una buena charla con alguno de ellos.
Será por eso que de tanto en tanto busco en mi biblioteca uno de sus libros con la idea de encontrar la fascinación de aquellas primeras lecturas. No lo consigo por lo general, pero siempre encuentro en una frase, en un párrafo, una nueva razón para maravillarme.
Creo que más allá de las edades, las épocas y las circunstancias, hay hombres y mujeres que tienen una capacidad esencial para comunicarse con chicos y jóvenes. Y eso es un don.
Algo de eso debe tener Ricardo Cohen, Rocambole. Sus dibujos, su arte, acompañaron al menos a dos generaciones de argentinos.
Las portadas de los discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota -su obra más conocida- ya trascendieron las fronteras del rock y forman parte de la cultura nacional. Por su valor artístico y por esa aceptación popular que las estampó en remeras, mochilas y hasta en tatuajes.
El viernes pasado estuvo en Tandil invitado por La Cámpora. La excusa fue dar una charla sobre "Arte y diseño, un cruce significativo". Y digo excusa, porque el motivo real de su visita fue darle la posibilidad a cientos de chicos y jóvenes de escuchar, conocer y hablar con uno de sus referentes. El club Defensa se abarrotó de juventud.
En algún reportaje Cohen bromeó sobre el misterio de su edad: "Es un secreto oculto, enterrado en una tumba europea, cerca de Transilvania. Pero me fui adaptando. En los tiempos de las cavernas de Altamira usé el carbón, en el renacimiento, óleo, y ahora en 2000, una Macintosh", confesó.
Será por eso, que a primera vista parece que tuviera más de 50, pero a medida que uno lo escucha, infiere que es más joven. Y si se lo ve hablando con adolescentes, no caben dudas de que es uno de ellos.
Quizás uno de los secretos sea la sencillez; esa virtud con la que se nace, que se pierde en algún descuido y que muy pocos recuperan.
Sencillez que en el caso de Rocambole se explica en una pequeña anécdota. El viernes, tras la charla que dio en el Defensa, le contaron que en oportunidad de un festival juvenil celebrado días atrás, un grupo de pibes había pintado un mural basado en la portada de "Oktubre", uno de los discos de los Redondos.
El sábado, Cohen consiguió un poco de pintura, un pincel y sin que nadie se lo pidiera, al pie del mural dejó su impresión: "Gracias a todos".
Gracias a usted, maestro.
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