Roque Pappalardo contó su verdad y dijo que no tuvo nada que ver con el crimen de Moreno
No fue una audiencia más la de ayer. Desde el inicio, más precisamente antes que se emplazara el Tribunal en la sala de audiencias, un joven del público –hijo de uno de los testigos que fueron secuestrados y torturados- soltaría una seguidilla de improperios e insultos cuando los acusados apenas se sentaron. Debió ser retirado, sin más. Luego devendrían una seguidilla de más testimonios del horror del terrorismo de estado en la ciudad y, como corolario, la palabra de uno de los acusados.
Sí, confirmando la especulación de ayer, el ex militar Roque Italo Pappalardo quiso declarar. Puso sus condiciones –no aceptaba preguntas-, e iba a exponer lo que a su entender lo exculpa de las responsabilidades que le endilgan por el homicidio del abogado Carlos Moreno en la quinta de los Méndez.
Su relato sería seguido en un silencio sepulcral, con la expectativa que dijera algo nuevo de lo que vino siendo el argumento de los imputados y condenados castrenses a la hora de referirse a lo ocurrido en aquellos años de plomo. Pero aquella expectativa se iba esfumando con el paso de sus propias palabras. Empero, no dejó de puntualizar -a insistencia del Tribunal- sobre el hecho específico del homicidio de Moreno que no tuvo responsabilidad alguna ya que apenas era el jefe de operación logístico, que la comunicación radioeléctrica que le endilgan no existió y puso en duda el testimonio de los testigos del caso. Así, pediría que se lo juzgue con la honorabilidad que merecía y que se concluya en su absolución (ver aparte).
Cerraría así una nueva semana de juicio rumbo al desenlace de una histórica instancia que la ciudad protagoniza. Tras el nuevo cuarto intermedio hasta el jueves venidero, Tommasi, Pappalardo y los Méndez (Ojeda no estuvo presente en la sala) volvieron a salir raudos y fuertemente custodiados ante el acecho de los manifestantes que buscaron descargar la bronca de lo que había pasado adentro a puro insulto a la virulenta salida de los detenidos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLuego se sucedieron declaraciones de otras tantas víctimas de aquella represión, que apoyaron nuevamente la hipótesis acusatoria sobre el rol de Pappalardo como de Ojeda, quien llamativamente esta vez no quiso estar en la audiencia, justo cuando dos de los testimonios lo iban a reconocer como el que los detuvo y participó de la privación ilegal de la libertad.
Resultaron conmovedores los dichos de aquellos que ayer atestiguaron frente a los jueces, frente al recuerdo que aún los acongoja y les quiebra la voz a la hora de reconstruir lo sufrido. Con lágrimas de dolor Celso Gómez, Jorge Puggioni, Carlos Saglul y Walter Fernández, recordarían aquellos tiempos de tortura y vejaciones.
Los últimos tres aportarían indicios sobre la posibilidad de haber estado detenidos también en la quinta de los Méndez y de haber escuchado que algo había pasado con algún detenido (Moreno) que lo habían matado porque había intentado fugarse. En cuanto a Puggioni, sería más contundente a la hora de involucrarlo a Ojeda, de quien no tuvo dudas en reconocerlo como quien procedió a detenerlo y luego, incluso amenazarlo de muerte apuntándole con un revólver en la cabeza en plena detención.
Tras aquellas exposiciones cargadas de dolor e impotencia, limitadas a la hora de detalles puesto que sus historias actualmente son parte de una investigación penal, llegaría otro testimonio, el de uno de los sindicados como responsable de aquellas atrocidades, el ex militar Pappalardo.
La historia escrita por Pappalardo
Anticipó que se iba a referir a tres aspectos. Por un lado la organización del batallón logístico, sobre el que describió en tres niveles: el de combate, el apoyo de combate y elementos de apoyo logístico.
Pappalardo describiría entonces los elementos de apoyo logístico sobre lo cual dijo tener algunas diferencias técnicas para con lo que había expuesto el fiscal Adler.
Así referiría que el S3 de un batallón logístico depende de la Brigada, a quien se le hace el apoyo logístico como de los elementos que se le sumen del comando.
El apoyo logístico consistía en la provisión de municiones, arreglo de vehículos, sanidad, intendencia
“El señor fiscal confunde lo que es una unidad de combate con una unidad logística. Esta no prepara ni apoya de ninguna manera operaciones militares, se trata precisamente de operaciones logísticas”.
Marcando su segunda diferencia con el ministerio público, dijo que tomándose de las declaraciones del señor “Suárez”, califica la operación de cerco como una operación factible para el batallón logístico y “eso es un error garrafal”, aseveró, para añadir que la operación de cerco requiere un control en los 360 grados, un número importante de tropa, de inteligencia, y gran movilidad. “Por eso esa operación de cerco no la puede ejercer el batallón logístico”.
En síntesis, Pappalardo quiso decir que la unidad que estaba a su mando no tenía injerencia en la “lucha con la subversión”.
A posteriori leyó lo que dice el reglamento contra la subversión, “que se me ocurre que se le pasó por alto al fiscal”.
El artículo 4013 determina qué elementos pueden ejercerse para operaciones contra subversivos. Elementos ideales, regimiento de infantería por su movilidad y capacidad de desplazamiento. Luego viene el regimiento de caballería, después vienen las unidades de combate”.
Comunicación nunca pudo haber. “Cuanto menos estoy mintiendo si digo que desde los patrulleros policiales se comunicaban con el Ejército”.
Luego aludió sobre una radio experimental que el ejército tendría y eso fue taxativamente aclarado. “Acá en el Ejército no existe ninguna radio experimental”.
“Cuando el señor Ojeda, y lo digo entre comillas –siguió-, dicen que lo han detenido y que se comunicaron conmigo, no podía hacerlo porque no hay manera”.
Pappalardo afirmó que era cierto que hubo un detenido, “pero permítaseme la comparación entre un hombre de bigote, alto y entre un hombre bocón, sin bigote y con una marca en la cabeza. Todos los testigos convergieron en que el tal Ojeda era el de la marca en la frente, bocón y sin bigote y que tenía una voz provinciana”, aclaró.
Arremetiendo nuevamente contra el fiscal sostuvo que “habla con generalidades, en ninguna oportunidad fijó con precisión el famoso cómo, qué, cuándo. En ningún lado dice que Pappalardo dispuso. Tal es así que en un párrafo en particular el fiscal me acusa de coautor y responsable de la muerte porque habría tenido una comunicación radial por una persona que dicen que fue Ojeda y habría autorizado que lo liberaran”.
Pappalardo insistió en que “hay algo elemental para cualquier actividad: comprobar. Una llamada radioeléctrica no comprueba absolutamente nada”.
El juez Falcone, le preguntó a tono aclaratorio si las unidades de combate y de logística no luchaban contra la subversión, a lo que el imputado dijo que las unidades de logística no estaban en esa lucha, porque el batallón logístico no contaba ni con medios ni estaba capacitado para eso.
Falcone le repreguntó dónde estaba ubicada la unidad logística, a lo que el acusado respondió que en Tandil. “¿Y la de combate?”, preguntó otra vez el magistrado. “También en Tandil”, dijo el ex militar.
“Mal me pueden endilgar tareas que hubieran sido propias de un jefe o comandante de batallón. Yo era el tercero en la escala del batallón, no podía salir de las normas con que se regía el batallón logístico siendo que tenía dos superiores arriba”, agregó.
Después el acusado reseñó que “nueve años después surge un nuevo desencuentro. Aparece la señora de Posal y una suerte de confusión de días. El hecho que yo conozco ocurrió el 3 de mayo, en donde intervino la policía, donde hubo tiros, corridas, gritos y no hubo muertos”.
“El 4 de mayo –siguió- sí aparece la señora Posal con su versión particular. La señora el día 3 estaba a 70 metros de donde ocurrieron los hechos y no escuchó nada. Raro, no escuchó nada”.
Para Pappalardo, el fiscal hizo un entrecruzamiento entre lo que pasó el 3 y el 4 y así “cierra lo que dice la señora de Posal…”
El juez volvió a interrumpir su relato para aclararle que estaba realizando una impugnación de todo lo que en el juicio se estaba ventilando, impugnación que es propia del alegato, pero que su declaración ahora tenía que ser sobre los hechos que se le imputan, sobre la muerte de Moreno.
Así, el ex militar retomaría diciendo que “surge otra cuestión, en el lugar donde teóricamente se mató a Moreno estaba el que huía, los dos que lo perseguían, la policía, el ejército y la auxiliar del juez federal. Entre ellos nadie investigó lo que ocurrió, al menos resulta raro”, espetó.
Pappalardo subrayó que el fiscal “habla en general de lo que los libros hablaban sobre la estructura del Ejército para matar, de la estructura genocida y demás, y se refiere a Tandil. Yo apelo a usted, que sé que es un juez de la ley que recordemos dos temas. Uno para el señor fiscal, que tiene la misión de buscar los culpables. Aquí se refiere a temas antiguos y no buscó a los culpables del caso”.
Finalmente se refirió a lo que el juez le hizo llegar días pasados sobre el informe técnico de la división de comunicaciones convencionales. Pappalardo leyó un párrafo en la que los técnicos señalan que los transistores en cuestión no podían funcionar bajo distintas frecuencias.
Otra vez el juez lo inquirió diciendo que si iba a leer el informe que sea textual, no sólo la parte que le interesaba. Así se desprendería que las conclusiones del informe no eran tan determinantes, más bien las conclusiones del técnico refería que no se podía precisar si podía haber comunicación o no.
Después el ex teniente buscaría describir la situación vivida durante esos años, a lo que el juez lo volvió a increpar: “Nosotros no estamos juzgando la guerrilla, estamos juzgando un homicidio”, a lo que Pappalardo pidió disculpas.
“Señor Pappalardo, la cuestión de la fe no tiene que ver nada con el proceso penal. Esto es un juicio, no es una misa, cada uno tiene sus creencias, y además la Constitución de la República Argentina le garantiza a los imputados hasta el derecho de mentir” espetó Falcone y provocó el espontáneo aplauso del público, a lo que el propio juez pidió abortar las manifestaciones-. “No hay que confundir (explotaron los aplausos), esto es un juicio y hay que conducirse con respeto y tenemos que hacer el mejor de los juicios. Acá la religión no tiene nada que ver, puede hacer la defensa de sus intereses sin meter la religión”.
Por último, Pappalardo quiso dejar sentado que entendiendo “la serie de vaguedades que se han dicho en esta acusación entiendo que quien preside el juicio sepa corroborar dónde está la verdad y ser juzgado honorablemente como creo merecerlo y requiero la absolución”.
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