Sacale una foto
Por Marcos Gonzalez
(marcosggonza@gmail.com)
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Como se ha consignado en las páginas que preceden a esta columna, esta noche se inaugura una muestra homenaje a los reporteros gráficos tandilenses.
La idea, que surgió del fotógrafo Martín González, está buena. Por un lado, porque siempre es bienvenido homenajear al hombre y la mujer que trabajan. Sean reporteros gráficos, oficinistas, plomeros o docentes.
Además, por el objeto mismo de la tarea, la labor del reportero gráfico transita por los senderos del arte, aunque pocas veces se lo reconozca como tal. Que el sitio elegido para la muestra sea el Museo Municipal de Bellas Artes hace también al reconocimiento.
Una buena manera de comenzar este escrito hubiera sido marcar una característica puntual que identifique a los reporteros gráficos. Podría haber dicho que son parcos, de pocas palabras, condición en la que bien se enrola Gustavo Mujica, un tipo que puede pasar toda una jornada de trabajo sin emitir sonido.
Pero está Luis Veloz, que rompe con esa tipología. Además de locuaz, para cada ocasión y circunstancia tiene un chiste (sus preferidos son los de doble sentido) y es imposible, por más ensimismado que uno esté, en algún momento evitar la carcajada.
Rody Becchi también encajaría dentro de esta característica -locuaz, alegre-, salvo que por alguna razón algo le caiga mal y se agarre semejante luna que mejor dejarlo solo hasta que se le pase.
Con ellos tres, Gustavo, Luis, Rody he tenido el gusto de trabajar y me temo que el resto de los muchachos que integran esta muestra (Miguel Iademarco, Tefa Schegtel, Leonardo Lanz y Juan Manuel Montaruli) respondan a éstas y otras características. Que no los hacen únicos, pero sí distintos.
El reportero gráfico de Tandil es todoterreno. Cubre un accidente, un partido de fútbol, un cierre de campaña y un casamiento. A veces, al mismo tiempo.
Es el que soporta los insultos de las hinchadas cuando se pone detrás del arco de su equipo, esperando el gol que quizás nunca se dé. O peor, que se dé en abundancia.
Es el que llega primero al lugar del accidente y muchas veces tiene que bancarse las bravuconadas del que chocó y no quiere salir en el diario.
Una vez que la foto salió publicada, es el que tiene que aguantar los reproches del político estrella que se cree más lindo de lo que es y le recrimina `vos siempre me matás con las fotos. ¿Lo hacés a propósito?`.
Es el que soporta a las distintas categorías de plomo: el figurón que nunca quiere quedar afuera de la foto; el cholulo que quiere salir abrazado con su ídolo; el que le dice `esperá que lleguen todos para sacar`; el detallista que le dice `sacale a esto, a esto otro, a aquello y no te olvides de lo de más allá`; el pavote que cierra los ojos con el flash y hay que repetir 20 veces la misma foto; el narciso que le pide `a ver cómo salí…`; el que se cruza, etc.
Pero, sobre todo, el reportero gráfico tiene que lidiar diariamente con la tiranía de su cuasi colega: el periodista.
Está el que pide siempre la foto que no fue:
-Che, ¿tenés el gol de ellos?
-No.
-¿Tenés la foto de cuando le sacó tarjeta roja?
-No.
-¿Por casualidad, le habrás sacado al Intendente cuando le guiñó el ojo al secretario?
-No.
-Cuando llegó la ambulancia, ¿la tenés?
-…
Otra variante más odiosa es el que lo manda a un accidente insignificante en el kilómetro 85 de la Ruta 226, bajo la lluvia y apurado. Cuando vuelve y le pregunta cuántas fotos va a necesitar, la respuesta es estremecedora: `No, no, dejá. Al final era una pavada. No ponemos nada`.
También está el que pide la foto de archivo:
-¿Te acordás, hace cosa de cuatro o cinco años que vino un candidato a diputado provincial a dar una charla a Tandil? Bueno, necesito la foto.
-Cómo se llamaba el tipo.
-Eh… no me acuerdo.
-¿En qué año fue?
-Habrá sido en 2005 ó 2006. 2009 como mucho.
-¿Cómo era?
-Si mal no recuerdo, morocho… Dale que tengo que entregar la página.
Después de todo lo expuesto, no nos queda otra que acudir esta noche a la inauguración de la muestra. Casi como una manera de pedir perdón a los compañeros de trabajo. Y de paso, salir en la foto.
La idea, que surgió del fotógrafo Martín González, está buena. Por un lado, porque siempre es bienvenido homenajear al hombre y la mujer que trabajan. Sean reporteros gráficos, oficinistas, plomeros o docentes.
Además, por el objeto mismo de la tarea, la labor del reportero gráfico transita por los senderos del arte, aunque pocas veces se lo reconozca como tal. Que el sitio elegido para la muestra sea el Museo Municipal de Bellas Artes hace también al reconocimiento.
Una buena manera de comenzar este escrito hubiera sido marcar una característica puntual que identifique a los reporteros gráficos. Podría haber dicho que son parcos, de pocas palabras, condición en la que bien se enrola Gustavo Mujica, un tipo que puede pasar toda una jornada de trabajo sin emitir sonido.
Pero está Luis Veloz, que rompe con esa tipología. Además de locuaz, para cada ocasión y circunstancia tiene un chiste (sus preferidos son los de doble sentido) y es imposible, por más ensimismado que uno esté, en algún momento evitar la carcajada.
Rody Becchi también encajaría dentro de esta característica -locuaz, alegre-, salvo que por alguna razón algo le caiga mal y se agarre semejante luna que mejor dejarlo solo hasta que se le pase.
Con ellos tres, Gustavo, Luis, Rody he tenido el gusto de trabajar y me temo que el resto de los muchachos que integran esta muestra (Miguel Iademarco, Tefa Schegtel, Leonardo Lanz y Juan Manuel Montaruli) respondan a éstas y otras características. Que no los hacen únicos, pero sí distintos.
El reportero gráfico de Tandil es todoterreno. Cubre un accidente, un partido de fútbol, un cierre de campaña y un casamiento. A veces, al mismo tiempo.
Es el que soporta los insultos de las hinchadas cuando se pone detrás del arco de su equipo, esperando el gol que quizás nunca se dé. O peor, que se dé en abundancia.
Es el que llega primero al lugar del accidente y muchas veces tiene que bancarse las bravuconadas del que chocó y no quiere salir en el diario.
Una vez que la foto salió publicada, es el que tiene que aguantar los reproches del político estrella que se cree más lindo de lo que es y le recrimina `vos siempre me matás con las fotos. ¿Lo hacés a propósito?`.
Es el que soporta a las distintas categorías de plomo: el figurón que nunca quiere quedar afuera de la foto; el cholulo que quiere salir abrazado con su ídolo; el que le dice `esperá que lleguen todos para sacar`; el detallista que le dice `sacale a esto, a esto otro, a aquello y no te olvides de lo de más allá`; el pavote que cierra los ojos con el flash y hay que repetir 20 veces la misma foto; el narciso que le pide `a ver cómo salí…`; el que se cruza, etc.
Pero, sobre todo, el reportero gráfico tiene que lidiar diariamente con la tiranía de su cuasi colega: el periodista.
Está el que pide siempre la foto que no fue:
-Che, ¿tenés el gol de ellos?
-No.
-¿Tenés la foto de cuando le sacó tarjeta roja?
-No.
-¿Por casualidad, le habrás sacado al Intendente cuando le guiñó el ojo al secretario?
-No.
-Cuando llegó la ambulancia, ¿la tenés?
-…
Otra variante más odiosa es el que lo manda a un accidente insignificante en el kilómetro 85 de la Ruta 226, bajo la lluvia y apurado. Cuando vuelve y le pregunta cuántas fotos va a necesitar, la respuesta es estremecedora: `No, no, dejá. Al final era una pavada. No ponemos nada`.
También está el que pide la foto de archivo:
-¿Te acordás, hace cosa de cuatro o cinco años que vino un candidato a diputado provincial a dar una charla a Tandil? Bueno, necesito la foto.
-Cómo se llamaba el tipo.
-Eh… no me acuerdo.
-¿En qué año fue?
-Habrá sido en 2005 ó 2006. 2009 como mucho.
-¿Cómo era?
-Si mal no recuerdo, morocho… Dale que tengo que entregar la página.
Después de todo lo expuesto, no nos queda otra que acudir esta noche a la inauguración de la muestra. Casi como una manera de pedir perdón a los compañeros de trabajo. Y de paso, salir en la foto.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios