Santamarina no fue el mismo y volvió a perder de visitante
Santamarina sufrió ayer una derrota que suena a señal de alerta. Es verdad que le faltaron tres de sus habituales titulares (Emmanuel Giménez, Darío González y el arquero Daniel Bertoya), pero también que el equipo atraviesa su momento más flojo de la temporada.
Rivadavia de Lincoln le ganó 2-1, resultado justificado por lo expuesto en la primera etapa, aunque al momento de concretarse el gol decisivo el juego parecía encaminarse al empate e incluso la visita amagaba con llevarse algo más.
En líneas generales, el tandilense fue un equipo inconsistente en defensa y demasiado impreciso en el manejo de la pelota.
El primer cuarto de hora fue parejo, y el aurinegro estuvo cerca en una corrida de Barrios Suárez, cuyo pase al medio no fue aprovechado por Elizondo, quien tras enganchar se encontró tapado para definir. Enseguida, Moisés cerró justo una llegada de Besel, en la primera maniobra que mostró desajustes en la última línea visitante.
Pero después, Rivadavia se adueñó de las acciones, juntando a Zúñiga y Sepúlveda sobre el costado izquierdo para gestar las maniobras de mayor riesgo.
Santos despejó en el área chica un cabezazo de Roca, en la acción previa al 1-0. Un envío cruzado de derecha a izquierda fue devuelto al medio por Besel, para que Vázquez se zambullera en el área mandando la pelota a la red con un frentazo.
Santamarina reaccionó rápido e igualó de inmediato. Santos trasladó y buscó a Elizondo, trabado a medias para que el balón le quedara a Cuello, quien pisando el área sacó un tiro bajo que encontró una floja respuesta de Beltramella para que se concretara el 1-1.
La lesión de Elizondo (probable desgarro) precedió a los mejores momentos de Rivadavia, que volcó el juego sobre terreno rival y generó situaciones claras para desnivelar.
Lo tuvo Besel con un cabezazo alto tras centro de Gho, Moisés rechazó un frentazo del mismo atacante con Ijurco vencido y Sepúlveda disparó alto desde dentro del área al verse favorecido por un rebote.
Pero la ocasión más clara fue en 31\’: Zúñiga ganó por izquierda a pura potencia, Ijurco tapó a medias, Besel cabeceó con el arquero fuera de acción y entre Santos y el travesaño salvaron a Santamarina.
Poco antes del final, el aurinegro tuvo un respiro y llegó a pisar dos veces el área rival. En la primera hubo despeje de Le Pors a un centro bajo de Farías (bien asistido por Beratz) y en la restante Vera no capitalizó una pelota bajada de cabeza por Barrios Suárez. En medio de ambas llegadas, Sepúlveda inquietó con un disparo de media distancia que se fue alto.
El arranque del segundo tiempo mostró características similares al primero, aunque el local se complicó solo con la expulsión de Schiavi. El hermano del zaguero de Newell\’s recibió dos amarillas en 5 minutos, por faltas contra Vera y Farías, dejando a su equipo con diez.
En superioridad numérica, Santamarina se dio cuenta de que podía ganarlo, mostrando una ambición que no había tenido en la parte inicial. El equipo se adelantó unos metros y buscó por izquierda con el ingreso de Arévalo por Krüger, quien desperdició varias acciones con pelota parada. Pirez ordenó su defensa ubicando a Draghi en una línea de tres defensores con Gho y Roca, mientras Le Pors y Llanos progresaron por los costados.
Antes de las variantes, Vera estuvo cerca del gol con un tiro libre que tocó Beltramella antes de que la pelota diera en el travesaño. Y después se reclamó penal de Draghi a “Chipi” (no se apreció contacto) y del arquero a Farías (por lo menos hubo imprudencia del “1” al buscar el balón sobre un costado del área).
Botella quiso más y mandó a la cancha a Abalos por un Farías que sintió el desgaste físico, en momentos en que Rivadavia se cargaba de amonestaciones y no encontraba el rumbo.
Pero el local avisó sobre 36\’, con un centro de Parma que Besel cabeceó desviado, y pegó fuerte en el minuto siguiente: el zurdo Sepúlveda encaró dejando desairados a Dragojevich y Beratz, demasiado frágiles en la marca, y ubicó la pelota con derecha contra el vertical izquierdo de Ijurco.
En el tramo final, todas las obligaciones fueron de un Santamarina que no encontró los caminos al arco rival. El aurinegro dejó pasar una buena chance de sumar y ya se enfoca en el próximo objetivo, el vital partido del próximo fin de semana frente a Villa Mitre de Bahía Blanca.
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La figura
Alejandro Sepúlveda
Manejó con clase los ataques de Rivadavia, juntándose con el siempre rendidor Zúñiga. Definió el partido con una maniobra individual, encontrando justo premio a su muy buena labor.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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