Santaolalla: de hippie a estrella de la música
La trayectoria del talentosísimo artista argentino comenzó en los años 60, cuando con apenas 16 años grabó su primer disco simple. Poco después, Santaolalla fundó Arco Iris, un grupo que -en el año 1967- fue pionero en materia de fusionar rock y folclore latinoamericano y que tuvo éxitos como “Blues de Dana” y “Mañana campestre”.
En 1975, el músico disolvió la agrupación y creó Soluna, banda que llegó a editar una única placa. Sin embargo, el artista tuvo que exiliarse en Estados Unidos en 1978, debido al clima de terror que vivían los artistas durante la última dictadura.
En Los Angeles, y en sociedad con Aníbal Kerpel, se nutrió de las corrientes punk y new wave y armó el grupo Wet Picnic. Sin embargo, Santaolalla regresó al país en 1981 para editar su disco homónimo, en el que dejó de lado el sonido de Arco Iris para incorporar ritmos como el reggae, ska y candombe.
Y a pesar de que por culpa de la Guerra de Malvinas no pudo presentar el trabajo con una gira por el país, en esa visita se alió con León Gieco para darle forma a “De Ushuaia a La Quiaca”, un titánico proyecto que recorrió la Argentina para registrar las expresiones del folclore autóctono.
Sin embargo, y a pesar de la buena experiencia, Santaolalla decidió regresar a Estados Unidos en la segunda mitad de los 80. Fue entonces que comenzó a forjar una exitosa faceta como productor de grupos como Maldita Vecindad y Los Prisioneros, siempre secundado por Kerpel.
A principios de los 90 tuvo su verdadero boom como realizador con su trabajo junto al grupo mexicano Café Tacuba, que tuvo notables éxitos en todo el continente con discos como “Café Tacuba”, “Re” y “Revés/Yosoy”.
A este suceso con los Tacuba siguieron discos como productor de Juanes, Divididos, Molotov, Bersuit Vergarabat y Julieta Venegas, entre otros exitosísimos artistas. Además, el productor siguió sacando discos solistas como “Gas” y “Ronroco”.
Pero lejos de quedarse estancado, Santaolalla decidió probar nuevos rumbos a principios de la década y comenzó a componer música para películas como “Amores Perros”, “21 Gramos” y “Diarios de Motocicleta”.
La consagración en ese rubro le llegó al argentino con la partitura del drama “Brokeback Mountain”, de Ang Lee, por el que ganó su primer Oscar a música original. Y, contra todos los pronósticos, el artista volvió a recibir el Oscar en la misma categoría un año más tarde, esta vez por la música del filme “Babel”, de su amigo Alejandro González Iñárritu.
Aunque el suceso en Hollywood no apartó a Santaolalla de sus raíces, sino todo lo contrario. A principios de la década, el músico fundó el grupo de tango electrónico Bajofondo Tango Club. Y en 2003 comenzó a armar el proyecto Café de los Maestros, una iniciativa que reunió a glorias de la música ciudadana como Mariano Mores, Leopoldo Federico y Horacio Salgán y cuya versión cinematográfica llegará esta semana a los cines argentinos. (Reporter)
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