Se concretó el evento Remontar Ilusiones
Dicho evento surgió en el marco de la cátedra de epistemología de los fenómenos lúdicos perteneciente a la carrera del Profesorado y Licenciatura en Educación Inicial de la Facultad de Ciencias Humanas de la Unicén, que convocó a la presidenta del Museo del Juguete, Ilda Canelas, para realizar una entrevista sobre la labor que lleva adelante la institución.
Por otro lado, la profesora Angela Ridao y las alumnas estuvieron interesadas en el relato personal de Ilda sobre los juegos y juguetes de su infancia.
En el transcurso de la charla surgió la posibilidad organizar dos jornadas con el objetivo de realizar una barrileteada. Ilda se mostró interesada y ofreció la colaboración de Arnaldo Ghironi.
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Los encuentros tuvieron lugar en el pabellón III de aulas comunes del Campus Universitario. Las alumnas aprendieron a elaborar barriletes a partir de las indicaciones de Arnaldo, quien colaboró aportando los elementos pertinentes y necesarios para su confección.
El día 17, después de una ardua jornada de creación, se comenzaron a tejer las ilusiones para remontar los diversos diseños.
Al siguiente día, Arnaldo dio referencias sobre las claves fundamentales para que los barriletes pudieran elevarse. La naturaleza y sus fuerzas siempre son los protagonistas, así que según la construcción de cada uno, algunos subieron rápidamente mientras otros demoraron, debiendo rectificar tiros; largo y peso de las colas.
Más allá de todo, el despliegue de los barriletes por el aire trajo dibujos de colores, danzas, emociones, risas, corridas, donde las alumnas y el viento se unieron en el juego.
Finalización
Como cierre, se dialogó y reflexionó sobre lo difícil que resulta crear un elemento de este tipo, que integra tanto al arte, como conocimientos de física y matemática. La belleza y satisfacción que produjo remontarlos logró compensar los desafíos y las dificultades sucedidas.
Sobre los barriletes
Recuperando el origen de estos elementos lúdicos encontramos que existen referencias históricas que corresponden a un arte milenario, que surge con gran entusiasmo, tesón y estudio.
Según Oreste Plath, las cometas nacieron en la antigua China y las inventó el general chino llamado Han-Hsin alrededor del año 1200 A.C. Se las utilizaba como dispositivo de señalización militar y los movimientos y los colores de las cometas constituían mensajes que se comunicaban en la distancia entre destacamentos militares.
En El libro de los juegos Jack Botermans y otros estudiosos afirman que se las utilizaba para medir la distancia entre los ejércitos y la ciudad que se pretendía conquistar. También cuentan que en Corea y Malasia se sostiene la creencia de que sirven para curar enfermedades, ya que el desplazamiento por el firmamento ahuyenta los malos espíritus.
El político e inventor estadounidense Benjamin Franklin, en 1752 utilizó una cometa para probar que la electricidad de los rayos era la misma que la electricidad de la tierra, fue así que se convirtió en el inventor del pararrayos.
Los barriletes se han esparcido por el mundo recibiendo diferentes nombres según el país y la zona en que se usan, por ejemplo, en Colombia, Perú, Uruguay, Ecuador y Panamá es llamado cometa, mientras que en Argentina y Guatemala, se los llama barriletes. En Nicaragua se los llama lechuza; en Cuba y Costa Rica reciben el nombre de mateo; en México le dicen papalote; en Puerto Rico chingo, en El Salvador piscucha y en República Dominicana chichigua.
Lo cierto es que, a pesar de historias, creencias y rituales tan extensos y variados, cada país da sentido a este tipo de creaciones, donde lo primordial es la alegría que las personas despliegan al poder construirlos, verlos remontar y soñar que van a llegar muy alto.
Es un arte milenario que merece la pena rescatar para que las nuevas generaciones puedan seguir dando vuelo a la creación, recuperando así, valores tales como: cooperación, conocimiento, respeto, intercambio, paciencia, creatividad, alegría, ilusión y emoción.
(Agradecimiento especial: Angela Ridao e Ilda Canelas)
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