Se fue Lorenzo
No por esperada, la noticia deja de doler menos. Minado por un cáncer falleció ayer Lorenzo Donato Beneventano. Un amigo de nuestra ciudad a la que nunca dejó de recordar. Siempre amagó con venir a comer un asado con sus antiguos rivales, Luis Ibarra como amateur, como profesional con Chila Alderete en Defensa Tandil, y con Ricardo Camoranesi en el Luna Park, pero cada vez que se estaba por concretar debía salir con alguno de sus boxeadores. ?Qué duro pegaba el Torito?, siempre me decía.
Empezó a ir al gimnasio en Mar del Plata entrenándose con Ubaldo Sacco, luego fue a Buenos Aires y quienes lo más lo alentaron fueron Carlitos Cañete y el árbitro Lorenzo Fortunato.
Fue un eterno semifondista del Luna Park, tal vez quién más veces abonó esa posición, junto a Luis Bustabás, quien para no peder la costumbre combatió en Tandil en la previa de Locche-Acevedo, con Alfredo Cicopiedi. Para desencanto de Beneventano, la única vez que Tito Lectoure lo programó como figura estelar, su rival se enfermó y la ilusión quedó en el olvido.
Pero la más grande satisfacción que tuvo fue cuando hizo el semifondo de Locche-Adigue en el mismísimo Luna Park: ?Aquella noche, escuchar que Caffarelli, García Blanco o Ulises Barrera comentaran mi pelea, ante un estadio lleno? ¡Qué difícil explicar esa sensación! Para mí fue un honor ser semifondista, pero esa noche mi sueño se había cumplido, no tenía que pedirle más a mi carrera de boxeador?. Fue cuando empató con Rodolfo Tisera en 8 rounds.
Cuando se retiró se dedicó a la enseñanza y fue uno de los integrantes del gimnasio de la FAB. Hasta último momento, con su enfermedad a cuestas, a mediados de diciembre del año pasado se fue a Caleta Olivia a atender a su pupilo Omar Weis. Pudo minarse su cuerpo pero jamás fue doblegado su espíritu.
Una de las anécdotas del recordado Lorenzo fue cuando entró a la casa Corti. Para su sorpresa se encontró al vendedor encañonado por un sujeto que lo estaba asaltando. Sin dudar un instante retomó sus antiguas artes boxísticas y el chorro quedó tendido en el suelo al recibir una impecable mano.
Era de la madera los de antes, de los que ya quedan pocos. Merecía vivir muchos años más, lo vamos a extrañar y aunque nunca tocó el cielo con las manos boxísticamente, deja un recuerdo imborrable en todos los que lo conocimos. Dentro de una semana iba a cumplir 62 años.
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