Se fue un grande de la música…
Su acercamiento a la música surgió por su padre, Isaías Orbe, y su dedicación y estudio le valieron integrar como violonchelista y, por medio de concurso, la orquesta del teatro Colón, en la que estuvo hasta 1994, trabajando con músicos de primer nivel.
Fueron sus maestros Ramón Villacara y José Puglisi, ambos solistas de la orquesta de ese teatro.
Este año, antes de partir, en ocasión de una entrevista para el Suplemento Aniversario de Tandil de este Diario, manifestaba con sus palabras sabias, el deseo de que Tandil contara con una orquesta estable, remunerada, y con profesionales de nivel.
Apreciado colaborador de El Eco de Tandil, que por años escribió sobre música e hizo que nuestros lectores pudieran conocer parte de este maravilloso mundo, hoy ya no está entre nosotros y su ausencia se siente, pero su legado perdurará entre los amantes de la buena música.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa comunidad del Conservatorio de Música Isaías Orbe
despide con pesar a don Aníbal
?Venía al Conservatorio con alguna frecuencia, cuando teníamos alguna visita célebre, cuando acompañaba a José (Araujo) o a Federico (Dalmacio), que nos deleitaban con su música. Entraba caminando lentamente, con su bastón, y ocupaba su lugar en la tercera o cuarta fila para escuchar con atención y no perderse nada. Vaya nuestro homenaje para tan ilustre figura?.
La Biblioteca Rivadavia adhiere
al duelo por el maestro Orbe
El maestro Aníbal Alfredo Orbe fue un amigo de esta casa de cultura ?dice la Biblioteca Rivadavia en un comunicado- y un privilegiado colaborador.
Organizó y animó audiciones filmadas en la que expuso con solvencia acotaciones ilustrativas, promovió la donación familiar de un excelente conjunto de partituras que su padre, el profesor don Isaías, utilizaba tanto en su labor artística como docente, y estuvo junto a la familia que conduce y trabaja en la biblioteca con ejemplar solidaridad.
Por esas razones, su comisión directiva, en sesión especial acordó producir este comunicado y saludar a sus familiares para expresarles el cariño y la gratitud que sienten por él.
Hay vidas que nunca mueren ?expresan en su misiva-. Son aquéllas por las que uno debería agradecerle a la vida haber podido compartir un trecho de su trayectoria.
Y agrega: ?Bocha, el querido y respetado maestro don Aníbal Alfredo Orbe, está definitivamente instalado en la memoria de la familia de la Biblioteca. Y será a partir de ahora uno de sus íconos más queridos?.
Aníbal Orbe, homenaje a su memoria
?Elegía? (Por Marcos Pablo Dalmacio)
En un mundo donde a ritmo vertiginoso y avasallador todo tiende a medirse por la cantidad y la velocidad de ?cosas? conseguidas, vanos trofeos de vacuas mentes, permean a veces con claridad meridiana personalidades que, sin profesar por medio de propaganda su filosofía, iluminan con su ejemplo el camino que muchos querrían seguir, ayudando así a combatir la tiranía que las presiones de la sociedad moderna ejercen sobre las vocaciones, los destinos y los sueños con su gris manto de mediocres mandatos.
Una de estas personalidades es Aníbal Orbe, fallecido la última semana en Tandil. Músico completo, violonchelista durante muchos años nada menos que en la orquesta del teatro Colón, orgullo nacional, donde hubo tocado bajo la dirección de los más grandes directores de orquesta de todo el mundo, integrante de un notable cuarteto con piano, el cuarteto Ars, que ejerció durante no pocas temporadas en la ciudad de Buenos Aires, maestro de violonchelo que ha dado notables frutos, creador de un programa de radio para difundir la música clásica, músico incansable que a los ochenta años seguía maravillándose al descubrir más composiciones de maestros de todos los tiempos…
Se lo encontraba habitualmente cerca del mediodía en el café de Rodríguez y Uriburu, donde podía uno sentarse a su mesa e iniciar enseguida una conversación cualquiera, que pronto estaría comentada con ejemplos e ilustrada con ricas anécdotas provenientes del mundo de la música, y no porque no hubiese otros intereses, porque sólo supiese de música, sino por el contrario, porque sabiendo tanto de tantas cosas, se daba cuenta que en el mundo de hoy, más que nunca el arte, sobre todo la música, es el medio capaz de salvarnos de tanta ?barbarie civilizada?.
Era jubilado del teatro Colón, pero no de la música, la cual consistía su mayor pasión eterna; no pocas veces lo hemos visto con lágrimas en los ojos al hablar de alguna obra, lo cual era de por sí una enseñanza, purificando las pueriles ansias de conquistar un auditorio a través del virtuosismo, cuando veíamos que la sola mención de una gran obra musical era capaz que emocionarnos todavía antes de escuchar sus sonidos.
Resulta así el ejemplo perfecto de lo que debe ser el arte, la música para nosotros, un medio para conquistarnos a nosotros mismos, para conocernos durante toda la vida, y no un medio para conquistar el aplauso, o un mero desafío para conquistar las dificultades planteadas por una partitura.
Aníbal profesaba esto simplemente sin decirlo, tan claro se desprendía el mensaje al ver un hombre de ochenta años que todavía se emocionaba al hablar de música (ni qué decir al escucharla, entonces), un hombre que se sentía todavía joven y pletórico de energías, que odiaba la idea de tener que dejar la vida porque se daba cuenta de que ochenta años, aun siendo vividos de forma apasionada no bastan, cuando el espíritu está vivo y la mente lúcida.
¡Quería todavía poder seguir escuchando y conociendo, asombrándose! Pues era eso lo que mantenía su espíritu siempre joven, el placer por el conocimiento, el amor por la música, ¡el deseo de seguir aprendiendo!
Nuestro homenaje entonces al ilustre Maestro, quien no enseñaba apenas música, sino una filosofía de vida.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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