Se inaugura una nueva muestra en el Mumbat
Se trata de una exposición que reúne una serie de objetos intervenidos realizados por artistas destacados del orden local, regional y nacional. Marcelo Jaureguiberry habló con El Eco de Tandil sobre su propuesta.
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El artista Marcelo Jaureguiberry trabajó con aspa de molino y como primera medida lo asoció con imágenes de los abuelos inmigrantes, sembrando molinos en la pampa húmeda para regar y trabajar la tierra y cumplir el sueño de ?hacer la América?, en un contexto histórico de prosperidad. Luego evolucionó en la idea del agua -elemento primordial de aquella prosperidad- y la preocupación a principios del siglo XXI por la futura escasez y los próximos conflictos mundiales originados por ese problema.
De ahí en adelante trabajó la dupla agua aspa y escribió lo siguiente:
Yo
Aspa
Asesina del viento
Ordeño líquidos de la tierra
Aspa
Yo
Licúo el jugo de los ancestros
Yo. aspa. agua.
Santa agua
Amén
Inmediatamente creó una cruz de botellas de agua mineral y mutó la imagen de Cristo por la del aspa. La idea denuncia el futuro de ?santa agua?. Su propuesta tiene mucha influencia de Joseph Beuys, porque su trabajo artístico, en términos generales, está vinculado al arte conceptual, pues la idea de hacer arte implica fundamentalmente desarrollar la conciencia creativa, potenciar la reflexión, el pensamiento y los procesos artísticos, más que su resultado final en forma de bellos y acabados ?objetos de arte?.
En este sentido, Jaureguiberry aclara que ?El crítico de arte Jack Burnham decía por los ?70 que el arte había pasado de una definición material a ser considerado un sistema de pensamiento, que el arte estaba al otro lado del espejo, donde la legitimidad de la forma ya no podía asumirse, y la gramática y el vocabulario artístico quedaban dentro del reino de la representación. Así pues, cualquier cosa vista o no vista, podría estar sometida a cambio. Ya se tratara de una escultura o una pintura, la sintaxis formal del objeto visual, basada en la yuxtaposición de la forma a la línea y el color, resoluble dentro de la estructura interna de la composición, ya no era necesaria. Hacia estos años el arte había entrado en el reino de las ideas y el medio para expresar esas ideas era el lenguaje?.
Jaureguiberry trabajó intencionalmente con las etiquetas, las tapas y las texturas de las botellas de agua, diferentes ritmos y movimientos en la cruz. También optó por dos colores de botellas: una celeste y las otras blancas, que remiten a la bandera argentina y pertenecen a la inercia de sus indagaciones artísticas para el Bicentenario.
Respecto a las expectativas por la exposición de los objetos, Jaureguiberry mencionó que ?no es una obra convencional, entra en el desarrollo de un concepto que denuncia. No es pintura, no es escultura, está hecha con desechos, resignifica una posición artística. Con ella reclama una dimensión profunda, conceptual, política, y para ello emplea objetos insignificantes y vulgares que transforma y transubstancia en el acto voluntario de elección y descontextualización que ejerce como artista?.
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