Según la familia Ulloa, ?en mejores manos no podría haber quedado?
-¿Conocían a Miguel antes de que viniera a trabajar a la fábrica de ustedes?
-A Miguel, no. Sólo teníamos de él muy buenas referencias, conocíamos a su padre porque era cliente de nuestro papá.
Nos gustó de entrada porque era muy dispuesto, teníamos esperanzas en él. De nuestra familia sabíamos que nadie iba a continuar con el taller.
-¿Cómo fue el trato durante el tiempo que estuvo?
Siempre fue todo un caballero. Es una persona muy educada. Tenía sólo 30 años, de entrada tuvimos un trato familiar, lo tomamos como uno más de la familia. Nos visita periódicamente. Lo importante es saber que nos recuerda con mucho cariño y que ese cariño es mutuo.
-Después de tantos años, ¿qué opinión le merece su trayectoria?
-Maravillosa, propia de una persona como él. Una trayectoria basada en la honestidad. Ha hecho crecer su fábrica en una forma extraordinaria.
Para crecer necesitaba espacio, por eso hizo su propio taller. Nos dio mucha pena que se fuera de este lugar -muestran el fondo de la casa, donde funcionaba el centenario taller-, desde nuestra niñez nos despertábamos con el ruido de picapedreros o escuchando el golpe del martillo en el yunque, afilando herramientas o con el ruido de las cortadoras. Había sido una vida escuchando la gracia del trabajo. También comprendemos que su ubicación céntrica no era la apropiada.
-¿Qué sienten que Miguel haya continuado con el taller de su padre?
-Una gran alegría, en mejores manos no podría haber quedado. Hubo otros aspirantes a quedarse con la fábrica, pero pensamos que era la persona más adecuada y no nos equivocamos. Los hechos lo han demostrado. Aparte de hacer crecer su fábrica, tiene la virtud de ganarse amigos. Quien nos sucedió prioriza más lo humano que lo económico.*
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