?Si Discépolo hubiese nacido en Inglaterra habría sido Shakespeare?
Escribe Ana Pérez Porcio
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCon su Stéfano nos emocionó y ahora en la piel de Saverio promete llevarnos al mundo de los hermanos Discépolo y a la Argentina de los años 20.
-¿Por qué eligió actuar en Cero Grupo Teatro?
-Cuando Marcelo (Jaureguiberry) me convocó para actuar en “Ladran Che”, de Carlos Alsina, me dijo que tenía que hacer el personaje de Don Quijote y que en un mes montaríamos la obra en España, me pareció un gran desafío y algo fantasioso, igual acepté para ver qué pasaba. Al mes era un Quijote en Valencia y no lo podía creer. De ahí en más nos elegimos mutuamente para trabajar.
-¿Cuál es su experiencia en el grupo?
-Comenzó a partir de “Ladran Che”, con funciones en España, luego en la Argentina, con distintas menciones y premios. También he trabajado como realizador escenográfico del grupo, como en el caso de “Borges”, obra que se estrenó en el 2004, también bajo la dirección de Jaureguiberry. Como actor trabajé en “Stéfano”, “Caramelos para el viaje”, obra que se realiza en un colectivo y la función transcurre durante un recorrido.
-¿Cómo definiría el trabajo actoral en las obras de grotesco argentino
-Es muy delicado. Se necesita un tipo de interpretación especial porque no es fácil. Uno ya tiene en la cabeza, por la escuela, por la familia, por la sociedad, miles de estereotipos del inmigrante, y es todo un esfuerzo, por parte del actor y del director, no caer en esos estereotipos. Por eso, tanto con Marcelo como con los compañeros, trabajamos mucho en los personajes, porque cada uno tiene varias “capas” para ir descubriendo. Y ante todo en las obras de Discépolo, él sabía muy bien cuáles eran los elementos que formaban a esos personajes, entendía su esencia.
-¿Con quién comparte el elenco?
-Con Gabriela Pérez Cubas, Cristian Majolo, Gastón Dubini, David Beratz, Pilar Jaureguiberry e Iván Navarro Carrouché.
-¿Cómo se siente interpretando a los personajes de Discépolo?
-Me gusta muchísimo. Este tipo de obras son una síntesis de la tragedia y la comedia, pero a lo “argentino”. Además Discépolo escribe con acciones… vas leyendo y la obra te lleva al movimiento. No es solamente la profundidad de los personajes, sino cómo se relacionan entre sí, el vínculo que se genera entre ellos. En un punto encuentro un placer muy grande y me siento muy cómodo con el grotesco.
-¿Qué diferencias y similitudes encontraste entre los personajes de Stéfano y Saverio?
-La más grande es de dónde procede cada personaje culturalmente. Stéfano es un músico que estudió y se formó más allá de sus limitaciones. Saverio, el personaje de El organito, se formó en la calle, tocando el órgano y pidiendo limosna; son realidades distintas, pero no ajenas a ese momento. Por ello, a mi modo de ver, son más los puntos de contacto que las diferencias entre ellos: el hecho de tener el peso de las familias en sus hombros, el llegar a un punto en sus vidas en el que ya no hay salida, el fracaso inmigratorio.
“No todo fue color de rosa”
-¿Cuál es su opinión sobre el resurgir de la importancia de la obra de Discépolo y la actualidad del grotesco argentino?
-Es una revaloración muy justa del género. A mi entender nos representa de una manera única. El grotesco es una de las mejores formas en que se ha plasmado esa Argentina de inicios de siglo y, ante todo, ese mundo tan particular de los inmigrantes. Es una buena manera de comprender que no todo fue “color de rosa” y que hubo muchos que dejaron sus sueños en la valija. Y es Discépolo, uno de los más brillantes en representar esa realidad… como algunos dicen: si Discépolo hubiera nacido en Inglaterra sería Shakespeare.
-¿Qué le diría al público para convocarlo a ver esta obra?
-A todo aquel que vio Stéfano ya sabe de qué se trata, y lo esperamos, para emocionarlo, para reflexionar y para divertirse. Al que no la vio le digo que no puede dejar de verla. En la obra verán a una familia pelear los unos contra los otros por la supervivencia, cómo los padres forman a sus hijos en un código del “vale todo por el vil dinero”, y a unos hijos sin futuro, más que el de robar y algún día morir en un enfrentamiento con la policía, lo que me remite a los jóvenes en situación marginal de este país, con los que estamos en deuda y a los que habría que darles una oportunidad.
“Ladran Che” de Carlos Alsina, fue la primer obra en que Gustavo participó, y de allí la unión entre el actor y el grupo se hizo más fuerte. Con esta obra, el grupo fue ternado a la Mejor Escenografía en el Festival de Teatro Azul del año 2000, organizado por la Comedia de la Provincia de Buenos Aires y la Dirección de Cultura de la ciudad de Azul. Y Gustavo consiguió la terna al Mejor Actor. Al año siguiente, pero en el Festival de Teatro de Bolívar, organizado por el Grupo Artecon y la Municipalidad de esa ciudad, la obra fue nuevamente ternada en Mejor Escenografía y Gustavo volvió a alzarse con la nominación a Mejor Actor.
Desde 2006, Cero Grupo Teatro se encuentra desarrollando el Proyecto “Trilogía Discépolo”, en el que se investiga a través de tres puestas en escena los modelos de representación del teatro argentino en tres aspectos: la actuación, el espacio y la puesta en escena. Así, el primer trabajo de Gustavo fue ponerse en la piel de Stéfano, un inmigrante italiano, músico, que intenta cumplir sus sueños en la Argentina de inicios del siglo XX. Stéfano, es uno de los tantos nombres de aquellos inmigrantes que venían “a hacer la América”. Igual que Saverio a quien Gustavo da vida en esta nueva puesta en escena.
“El organito”, de Armando y Enrique Santos Discépolo fue estrenada en Buenos Aires el 9 de octubre de 1925. Es una obra áspera, amarga en cuyo tramado y acento coinciden los dos Discépolos por única vez. Es, al decir de Luis Ordaz “una corte de milagros”, familiar, estrafalaria y doliente a la vez. Saverio, la cabeza de ese desastre hogareño, ha llegado con el aluvión inmigratorio y, frustrados todos sus anhelos de hacer la América utiliza las malas enseñanzas que ha aprendido en un medio hostil y en su entorno. Se encanalla y crece su resentimiento a la par de su afán desmedido de dinero.
Para agendar
Funciones de “El organito” en la sala La Fábrica. Pinto 387.
Viernes 19, sábado 20 a las 21 y domingo 21 a las 20.
Viernes 26 y sábado 27 a las 21 y domingo 28 a las 20.
Auspicia El Eco Multimedios. Entradas anticipadas con descuento en Yrigoyen 560.
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