?Si ser progre es trabajar por el bien común, ahora soy progre?
El rector de la Universidad cuenta cómo fue que terminó siendo un militante k, dice no sentir culpas por aquella candidatura a intendente fuera del peronismo y asegura no ser responsable del distante vínculo con la comuna
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email-De candidato vecinalista en 2003 a rector k ¿Qué sucedió para dar ese giro?
-Me convencí de que lo que se llama “el modelo” es lo que el país necesita para desarrollarse y lograr la menor desigualdad posible.
-¿Y antes qué pensaba?
-Me había aferrado a los libros de economía, que era lo que estudié y resultó un fracaso total. Viví en carne propia ese aprendizaje porque con el neoliberalismo parece que las cosas salen muy bien -por el altísimo endeudamiento de los países- y te termina liquidando. Así que de algún modo volví a las fuentes.
-¿Cuáles fueron?
-El desarrollismo. Yo entré a la política pegado al justicialismo, porque era secretario de Mauco (Roberto, secretario del intendente Jorge Lester). Incluso fui fiscal del Frejuli en las elecciones de 1973.
-La máxima conservadora reza “Si a los 20 años no eres socialista no tienes corazón. Si a los 40 sigues siendo socialista no tienes cerebro…”.
-(Interrumpe con una risotada) Ojo, el desarrollismo tenía en su base cuestiones del marxismo y yo…
-Espere. De usted nadie va a decir que no tiene cerebro, al contrario: la sospecha es qué tan progre es.
-No sé si soy progre o no, pero si progre es trabajar por el bien común, sí lo soy ahora. No sé si comparto todas las ideas del progresismo más fuerte, sí estoy convencido -y se lo he dicho a amigos muy cercanos de derecha, que tienen la mejor voluntad- que eso no va, eso ya fracasó, esas recetas fracasaron.
-Suena lindo, pero usted se florea con los pibes de La Cámpora que no hablan en términos tan pacíficos.
-Así son los jóvenes. El tema es que quien conduce sea equilibrado y Cristina conduce y logra el equilibrio. Los jóvenes son mucho más duros, todos lo fuimos, los docentes sin ir más lejos: los más jóvenes son mucho más duros en lo que demandan a los alumnos que aquellos que tenemos años. Uno de joven es así. Sucede en la política y en la vida. Y está bien, porque sino seríamos todos conservadores, esa tendencia natural que menciona usted. Yo me resisto a eso.
-¿Por qué no mejora la onda Universidad-comuna? ¿A tanto puede llegar la disidencia política?
-No de parte mía, absolutamente. Lo que pasa es que a veces hay actitudes -creo- que no son de Miguel porque con él tenemos una muy buena relación, pero, bueno, no sé, no sabría decirlo porque de mi lado no es.
-Será que en el fondo cualquier intendente siente envidia: es mucho más cómodo ser rector.
-Bueno, yo quise ser intendente y no me votaron. Competí con Miguel y me ganó, lejísimos…No es que me haya desentendido tampoco del tema…
-Y fue candidato por fuera del peronismo. ¿Siente que colaboró para consagrar a Lunghi?
-No. Además esa candidatura tampoco fue una decisión mía, se decidió en el Centro de Estudios Macaya. De hecho Lester (Francisco) era el primer candidato a concejal.
-De ser necesario: ¿Iría de nuevo por afuera?
-No, no lo haría. Pero sigo con serias dudas de que si yo no hubiera sido candidato mucha gente de la que me votó hubiera votado más por Miguel que por Bracciale…
-Usted como rector no aparece tanto en los medios como lo hacía Auza ¿No firma convenios? Se acuerda que Auza aparecía día por medio en las tapas de los diarios con un convenio nuevo.
-(Risas) O no hacemos tan bien la prensa, no sé, como dice un vicerrector amigo: “No tengo la cintometría”.
-¿Y eso?
-(Risas) Es un chiste: el centimetraje en los medios. Y convenios se firman, sí, por supuesto. Pero se ejecutan. Hay que reconocer que evidentemente con Néstor (Auza) comenzó el cambio de las puertas abiertas de la universidad y nosotros lo hemos continuado.
-¿Le pesa el fantasma de él en la Universidad?
-No. El es muy respetuoso y nos conocemos desde que era estudiante y yo estaba casi recibiéndome. Trabajamos mucho juntos, de hecho había un equipo. Y ahora también, por eso hemos podido hacer tanto.
-Hemos buscado explicaciones políticas, pero: ¿No será que en el fondo a usted le encanta el poder?
-No. Tampoco me disgusta y sé que para hacer cosas hay que lograrlo, pero si no tuviera objetivos, el poder en sí mismo no me interesaría. Cuando me he comprometido con algo tuve idea de lo que quería hacer y de lo que la gente que me rodea quería hacer, o sea, siempre trabajé en equipo, de manera que si lo que me interesa es la política, la universidad, la liga del fútbol o lo que sea, porque puedo hacer algo, estaré ahí.
-¿Cuándo se renueva el rectorado?
-En 2016.
-Estará ahí.
-No lo sé. Hoy le digo que no sé. Estamos haciendo tanto que ni pienso en eso, como dije antes: si hay objetivos, si hay realmente alguna cosa que motive, puedo estar, pero también puedo no estar.
Fuera de sesión
Buenos muchachos, malos muchachos
Hombre al que le gusta jugar en equipo, el contador Roberto Tassara, dijo que el presente de la Universidad del Centro se corresponde con una etapa de “pleno desarrollo y crecimiento”. Por otra parte, en varios pasajes aseguró estar orgulloso de haber afianzado la famosa “universidad abierta” que postulaba Néstor Auza, la vieja idea de “dejar la isla académica” y ganar vínculos y espacios junto a la comunidad.
Como ejemplos de esas concreciones mencionó, entre otras cosas, los comedores universitarios en las tres sedes, la biblioteca, la carrera académica para los docentes y el acrecentamiento del vínculo social a través de la Universidad Barrial, que, según el rector, cada vez tiene más “alumnos”.
Esa suerte de “universidad soñada”, si se la midiera en términos lunghistas, tiene, a juzgar por la gratitud del entrevistado, algunos nombres propios que han dado una colaboración clave: son los ‘buenos muchachos’ de la película de Tassara en la que surge a priori el ingeniero Omar Losardo “un gran compañero de fórmula con quien nos complementamos bárbaro y con quien logramos equilibrios muy importantes dentro de la Universidad”.
Llamativos compañeros de ruta actuales de un Tassara que durante buena parte de su vida fue ubicado a la derecha, Rogelio Iparraguirre y Andrés Harispe, de La Cámpora, son otras de las figuras que se llevaron los elogios. “Me siento cómodo con ellos. Pero además fueron los que abrieron la puerta cuando me hice cargo”.
-¿Cómo fue eso?
-Apenas asumí tuve que recorrer el espinel porteño con necesidades muy apremiantes -había un déficit de siete millones- y ellos hicieron las gestiones para que pudiéramos entrar en el Programa de Infraestructura Universitario. Así tuvimos la posibilidad de tener la biblioteca, empezar las residencias y hacer la Facultad de Derecho.
Si alguien hubiese quedado congelado a principios de la década pasada se sorprendería de escuchar a Tassara despotricar -recurrentemente- contra el “neoliberalismo”, “los grupos concentrados de la Argentina” y “los medios manejados por esos grupos”.
El pelotón de los malos muchachos se completa con los posibles candidatos opositores con chances de ganar la presidencial de 2015. Por eso, insistió, sea con Scioli o con quien resulte el ganador de las PASO desde el Frente para la Victoria, “siempre será mejor que cualquiera de ellos”.
-¿Tan convencido está de que va a ser así?
-No queda ninguna duda de lo que van a hacer Massa o Macri: lo que ya le dijeron que tienen que hacer los grupos concentrados y los medios que responden a ellos. Y eso siempre va a ser peor para el país.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios