Siete días de más
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa semana se despidió con siete días eclipsados por la congoja, el dolor y la preocupación tras el luctuoso despertar de hace siete días, cuando los tandilenses se desayunaban de una muerte joven y otros heridos que aún hoy pelean por torcer el destino de su compañera.
La preocupación redunda no sólo en la suerte de esos jóvenes, sino que también esos pibes pudieron ser los nuestros y ahí, en cada mesa familiar comienza a hablarse, debatirse, opinar sobre responsabilidades, omisiones, complicidades o simplemente destino.
Frente a semejante conmoción, poco margen quedó para la agenda política, más allá de sus esfuerzos por instalar y recurrir a acciones, recetas ya concebidas y que evidentemente acompañarán de aquí a los días de campaña.
El lunghismo recorriendo “su” futuro barrio, inaugurando espacio verde que se recupere y apurando obras de infraestructura para poder mostrar más de lo que hasta aquí acompañó las campañas anteriores.
El kirchnerismo, lo que aquí podría sintetizarse en el bossismo (el sciolismo parece recluirse hasta nuevo aviso), con el mensaje esperanzador y optimista que baja desde la Rosada, rehusando responder por temas que incomodan. Sin ánimo de cuestionar abiertamente al adversario, en este caso el pediatra, porque así se lo recomiendan los asesores (más se le pega a Lunghi, más gana en adhesiones).
En ese escenario, las buenas nuevas se canalizan por el propio Bossio y sus delfines, que aparecerán para aludir a los avances del ambicioso Procrear y el paso fundante de achicar la brecha con el Conectar Igualdad.
Resta saber dónde y cómo se acomodarán los justicialistas díscolos del proyecto nacional encarnado por Cristina. Quienes se muestran entusiastas con la referencia de Sergio Massa, con la expectativa de ser los terceros en discordia en una discusión electoral que pareciera que no mutará demasiado de otroras elecciones, a no ser que una tragedia mayor devenida de la inseguridad lo vuelva a ubicar al Municipio contra las cuerdas.
Para prevenir el amenazante escenario, al lunghismo se ve cada vez más presionado por propios y extraños a la hora de tomarse en serio su función de contralor.
Hasta aquí, meras reacciones espontáneas frente a la demanda social. A cada accidente, hecho delictivo, procedimiento e inspecciones, pululan las gacetillas informativas dando cuenta de un accionar que, a la luz de los acontecimientos y de sólo caminar denota una ausencia. El Estado ha perdido la calle y con una sociedad cada vez más violenta la situación se torna compleja, y hasta aquí inmanejable para quienes deben velar por la seguridad. Lunghi, en la apertura de sesiones última, por primera vez asumió el asunto como prioritario. Es hora de que el discurso baje a las acciones.
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