¿Soltó amarras Daniel Scioli?
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El hombre que optó por el silencio tras enterarse más de una vez de lo que alguien pensaba de él, sin escucharlo de su boca, sino leyéndolo, atónito.
El motonauta que fue campeón, que perdió un brazo y sacó fuerzas de donde no imaginaba sin vanagloriarse por ello.
El mismo que un día salvó su vida de un incendio arrojándose temerario al piso inferior, sin red y sin declaraciones posteriores.
El padre que se enteró que tenía una hija cuando ésta ya era adolescente y lo aceptó sin chistar.
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De él se trata. A todos “esos” antes mencionados se refiere esta nota.
Del Gobernador que no puede ser reelegido y que por lógica aspira a la Presidencia.
El, que es el hombre fuerte de la provincia más fuerte del país, depende del pulgar apuntando hacia arriba o hacia abajo del Gobierno nacional.
Por ser del mismo palo, y al menos por ahora, difícilmente ese dedo apunte a los pies; a lo sumo podrá alguna vez quedar paralelo a la tierra. Porque tanto en Nación como en Provincia saben que está en juego el presente y el futuro de media población argentina.
Daniel Scioli, el hombre que es varios hombres en uno, habida cuenta de lo narrado, pese a la sumisión expuesta en más de una ocasión y a la palabra esperada pero nunca expresada, hace tiempo que viene pidiendo pista.
Sus grandes carteles naranjas, esos que se repetían hasta el año pasado destacando logros y prometiendo más, al parecer ya no podrán ser tantos ni tan repartidos. En este caso ya no se trata del coronel que no tiene quien le escriba, parafraseando a García Márquez, sino del hombre que sí tiene quien lo controle -o al menos lo intente- , y su vice Gabriel Mariotto no es precisamente quien más ganas tiene de promoverlo al puesto de lord mayor de la patria, lo cual -claro- tampoco es novedad.
Sin embargo, dos hechos han encendido aunque más no sea una señal de alerta. Los dos, el mismo día de la última semana.
A la mañana, se vino a Tandil por un problema de salud menor. Y lo llamó a Lunghi, ninguneando a Auza y a otros “compañeros”, que por vez primera ni se enteraron de su visita. El Intendente es poco menos que mala palabra para quienes desde Buenos Aires pretenden ordenar el panorama político tandilense.
Esa misma tarde jugó al fútbol con Macri, innegable archienemigo público número uno del Gobierno (o dos, porque el uno parece ser el “monopolio”).
Pensamiento lógico: si ese cotejo se disputaba en Mar del Plata… ¿no era más práctico hacerse atender en un nosocomio de La Feliz, en lugar de venir a Tandil?
¿No habrá querido empezar a jugar de una buena vez SU propio partido?
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“Hasta aquí, lo escrito el sábado, que no publicamos el domingo por falta de espacio.
Ayer Scioli le dijo a Clarín: “Me rompe las pel… dar explicaciones; soy leal pero no obsecuente”.
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Y sí. Es posible nomás que se haya dado cuenta de que la sumisión y el silencio le sirvieron para una época que ya fue.
Tal vez, como gran tiempista, haya decidido de una vez por todas empezar a subir el primer peldaño de una escalera que en cuatro años puede llevarlo al máximo poder.
Sólo era cuestión de intentar el primer paso.
Por las dudas, se animó a dar dos en un solo día.
Tres, en realidad, porque le aceptó un reportaje a Clarín, algo que pocos kirchneristas hacen. O ninguno.
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Sabido es que el hombre de mar, precavido como pocos, sólo se anima a soltar amarras cuando considera que las condiciones le son favorables. O cuando no tiene otra opción que decidirse, y arriesgar.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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