Sorprendió a los ladrones, le dispararon, los persiguió y atraparon a uno de ellos
Cerca de las 23.10, Nancy Zabala avisó al servicio 101 que la puerta de su vivienda ubicada en Haití 1299 se encontraba abierta. Al llegar al lugar, su marido Mariano Allende se cruzó con dos personas que salían del domicilio, las persiguió, y una de ellas extrajo un arma de fuego y le disparó.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLejos de amedrentarse, Allende persiguió a los sospechosos –que se movilizaban en un Volkswagen Gol patente HEF 400, color azul- desde Haití y Piedrabuena hasta Paz y Constitución. Entonces, la policía llegó en su auxilio y detuvo a uno de los ladrones, mientras que el otro logró fugarse.
La aprehensión de Gustavo Carlos Mollecker (38 años), alias “Nene”, se produjo en Paz y Constitución. La policía informó que cuenta con extensos antecedentes penales.
En ese lugar, se requisó el vehículo y se secuestró un revólver calibre 32 con la bala servida y distintos elementos que habían sustraído de la vivienda. Además, Mollecker llevaba puesta una campera de cuero del damnificado.
Se instruye una carátula por “Robo doblemente agravado por el uso de arma y efracción, abuso de arma y resistencia a la autoridad”.
De película
En diálogo con El Eco de Tandil, Mariano Allende, protagonista de una escena digna de una película de acción, relató que salió con su esposa a un cumpleaños y su hijo de 15 años fue a la casa de un amigo, aprovechando que no tenía clases.
Cuando regresaban del agasajo, le avisaron al adolescente que en 15 minutos se encontraban todos en la vivienda. Sin embargo, mientras llevaban a su hija mayor que vive en El Calvario, su hijo los llamó para avisarles que había arribado al domicilio de Haití y Piedrabuena y que la puerta del frente se encontraba abierta.
“Ahí llamamos al 101, con la mala suerte que llego yo primero. Digo mala suerte porque yo tendría que haber esperado, no tendría que haber hecho la estupidez que hice. Hoy lo digo, pero si me pasa de nuevo, seguramente hago la misma”, contó en un tono tranquilo.
En ese momento, Allende pensó que los ladrones ya se habían marchado. Entonces, detuvo el auto y su hijo le indicó que la puerta estaba cerrada, cuando minutos antes la había visto abierta.
Bajó del auto, que quedó en marcha, y “cuando pongo un pie en la vereda, salen dos tipos. Se me cayó el alma y creo que les grité. El más joven corre primero a gran velocidad y el otro, con un reproductor de DVD debajo del brazo y no lo soltaba. Cuando llegamos a la vereda de la otra cuadra, se me iba; hice un paso largo y le alcancé a pegar una patada en el pie, le saqué un zapato y lo tiré al piso”, describió.
En ese instante de gran adrenalina, el ladrón “en una fracción de segundos, se levantó, se llevó la mano a la cintura y disparó. Me tiró a mí. Yo estaba atrás. Me pudo haber tirado a mí, al piso para asustarme o estaba tan asustado como yo, no lo sé”.
Mariano Allende sintió el ruido del disparo y el olor de la pólvora. De todos modos, siguió corriendo al hombre que ya se había incorporado y avanzaba hacia la Ruta 226 sin soltar el DVD.
“El iba corriendo medio de costado y apuntándome, y yo como un tarado, corriendo atrás de él”, explicó y agregó que lo amenazaba con frases como “no me sigas que te voy a quemar” o “cortala que te voy a pegar un cuetazo”.
La persecución
Allende corrió unos metros y decidió volver a buscar su auto que aún estaba en marcha. Cuando arrancó, observó un Volkswagen Gol oscuro en el que se cerró una puerta y salió en dirección a avenida Espora “a dos mil”.
La víctima del robo inició una persecución por distintas calles de la ciudad, circulando por Newton, Espora, Primera Junta, Malvinas, entraron al barrio Falucho II, tomaron Salustiano Rivas, Roser, Martí, Avellaneda y Paz.
En ese extenso trayecto, avanzaron a distintas velocidades, alcanzando los 120 ó 130 kilómetros por hora; y pasaron algunos semáforos en rojo. Nunca cruzaron un patrullero, hasta que la policía llamó a Allende a su celular y logró alcanzarlos en Avellaneda y Paz.
“Yo iba hablando por teléfono con mi señora y mi hija, y ya había llegado un móvil y querían ubicarme, pero yo sinceramente no podía leer el nombre de las calles. No quería que se me perdiera el auto”, explicó.
En Avellaneda y Martí, los sospechosos disminuyeron la marcha y Allende, que ya estaba en comunicación con la policía, le avisó: “Voy a pasar el semáforo en rojo”. A toda marcha, pasaron la esquina de Avellaneda y Santamarina, pero al llegar a Paz venía el patrullero que se sumó a la persecución.
“Doblaron en Constitución y pararon. Se bajaron y salió uno para cada lado. Uno de ellos tenía campera de cuero, una que no la conocí porque no la había usado nunca. La estrenó él”, contó.
Cuando iba llegando a Paz, observó que venía un joven morocho y de pelo corto que empezó a correr por el medio de la calle. “Ahí le apunté con el auto, me dije ‘lo piso’. Aceleré. No me pregunten por dónde me esquivó, pero era un gato. No sé si me pasó por arriba, por el costado o por abajo. Desapareció”, dijo todavía sorprendido.
El operativo
Cuando Allende arribó a la esquina de Paz y Constitución, la policía le apuntaba a Gustavo Carlos Mollecker -que no respondía a la voz de alto- e iba caminando con un solo zapato. Les aviso que estaba armado; entonces, los efectivos cargan las armas y el sospechoso se entregó.
Tras la aprehensión y ante la presencia de instructores de la Fiscalía, se realizó la requisa a Mollecker y al vehículo, que habían dejado cerrado y con las llaves puestas. Allí secuestraron el arma con la bala servida y dos netbooks, un monitor, reproductor de audio, varios cuchillos antiguos de colección, un GPS, entre otras cosas.
En la casa
La familia que sufrió el hecho encontró toda la casa revuelta, pero además de lo robado, la dejaron sin tranquilidad, con miedo, sin la seguridad que uno encuentra siempre que vuelve a su hogar.
Entre toda esa batahola, descubrieron que los ladrones habían elegido distintas prendas de vestir y otros elementos que quedaron preparados en bolsos pero que no alcanzaron a cargar en el Gol.
“Anoche casi la saco bien cara”
Mariano Allende, dedicado a la industria metalúrgica, estimó que el robo fue al azar. A pesar de su vida simple y de perfil bajo, lamentó que “me tocó”.
Muchos tejen hipótesis sobre el modo en que reaccionarían si encuentran a los ladrones en el momento en que llegan a su casa. Ayer, a menos de 24 horas del hecho, el protagonista de esta historia afirmó: “Hoy fríamente, pienso que lo que tendría que haber hecho ayer cuando vi que se abría la puerta y salían es hacer un paso para atrás y dejarlos que se vayan. Después, los podía seguir. Hoy lo puedo decir. Ayer no los dejaba ir ni con la orden de un juez”, sostuvo.
Y describió que se encontraba en un estado de alteración tal que su sentimiento era de rabia y bronca. “Soy calentón, de tener reacciones, soy bastante temperamental”, se definió, aunque la situación lo desbordó.
“Anoche casi la saco bien cara”, reflexionó y confió que su idea previa era no reaccionar ante la posibilidad de un asalto o de un robo. “Todos esperamos que algún día nos toque”, lamentó.
Por otro lado, agradeció la contención a su familia que le brindó el titular de la Seccional Tercera Oscar Urruchúa, que custodió la vivienda hasta que pudo regresar tras concretar la declaración en la Primera.
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