Sulpis: ?Sé que soy útil, pero no me siento cómodo?
Compañeros, rivales y observadores imparciales coinciden en la importancia que tiene Agustín Sulpis en el buen funcionamiento de Los Cardos. Su calidad apuntaló la remontada del equipo verde tras aquel comienzo desfavorable en el Clasificatorio. El apertura nacido en Cañuelas reapareció, y el equipo no dejó de progresar hasta alcanzar las semifinales. Y en el clásico también se notó su presencia. Estuvo ausente en aquella derrota 10-8, pero fue decisivo el último sábado, con sus kicks estratégicos y gran efectividad en los envíos a los palos.
“Fue mi tercer clásico. Jugué dos en 2006, uno en cada cancha, y el del sábado. No sé porqué, pero pasa algo especial, y yo que soy de afuera me sorprendo con eso. Veníamos jugando bien, muy tranquilos, pero contra Los 50 no nos salen las cosas igual. Todos nos damos cuenta. Y más allá de que es un partido distinto, creo que también influye la forma de juego de ellos. Es un equipo que trabaja muy bien los rucks, que hace que la pelota salga sucia para el rival, y yo, como apertura, casi no tuve pelotas claras para jugar. Tienen un pack muy fuerte, y por eso el objetivo era sacarles la pelota para que no nos dominaran”, explica Sulpis, que llegó a Tandil por primera vez en 2006, después de actuar en Regatas de Bella Vista y en el rugby italiano, de la mano de su esposa, Martina Arcostanzo, aquella ex integrante del seleccionado argentino junior de hockey, que surgió de Independiente y luego actuó en Ciudad de Buenos Aires.
-Los Cardos parecía llegar mejor a este partido.
– Puede ser, pero el nivel entre los dos equipos se emparejó, más allá de que por los resultados que sacamos en los últimos tiempos pareciera que estamos un escalón arriba. Los 50 tiene muy buenos jugadores, y cuando empiece a agrandar la base del plantel, va a mejorar mucho más.
– No jugaste el anterior clásico. ¿Pensás que fuiste importante en éste?
-El primer clásico lo vi de afuera. Todavía no me había metido de lleno en los entrenamientos porque mi mujer quedó embarazada por tercera vez y largué por un tiempo para retomar en la mitad del Clasificatorio. Creo que le puedo aportar al equipo mi experiencia, y la patada, aunque la verdad, no la practico hace ocho meses. Trato de inculcarles más disciplina, más tranquilidad. En este clásico jugamos con más paciencia, no nos metimos en los roces, y esperamos nuestro momento. Y además tratamos de olvidarnos del árbitro, porque muchas veces de tanto pedirle te lo terminás poniendo en contra. Después del partido lo hablaba con Esteban Magnasco, y coincidíamos en que Los 50 había perdido un poco el control por eso.
-¿Qué cambios notás en Los Cardos desde que te fuiste hace cinco años?
Me fui a Italia a mediados de 2006, el año en el que terminamos saliendo campeones. Jugué la etapa clasificatoria y mi último partido fue justo contra Los 50, en Los Laureles. En cuanto al juego, me parece que hace cinco años había un equipazo, con Sebastián Gastaldi, Edu Christensen y varios más, y ahora, si bien hay un muy buen nivel, tal vez falta más gente de experiencia, sobre todo después de que Juanchi Usandizaga dejó de jugar. Al club lo veo igual, pero está claro que cambió el movimiento de gente, tanto en el plantel superior como en infantiles y juveniles. Aunque mi opinión no es la más indicada porque la verdad estoy muy poco en el club.
-¿Por qué?
-No tengo el tiempo que me gustaría para empaparme más en el rugby. Por mi laburo, llego siempre a los entrenamientos después de las 9, y tampoco puedo compartir las actividades extra que hacen los chicos. Con dos hijos y uno en espera se me complica quedarme, por ejemplo, a los asados de los jueves. Es muy intermitente lo mío, y no me puedo interiorizar del todo. Recién en los últimos tiempos estoy ayudando con los juveniles. Pero está claro que Los Cardos, y el rugby en general de Tandil ganó protagonismo. Ya peleamos de igual a igual con los mejores equipos de Mar del Plata. La última semifinal con Sporting, la perdimos nosotros, y estamos casi siempre en las definiciones de los torneos. El año pasado, en el Torneo del Interior, le ganamos a Cardenales, que después perdió la final, y estuvimos parejos con los mejores equipos del país. Eso te indica que tenemos un buen nivel, con buena calidad de jugadores.
-¿El tiempo de buscar otros destinos ya pasó?
-Sí, claro. Ya tomamos la decisión con Martina de quedarnos en la ciudad. Ya no estamos para seguir dando vueltas, sobre todo por los chicos. Y en cuanto al rugby, la verdad se me hace cada vez más difícil. Físicamente y de la cabeza estoy bien, pero ya no puedo dejar a la familia sola. Me cuesta descansar y dormir bien. Contra Sporting me doblé la rodilla y creo que fue por estar mal entrenado. El sábado, después del clásico, no me pude quedar al tercer tiempo porque tenía que venir a abrir el negocio. Aunque no quieras, cada vez encontrás más trabas. Lo hablamos con Martina, le pedí que me banque este año para retirarme bien. Pero por ahí paro un tiempo, me organizo un poco, y vuelvo, aunque sea para jugar en Intermedia.
-¿No te sentís cómodo con esta situación?
-Me parece que a este nivel tenés que estar muy bien físicamente. Yo soy muy exigente, pero el sábado me di cuenta de que juego parado. Cuando yo era chico miraba a los viejos aperturas y me reía porque no podía creer que jugaran casi sin moverse. Y ahora me doy cuenta de que yo hago eso. Y ya no me gusta. Es cierto que todavía tengo el potencial, sobre todo con la patada, y que le soy útil al equipo, pero no me siento cómodo. Y entrenarme como quiero es imposible porque no me dan los tiempos afuera. Yo colaboro mucho con la crianza de los chicos, y eso te lleva mucho tiempo. Los chicos del plantel por ahí no me entienden y me cargan. Pero, ¿cómo hago para irme tres días a jugar al rugby dejando a Martina con los tres chicos y el negocio?
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