Tandil escribió su propia historia en el polvo parisino
Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
fernandoizquierdo@hotmail.com
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Se consume otra edición de Roland Garros, el “mundial de polvo de ladrillo”, y Tandil, con dos exponentes de lujo, volvió a dejar su huella en el ápice del tenis mundial.
Juan Martín Del Potro y Juan Mónaco son las dos raquetas argentinas mejor rankeadas y, siendo consecuentes con ello, fueron los “criollos” que más lejos llegaron en París.
Entre ambos diseñaron un hito para una ciudad que en el mundo ya se ve como una prestigiosa cuna de talentos. Por primera vez, dos tandilenses aparecieron en los octavos de final de un torneo de Grand Slam.
Del Potro dio un paso más y se coló entre los ocho mejores, con una notable victoria ante un rival de fuste como el checo Tomas Berdych, 7mo. del mundo, y seguramente integrante del equipo de Copa Davis de su país que en septiembre visitará el Parque Roca.
Tras esa victoria, el dirigido por Franco Davín estuvo muy cerca de dar el batacazo ante Roger Federer, pero se quedó a las puertas de su segunda semifinal en París luego de haber ganado los dos primeros sets.
Jugó por momentos un tenis excelso, con la injerencia de uno de los saques más poderosos del circuito y su ya conocido poder de fuego tanto en la derecha como en el revés.
Una vez más, demostró tener el potencial para plantarse de igual a igual ante las figuras más encumbradas aún en las citas de mayor relevancia. Volvió a mostrar un tenis a la altura de las circunstancias, pero nuevamente el físico le jugó una mala pasada. La rodilla izquierda le deparó molestias por doquier, privándolo de estar en plenitud. Su enorme jerarquía, le permitió sobreponerse a ello y salir adelante sin sobresaltos ante Montañes, Roger Vasselin y Cilic, antes de lograr el mencionado triunfo ante Berdych.
Del Potro mostró dentro de la cancha un inocultable fastidio por los dolores en esa traicionera rodilla, pero fuera del court relativizó el tema y hasta esbozó cierto fastidio cuando se lo consultaba sobre el tema, saliendo del paso con declaraciones al estilo de “si pierdo, será por mérito de mi rival”. Lejos de poner la lesión como excusa, y hasta reacio a referirse a ella, el tandilense eligió esgrimir argumentos meramente tenísticos para justificar su pronunciado bajón en los tres sets últimos sets de cuartos de final ante Federer.
Más allá de la bronca por haber dejado escapar una ventaja muy provechosa, Del Potro deja París a sabiendas de que está de regreso, siendo otra vez parte de la “crema” del tenis mundial.
Por otro lado, Mónaco también cumplió con creces las expectativas con las que desembarcó en Francia. Llegó con más incertidumbres que certezas, sobre todo por no saber cómo respondería su maltrecho tobillo, dañado en Montecarlo. Con un andar firme, a “Pico” no le pesó el favoritismo en las ruedas iniciales, en las cuales hilvanó victorias inobjetables sobre el local Guillaume Rufin y el polaco Lukas Rosol. En tercera, llegó su triunfo más relevante del torneo, quitando de su camino en un partido maratónico al canadiense Milos Raonic, una de las figuras más promisorias del circuito, pero a la vez dueño de un presente más que respetable. Así, Mónaco cumplió la meta de seguir en carrera al cabo de la segunda semana e igualar su mejor producción en torneos de esta jerarquía. Para octavos, el cuadro le jugó una mala pasada poniendo frente a sí a Rafa Nadal, un verdadero monstruo en polvo de ladrillo, acaso el mejor de la historia en esta superficie, que muy probablemente el domingo levante su séptimo trofeo en “Rolanga”.
Una categórica derrota figuraba en los papeles, en parte teniendo en cuenta la paliza que el español le había dado en la final de la Davis del año pasado. Y fue un déjà vu, o todavía peor. “Pico” no encontró cómo, cuándo ni por dónde y apenas le pudo robar dos games al manacorí, sufriendo una de las caídas más amplias de su carrera en cuanto a guarismos.
Naturalmente, a Mónaco el árbol lejos estuvo de taparle el bosque. Razonó acerca de la superioridad de su amigo y valoró el muy buen Roland Garros que redondeó.
Su producción allí robustece su sueño de llegar al top ten por primera vez en su carrera y reafirma todo lo bueno realizado en el primer tramo de la temporada, en el que consiguió dos títulos y cumplió una brillante tarea en el Masters 1000 de Miami.
Ya con Marcaccio como coach, “Pico” ha ganado en solidez y agresividad, ha potenciado sus aspiraciones en superficies ajenas al polvo de ladrillo en el que se formó, ya no titubea ante rivales inferiores en los papeles, algo que le ocurría muy a menudo y sus posibilidades ante quienes lo preceden en “chapa” parecen haberse incrementado.
Juan Martín Del Potro y Juan Mónaco son las dos raquetas argentinas mejor rankeadas y, siendo consecuentes con ello, fueron los “criollos” que más lejos llegaron en París.
Entre ambos diseñaron un hito para una ciudad que en el mundo ya se ve como una prestigiosa cuna de talentos. Por primera vez, dos tandilenses aparecieron en los octavos de final de un torneo de Grand Slam.
Del Potro dio un paso más y se coló entre los ocho mejores, con una notable victoria ante un rival de fuste como el checo Tomas Berdych, 7mo. del mundo, y seguramente integrante del equipo de Copa Davis de su país que en septiembre visitará el Parque Roca.
Tras esa victoria, el dirigido por Franco Davín estuvo muy cerca de dar el batacazo ante Roger Federer, pero se quedó a las puertas de su segunda semifinal en París luego de haber ganado los dos primeros sets.
Jugó por momentos un tenis excelso, con la injerencia de uno de los saques más poderosos del circuito y su ya conocido poder de fuego tanto en la derecha como en el revés.
Una vez más, demostró tener el potencial para plantarse de igual a igual ante las figuras más encumbradas aún en las citas de mayor relevancia. Volvió a mostrar un tenis a la altura de las circunstancias, pero nuevamente el físico le jugó una mala pasada. La rodilla izquierda le deparó molestias por doquier, privándolo de estar en plenitud. Su enorme jerarquía, le permitió sobreponerse a ello y salir adelante sin sobresaltos ante Montañes, Roger Vasselin y Cilic, antes de lograr el mencionado triunfo ante Berdych.
Del Potro mostró dentro de la cancha un inocultable fastidio por los dolores en esa traicionera rodilla, pero fuera del court relativizó el tema y hasta esbozó cierto fastidio cuando se lo consultaba sobre el tema, saliendo del paso con declaraciones al estilo de “si pierdo, será por mérito de mi rival”. Lejos de poner la lesión como excusa, y hasta reacio a referirse a ella, el tandilense eligió esgrimir argumentos meramente tenísticos para justificar su pronunciado bajón en los tres sets últimos sets de cuartos de final ante Federer.
Más allá de la bronca por haber dejado escapar una ventaja muy provechosa, Del Potro deja París a sabiendas de que está de regreso, siendo otra vez parte de la “crema” del tenis mundial.
Por otro lado, Mónaco también cumplió con creces las expectativas con las que desembarcó en Francia. Llegó con más incertidumbres que certezas, sobre todo por no saber cómo respondería su maltrecho tobillo, dañado en Montecarlo. Con un andar firme, a “Pico” no le pesó el favoritismo en las ruedas iniciales, en las cuales hilvanó victorias inobjetables sobre el local Guillaume Rufin y el polaco Lukas Rosol. En tercera, llegó su triunfo más relevante del torneo, quitando de su camino en un partido maratónico al canadiense Milos Raonic, una de las figuras más promisorias del circuito, pero a la vez dueño de un presente más que respetable. Así, Mónaco cumplió la meta de seguir en carrera al cabo de la segunda semana e igualar su mejor producción en torneos de esta jerarquía. Para octavos, el cuadro le jugó una mala pasada poniendo frente a sí a Rafa Nadal, un verdadero monstruo en polvo de ladrillo, acaso el mejor de la historia en esta superficie, que muy probablemente el domingo levante su séptimo trofeo en “Rolanga”.
Una categórica derrota figuraba en los papeles, en parte teniendo en cuenta la paliza que el español le había dado en la final de la Davis del año pasado. Y fue un déjà vu, o todavía peor. “Pico” no encontró cómo, cuándo ni por dónde y apenas le pudo robar dos games al manacorí, sufriendo una de las caídas más amplias de su carrera en cuanto a guarismos.
Naturalmente, a Mónaco el árbol lejos estuvo de taparle el bosque. Razonó acerca de la superioridad de su amigo y valoró el muy buen Roland Garros que redondeó.
Su producción allí robustece su sueño de llegar al top ten por primera vez en su carrera y reafirma todo lo bueno realizado en el primer tramo de la temporada, en el que consiguió dos títulos y cumplió una brillante tarea en el Masters 1000 de Miami.
Ya con Marcaccio como coach, “Pico” ha ganado en solidez y agresividad, ha potenciado sus aspiraciones en superficies ajenas al polvo de ladrillo en el que se formó, ya no titubea ante rivales inferiores en los papeles, algo que le ocurría muy a menudo y sus posibilidades ante quienes lo preceden en “chapa” parecen haberse incrementado.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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